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    El sindicato de profesores no da tregua al gobierno electo:  “ganó el neofascismo” con la “ultraderecha filo Bolsonaro”

    Pablo da Silveira “no le llega ni a la suela de los zapatos a Germán Rama” y Robert Silva es “un fiel representante de la vieja política del acomodo”, dice el dirigente de Fenapes José Olivera

    La declaración de esencialidad de la educación decretada por Tabaré Vázquez en 2015 fue el “gran error” del gobierno saliente, porque “marcó la cancha” y dejó una “herida abierta hasta hoy” para los sindicatos, “decepcionó a la fuerza política, aisló al Poder Ejecutivo y se tradujo en menos votos para el Frente Amplio en las elecciones de octubre”, evalúa José Olivera, dirigente de la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (Fenapes) desde 2003. Al final ganó el “neofascismo” con una “ultraderecha filo Bolsonaro”, cuya propuesta sobre educación es un “recorte y pegue nivel jardín de infantes de documentos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) para cambiar la gobernanza y extender los centros educativos de gestión privada”, critica.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista a Olivera, frenteamplista desde los 14 años y sindicalista desde los años 90.

    —¿Qué hizo bien el gobierno que se va?

    —Es innegable la expansión del sistema educativo, con un impacto en toda la geografía: escuelas de inicial y primaria de tiempo completo, liceos, centros de UTU, formación docente, Utec, Udelar... Ese es el gran resultado de estos últimos 10 años, sobre todo en el interior del país. Esa expansión en ladrillos tiene un debe: que se quedó en la llamada universalización. El mayor problema es que los gurises se mantengan en el sistema y logren aprendizajes de calidad en tiempo y forma. Ya en la escuela 20 de cada 100 sillas quedan vacías todos los días. Y eso se reproduce y se agrava en los siguientes niveles: cuatro de cada 10 alumnos culmina el liceo. El gran desafío que tiene Uruguay es democratizar la permanencia y el egreso, y hay que exigirles contrademandas o responsabilidades a las familias de los gurises. Vos no podés tener políticas de asistencia social e igualitarias sin contraprestaciones. Los gurises no pueden dejar de estudiar porque quieran y los padres aceptarlo.

    —“Los padres se han convertido en sindicalistas de sus hijos”, dice el profesor italiano Massimo Recalcati.

    —¡Exacto! Ahora, cuando desde el Estado planificás políticas con impacto en la realidad, en algún referente tenés que hacer anclaje, porque alguien está cobrando esa plata y no es el gurí o la gurisa. Entonces se desvirtúa el papel de la escuela, porque recae la responsabilidad sobre los docentes y la escuela se convierte en una suerte de policía social y hace lo que otras instituciones no hacen. Son muy bonitas las fotos del gabinete social; el problema es que en el territorio no está el gabinete social. Si recorrés el país y preguntás por abuso sexual, prostitución infantil... ¿el Inau dónde está? “Ah, bien, gracias”. No existe. Como dice un amigo chileno, la sociedad no se puede rascar en la espalda de la educación todo lo que le pica. 

    —¿Qué faltó?

    —Faltó política. El gran debe de los gobiernos frenteamplistas en general es que cada cinco años la política educativa tuvo virajes. Ahí juegan dos factores: las diferencias internas que tuvo siempre el FA en materia educativa y la preeminencia de proyectos muchas veces personales o sectoriales en un sistema de peso y contrapeso. Esto se vio muy claro en el Codicen (Consejo Directivo Central, de la Administración Nacional de Educación Pública, ANEP) ya desde el primer gobierno de Vázquez. Es un dato llamativo: no terminó un mismo Codicen de los que empezó con la misma integración en ninguno de los tres gobiernos frenteamplistas. Es raro, ¿no? 

    —¿Cómo observa el sindicato de profesores las propuestas educativas del gobierno electo? 

    —No son originales para nada. Van por una línea que se ha ensayado en todo el mundo. Da Silveira la conoce muy bien porque la ha aplicado desde su lugar en el mercado educativo chileno. Es un recorte y pegue nivel jardín de infantes de documentos de la OCDE para cambiar la gobernanza y extender los centros educativos de gestión privada. La OCDE recomienda la suspensión de los docentes en el gobierno de la educación; eso es parte del programa de máxima del nuevo gobierno, ya veremos cuál es el de mínima: si eliminará la representación sindical o si le quitará el voto en el Codicen. 

    —Ya hubo marcha atrás. 

    —No sé. Yo escuché a Beatriz Argimón diciendo que eso estaba en discusión todavía. Además, se apoyan en los think tank como Eduy21, que es un centro cívico empresarial con un grupo de académicos, cuyas propuestas abrevan de los organismos internacionales. ¿Quién está detrás de Eduy21? Fundación Santander, Banco Itaú, la propia Universidad Católica. Son los que los bancan.

    —¿Qué responde a quienes plantean que  sindicatos como Fenapes son la “tranca” de cualquier cambio en educación?

    —Para fundamentar algo así hay que mostrar elementos. Esa idea es de ignorantes. No es cierto que el sindicato trancó siempre.

    —Pablo da Silveira, designado ministro de Educación, tuiteó en junio sobre su gremio: “Los responsables del desastre educativo que tenemos hoy, los que ejercen el poder fáctico que lo bloquea todo, los que no hacen una sola propuesta innovadora, se dedican a descalificar a los que buscan salidas porque no tienen el coraje de discutir ideas”. 

    —A da Silveira no lo conozco; personalmente nunca lo vi. Pero estoy convencido de que gotea neofascismo. Sus actitudes me demuestran que es un soberbio de primera, con muy poco manejo político.

    —De Germán Rama también se decía que era soberbio... 

    —¡Nooooo! ¡Pero Rama tenía otra trayectoria...! Da Silveira es un tipo que no comulga con el liberalismo tradicional con el que uno podría tener acuerdos. Da Silveira es un tipo con fuerte contenido político e ideológico religioso. Si mirás su carrera académica es básicamente la católica. ¡No es Germán Rama! Rama era un intelectual de fuste; este muchacho es otra cosa, no le llega ni a la suela de los zapatos a Rama. Da Silveira solo tiene un ego enorme y mucha dificultad para debatir porque parte de su verdad revelada, una especie de mesianismo. 

    —¿Qué opina de la intención de “fortalecer” el papel del Ministerio de Educación como “rector” de la política educativa?

    —Es un viejo sueño (ríe).

    —¿Y qué le parece Robert Silva como presidente de la ANEP?

    —Robert Silva es un fiel representante de la vieja política del acomodo. Es un tipo muy simpático, pero tiene un manejo político bien clientelar. Participó de la reforma de Rama, luego militó con Pedro Bordaberry y su perfil retrotrae a los años noventa y al principal ideólogo de esta coalición que es Julio María Sanguinetti.

    —¿Cree que el próximo gobierno prescindirá de los sindicatos de la educación, negociará o irá a la confrontación directa?

    —Vázquez ganó en el 2014 con más del 50%. A los meses de asumir decretó la esencialidad porque se fue en fija que iba a tener un respaldo que no tuvo. Ese fue un gran error que marcó la cancha y dejó una herida abierta hasta hoy. Un gobierno que integra esta coalición muy particular, que no llega al 50%, ¿se va a jugar todas las naves a meter el peso? Sería un error; salvo que vayan por la lógica de la represión más absoluta, con la cual el Partido Colorado tiene gran experiencia. Rama iba para adelante pero tuvo una fuerte resistencia del movimiento estudiantil, de la organización sindical y de las asambleas técnico-docentes.

    —Javier Iglesias, del consejo ejecutivo de Fenapes, dijo a al programa Doble click (Del Sol) que si se intentan aplicar las medidas en materia educativa que propone la coalición “evidentemente va a haber conflicto”. ¿Comparte eso?

    —Ahí tengo algunas diferencias de enfoques. Nuestra mayor preocupación ahora es comprender en qué momento estamos, y eso es algo que vamos a discutir en el Congreso de Fenapes a partir del jueves. Ya sabíamos que el escenario iba a ser de disputa, tanto si ganaba (Daniel) Martínez como (Luis) Lacalle Pou, y eso está escrito. No sé si va a haber conflicto o no. Mejor dicho: conflicto va a haber, pero el problema no es el conflicto, el problema es cómo se manifiesta. Los canales institucionales para discutir las condiciones de trabajo están, son los ámbitos de negociación colectiva. Ese es un camino. Ahora, si el camino es la imposición, el conflicto se manifestará de otra manera. Yo conozco la realidad de América Latina y ya en el 2011 el conflicto desatado en Chile estaba claramente definido.

    —¿Pero Uruguay se encamina a una situación como la de Chile?

    —Yo te diría que, a priori, no. ¿Si está como Colombia? No, ni hablar. ¿Y como Brasil? Bueno, hay elementos preocupantes, pero no está en la misma situación que Brasil. La gran diferencia es que Uruguay tiene una estructura de partidos bastante fuerte aún, pero que empieza a erosionarse con la fragmentación partidaria. Y a eso hay que prestarle mucha atención porque esa atomización lleva a expresiones más conservadoras que con poquito pagan mucho, y es un dato nuevo para Uruguay. 

    José Olivera

    —Previo a las elecciones usted dijo en M24 que Uruguay se dirimía “entre libertad y neofascismo”... ¿Eso no es volar los puentes de una? 

    —Pero es mucho más amplio que decir que ganó el neofascismo representado por Cabildo Abierto, que es una expresión de la ultraderecha filo Jair Bolsonaro. Porque también hay un sector del Herrerismo que siempre comulgó con el neofascismo, como dentro del Partido Colorado, y el pachequismo fue una expresión de eso. El problema es que ahora hay un nuevo partido con un militar que los cobija a todos. 

    —También el FA tuvo en el general retirado Liber Seregni a su líder histórico. 

    —Por supuesto, el militarismo como concepto siempre estuvo representado en el FA. Pero la diferencia es que se expresó ya no detrás de un líder histórico militar sino de otros sectores como el de José Mujica. Pero cuando mirás la “alianza multicolor” de cinco partidos ves que no es tan alianza ni tan multicolor, porque (Edgardo) Novick no representa a nadie, ni a su diputado electo, y el Partido Independiente… Así que en realidad son tres partidos. ¿Y quién tiene la llave en términos de gobernabilidad? Cabildo Abierto. Pero el problema no es (Guido) Manini Ríos: son los que están atrás de Manini Ríos. Y ahí entran los (Guillermo) Domenech, que en plena campaña y en un Estado laico, va y dice: “Dios puso a este líder para conducir al país”. ¿Y qué práctica política o vida pública hay en ese grupo? Sacando a Manini, Domenech y a la mujer de Manini (Irene Moreira) del resto no sabemos ni quiénes son. Ese es el problema. Hay una alianza conservadora de matriz neoliberal y el ideólogo es Sanguinetti. 

    —Según Sanguinetti, Fenapes debería “entender” que “a la educación la van a dirigir los que elige el pueblo y no los que elige la asamblea sindical”, que los “fascistas” por “intolerantes” son ustedes. ¿Qué responde?  

    —Asociar el fascismo a la intolerancia es de una simplicidad brutal, y es esconderse para no definirse a sí mismo. Ahora, que te conteste un tipo con la ascendencia, la trayectoria y la formación de Sanguinetti, para mí es un logro. Quiere decir que algún callo pisamos, que no estoy tan errado. 

    —Pero empezar así...

    —Si el gobierno tiene espalda para negociar con nosotros o no, se verá. Yo no voy a ser irresponsable de decir que el 2 de marzo iremos a la huelga.

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