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    El secretario de la Presidencia viajó a Estados Unidos con restos óseos humanos hallados en predios del Ejército para identificarlos

    El secretario de la Presidencia, Homero Guerrero, y el antopólogo José López Mazz viajaron esta semana a un laboratorio en Estados Unidos con pequeños restos óseos de confirmado origen humano que fueron hallados en los últimos meses en los batallones 13 y 14 del Ejército para identificarlos, dijeron a Búsqueda diversas fuentes vinculadas al tema.

    Los restos encontrados son muy pequeños, pero un laboratorio en Buenos Aires ya determinó que son humanos, por lo que existe confianza en el equipo que trabaja en este tema de que pueda identificarse a algún detenido desaparecido durante la dictadura (1973-1985) que haya sido enterrado en esos batallones. De hecho el viaje al laboratorio en Estados Unidos se produce porque ese es uno de los pocos centros en el mundo con tecnología que permite analizar restos óseos tan pequeños para compararlos con la base de datos que se creó con muestras de ADN de familiares de los detenidos desaparecidos, señalaron los informantes.

    El juez penal Pedro Salazar, quien investiga el homicidio de María Claudia García de Gelman y en ese marco dispuso recientes excavaciones en los batallones, está al tanto de todos los movimientos y autorizó el traslado de los restos óseos para su estudio.

    Fuentes que trabajan en el tema aseguraron a Búsqueda que estos hallazgos son la confirmación de la existencia de la denominada “Operación Zanahoria” que a fines del gobierno dictatorial desenterró una serie de cuerpos de predios militares y los incineró y desparramó en cursos de agua para desaparecer las pruebas ante el advenimiento de la democracia. Varios actores involucrados creen que los pequeños restos hallados pueden pertenecer a “residuos” de esa operación que por ser tan pequeños no fueron tenidos en cuenta.

    Un registro aéreo que se hizo de la zona demostró que “notoriamente existió movimiento de tierra” con maquinaria pesada que incluso afectó la fisonomía del lugar. Eso hace incluso que a algunos de los informantes que permitieron la ubicación de restos se les dificulte reconocer el lugar.

    Más aún —según las fuentes— existe evidencia de que se construyó en uno de estos predios un polvorín con cimientos de concreto “muy espeso” debajo del cual podrían ubicarse más huesos. Debido a ello, ya está pensado romper ese concreto para seguir buscando restos de detenidos desaparecidos.

    Excavaciones.

    Los nuevos datos de investigaciones estatales sobre el destino de los desaparecidos en dictadura parecen aclarar un hasta ahora confuso y contradictorio relato histórico.

    De hecho, las ubicaciones de los enterramientos clandestinos y la existencia de una posterior “Operación Zanahoria” por la cual los restos fueron exhumados y cremados fueron objeto de incertidumbre desde el inicio de las excavaciones oficiales en el primer semestre del 2005.

    En ese entonces, por decisión del flamante gobierno del presidente Tabaré Vázquez, un equipo de expertos de la Universidad de la República inició excavaciones en predios militares, en particular el Batallón 13 y el campo de maniobras que el Ejército tiene frente al Batallón 14.

    Con las excavaciones en camino pero sin resultados, el 8 de agosto del 2005 las Fuerzas Armadas protagonizaron un hecho histórico cuando, por orden de Vázquez, le entregaron informes propios sobre el destino de los desaparecidos.

    En su documento, el Ejército detalló lugares de enterramiento de cada desaparecido —algunos de los datos se demostraron equivocados tiempo después— y dedicó un breve pasaje a la “exhumación e incineración de los restos (operación zanahoria)”.

    “Con respecto a los restos de los detenidos fallecidos y sepultados en predios militares, en el año 1984 se posee la convicción de que se procedió a su exhumación, cremación en hornos artesanales, completándose por trituración lo que no fue posible cremar. No obstante la discreción en la que realizó la citada operación, se habría llegado a establecer la ubicación final que se determina en cada caso particular. En el proceso de exhumación de los restos, las dificultades que existieron a lo largo del mismo para precisar el lugar exacto de cada enterramiento, permite arribar a la conclusión de que no habrían sido exhumados la totalidad de los restos, no pudiendo precisarse con exactitud, cuáles fueron exhumados o cuáles no. No obstante se logró identificar, con la mayor precisión factible, el lugar de enterramiento de la mayoría de los detenidos fallecidos objeto de la presente investigación”, indicó el Ejército.

    Con el paso de los meses de excavaciones y sin hallazgos el nerviosismo comenzó a ganar al gobierno hasta que el 29 de noviembre en una chacra de la Fuerza Aérea cerca de Pando y el 2 de diciembre en el Batallón 13 los técnicos encontraron los restos de dos desaparecidos en dictadura (Ubagesner Cháves Sosa y Fernando Miranda). En el documento del Ejército, por ejemplo, se señalaba que los restos de Miranda “fueron enterrados en el predio del Batallón I Paracaidista 14, posteriormente fueron exhumados y cremados; sus cenizas y restos esparcidos en la zona”.

    De todos modos, el caso más impactante fue el de Macarena Gelman, a quien a comienzos de agosto del 2005 llegaron a mostrar el lugar exacto donde según informantes del Ejército estaba enterrada su madre, María Claudia García, pero nada encontraron hasta la actualidad. Sobre fines de 2005, en el campo de maniobras contiguo al Batallón 14, los expertos identificaron una “importante concentración de huellas de vehículos” así como indicios de movimeinto de tierras, todo lo cual reforzaba la hipótesis de la “Operación Zanahoria”. En paralelo, el lunes 19 de diciembre del 2005, encontraron fragmentos óseos humanos y datos firmes de remoción de tierra en el Batallón 13. El alto grado de deterioro de los restos óseos impidió tiempo después su identificación por medio de estudios de ADN.

    Los años siguientes estuvieron marcados por la falta de nuevos hallazgos, al punto que la Presidencia llegó a plantearse si tenía sentido continuar con las excavaciones.

    Sin embargo, en octubre del 2011 y en el marzo del 2012 fueron encontrados, en el Batallón 14, los restos de Julio Castro y de Ricardo Blanco Valiente, el primero de ellos con evidencias de que fue ejecutado en lugar de —como indica el relato más extendido en los ámbitos político y militar— haber fallecido producto de torturas que excedieron su resistencia.

    Contratapa
    2013-11-07T00:00:00

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