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    El revés perdido

    ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic?, de Manuel Soriano, Premio Clarín de Novela 2015

    “Era la más liviana del grupo y la segunda más baja. Tenía las piernas flacas como las de un pajarito y las rodillas demasiado salidas hacia fuera”, así lucía Patricia Lukastic cuando era adolescente y empezó a aprender tenis. En ese momento hacía un revés a dos manos, pero después se destacó por su golpe fuerte y certero solo con la zurda. El suyo era un revés que asombraba y la convirtió primero en “la gran promesa del tenis argentino” y luego en una de las mejores jugadoras del mundo. Eso fue a comienzos de los 90, cuando ya todos la conocían como “Luka”, había desarrollado una espalda ancha, competía en los Grand Slams y asistía a fiestas internacionales con los famosos. Sin embargo, todo duró unos seis años. Porque cuando tenía 21 y en pleno ascenso, Luka desapareció.

    ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic? es el último libro de Manuel Soriano, ganador del Premio Clarín de Novela 2015, que tiene como protagonista a la tenista desaparecida. El título en forma de pregunta genera de inmediato otra: ¿Luka habrá sido una mujer real? Es que uno de los puntos fuertes de la novela es su formato de investigación biográfica, como si la tenista realmente hubiera existido. Y si bien Luka es un personaje inventado, lleva en su ADN la historia de otras muchas competidoras, porque detrás de la historia hay varias conversaciones del autor con deportistas reales y largas horas de inmersión en partidos de tenis. Al final del libro el autor agradece a Be­ttina Fulco y a Milagros Cubelli, tenistas argentinas, por “su tiempo y paciencia” para explicarle los secretos del deporte. Y al inicio, la dedicatoria es para su abuelo Alberto Marcolini, “profesor de tenis hasta los noventa y nueve años”.

    Pero la novela abarca mucho más que el mundo del tenis, porque su trama apunta a la relación entre un padre dominante, invasivo y tenaz, y una hija talentosa para el deporte, pero demasiado contaminada por la figura paterna. Elián Lukastic, un argentino descendiente de polacos, es el mentor y entrenador de su hija, y su personaje es tan atractivo como el de la propia tenista, otro de los logros de la novela.

    Quien narra la historia es un escritor argentino que vive en Montevideo, a quien Luka, ya madura, contacta para que escriba sobre “una historia que quiere contar”. Igual que el escritor, Luka está viviendo en Uruguay, donde encontró un lugar perfecto para perderse en la zona rural de Castillos. Hacia allí se embarca el narrador, quien irá al encuentro de la ex tenista y su misterioso destino.

    La trama va y viene del pasado de Luka al presente de la narración. En la infancia aparece una casa solitaria en Santa Rosa, ciudad de la Pampa, y algunas temporadas en el campo. Allí, junto con su primo, aprendió a desangrar chanchos, matar jabalíes, desplumar perdices. Era una niña con la actitud y el temple del varón, lo que le valió alguna burla en la escuela.

    Su padre quería que fuera la mejor y fue él quien primero la llevó a un profesor de tenis y después comenzó a entrenarla, sin piedad. Luka y su padre eran inseparables; él no permitía que se viniera abajo, pero su método la agobiaba. Por eso aprende juegos mentales para concentrarse en el juego y no perder. Y repite latiguillos y apodos que Elián había puesto a sus contrincantes para que los viera “como seres inferiores”: “Arantxa era la mulita, Davenport el pajarón, Graf el cuis, Novotna el aguilucho, Seles la ardillita”.

    La novela está salpicada por la aparición de personajes famosos del tenis y por referencias al cine y a otras figuras del espectáculo, como Madonna. El contexto es el mundo de las expectativas: por el lugar en el ranking, por la aparición en las páginas de revistas, por los comentarios de los periodistas deportivos. Elián es quien “protege” a Luka de ese mundo. Él sabe lo que quiere para su hija, lo supo desde que nació, cuando sintió que tenía algo poderoso en sus brazos: “Pegó su cara a la del bebé. Le olió la boca, los ojos y el cuello, metió ese aire dentro de sus pulmones y juntó todas las fuerzas que le quedaban para no largarse a llorar”. Lo supo también cuando quedó solo con ella.

    La relación entre Luka y su padre —amante del ajedrez y creador de un aparato para calentar agua, parecido al sun, que nunca pudo patentar— es ambigua y misteriosa, algo sórdida, algo triste. Elián crece en la novela y hace crecer a su hija al mismo tiempo que la anula y la oprime. Pero la estructura que crea en Luka es poderosa, como lo supo ver otro personaje que fue su contrincante: “Recuerdo un día, era diciembre, jugamos un partido que gané con lo justo. Ella estaba con bronca, era tímida pero muy competitiva. Cuando la saludé en la red le dije: ‘Me parece que fue mi última victoria’, y así fue, creo que no le gané un set desde entonces. Ella tenía doce años y yo veintiocho”.

    Manuel Soriano nació en 1977 en Buenos Aires, pero igual que su narrador-personaje vive desde 2005 en Montevideo, donde dirige la editorial para niños Topito Ediciones. Ha publicado libros de cuentos (La caricia como método de tortura yVariaciones de Koch, que recibió el Premio Narradores de la Banda Oriental) y una novela que también ronda el deporte y se titula Rugby (Alfaguara). Su otra novela se llama Fundido a blanco (Criatura Editora).

    En ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic?, Soriano muestra su garra narrativa, que es potente y magnética, como el juego de Luka, aquella joven zurda que en la cancha era “un híbrido exquisito entre ángel y animal, que los espectadores medios y no hermosos casi nunca logramos ver en nosotros mismos”.

    ¿Qué se sabe de Patricia Lukastic?, de Manuel Soriano. Alfaguara 2015, $ 490, 332 páginas.

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