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Uruguay, Argentina y Chile tienen los mejores registros de lucha contra la pobreza y la indigencia que los “distancia del resto” de América Latina, opina la experta en políticas sociales Clarisa Hardy. Sin embargo, ahora tienen el reto de trabajar para que todos los sectores sociales reciban servicios de “calidad” y evitar “frustraciones” en la población, como ocurrió recientemente en Brasil.
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Hardy, que ayer miércoles 28 dio una conferencia en Montevideo sobre las “Nuevas estrategias y retos en políticas sociales. El caso chileno y uruguayo”, explicó que “los países tienen una tarea urgente y permanente que es eliminar o abatir al mínimo las condiciones de pobreza”.
“Y a medida que las sociedades progresan, ser pobre pasa a tener otros estándares distintos”, pero “siempre habrá necesidades insatisfechas”, dijo la ex ministra a Búsqueda.
Para Hardy —una psicóloga con un diploma en Antropología por la Universidad de Oxford (Inglaterra), consultora en políticas sociales y ministra de Planificación durante la administración de Michelle Bachelet— los gobiernos de los países de la región tienen como “reto” enfrentar la “desigualdad” y la “vulnerabilidad de los sectores medios”. Por eso, Hardy pone énfasis en la necesidad de buscar dar servicios de “calidad” a toda la población y evitar malestares como los que se produjeron en Brasil hace dos meses, cuando miles de personas salieron a protestar contra el gobierno y el sistema político en general.
Según la última medición de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), Uruguay tiene 6,7% de pobreza y 1,1% de indigencia; mientras que Argentina tiene 5,7% y 1,9% y Chile 11% y 3,1%, respectivamente.
“Después de analizar la realidad de América Latina, la primera evidencia que surge es que hay una América Latina muy heterogénea. Descubrí que hay tres países de los 18 que tienen un componente común que los distancia del resto, y que habla de retos distintos, que son Uruguay, Argentina y Chile y en ese orden. Uruguay es el país donde se combinan de mejor manera bajos niveles de pobreza, emergentes capas medias con relativas seguridades económicas y menor desigualdad relativa, porque es la menor desigualdad de la región pero es de alta desigualdad si se lo compara con los países de la OCDE. Argentina tiene un componente similar al de Uruguay y Chile, tiene similares niveles de baja pobreza y emergentes capas medias pero se dispara en desigualdad”, evaluó.
Para Hardy, al tiempo que se enfrenta a la pobreza y a la indigencia, desde la sociedad surgen otros reclamos.
“Siendo la lucha contra la pobreza una tarea urgente, es a la vez la menos desafiante: el reto de la desigualdad, de la vulnerabilidad de los sectores medios, es un tema para estos países”, dijo.
Por esa razón explicó que el desafío para Uruguay, Argentina y Chile no pasa por la falta de acceso a las prestaciones sociales sino que es un “problema de calidad” de los servicios que se brindan. “En Uruguay, Argentina o Chile, te haces la pregunta por la calidad que recibe la gente en salud, educación, vivienda, en la administración de justicia, en la desigualdad de género”, agregó.
En el caso de Uruguay, dijo, hay un “reto sorprendente” que tiene que ver con la situación de los adolescentes que ni estudian ni trabajan. “Este no es un problema solo de los sectores pobres, sino de sectores medios e incluso de sectores altos. Hay algo más allá de la calidad del sistema educacional, hay algo sobre la pertinencia, las expectativas que los jóvenes tienen del sistema”.
Hardy opinó que hoy se debe pensar en que la “calidad educacional” tiene que estar a la “altura del siglo XXI”.
“Hoy en día no es la cantidad de años de estudios que tienes, sino de dónde provienes, dónde estudiaste. Son las nuevas formas de discriminación. Eso se traduce en inequidades redistributivas”, afirmó y señaló que en Chile eso está “muy marcado”.
También planteó la necesidad de llegar a un “equilibrio de género” que hoy “está muy lejos de conseguirse”. Por eso se preguntó cómo se puede dejar de lado a la mitad de la población. “No es un problema ético solamente, sino de representación efectiva y del desarrollo de la sociedad”.
“Cultivo de frustración”.
Para Hardy hay que tener en cuenta las “frustraciones” de las capas medias que salieron recientemente de la pobreza. “Está la discriminación de aquellos que por más que compraron el reto de ser responsables y estudiar, la promesa de la movilidad social que estaba anunciada no llegó y por tanto hay una irrupción ciudadana que dice: ‘hice lo que me dijeron que tenía que hacer pero de todos modos hay una puerta de entrada que nunca logro cruzar’”.
Esto genera un “cultivo de frustración”, dijo. Como ejemplo, puso la situación de Brasil, donde se registró un “espectacular desempeño en la lucha contra la pobreza” y sin embargo “hoy están todos en la calle”.
“Son técnicamente no pobres, pero desarrollaron expectativas para las cuales el sistema no estaba preparado: largas colas en el sistema de salud, provisión de educación de baja calidad, hasta probablemente infraestructura inadecuada”, señaló.
Por eso, dijo, el “gran debate es enfrentar la desigualdad” y recordó que los europeos apostaron al Estado de bienestar en el que se reconoce a la persona como un “sujeto de derecho independientemente de sus ingresos”.