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    El sistema educativo “expulsa a sus alumnos” de todas las clases sociales y el Frente Amplio no pudo aplicar “un cambio estructural”

    “Por más que los persigas, los traigas y los encadenes con un grillete a la silla para que no se vayan, no hay forma. (…) Estamos obligándolos a mirar en el cine de barrio una película de los años cincuenta que los chiquilines no quieren ver” mientras “seguimos esperando las transformaciones estructurales”, sostiene el profesor, investigador y especialista en educación Pedro Ravela

    Pedro Ravela es pesimista sobre la “transformación estructural” de la educación que prometió el gobierno de Tabaré Vázquez. “Claramente en este período no va a pasar nada”, pronostica. Y achaca a las autoridades de la enseñanza un exceso de inclinación al consenso y falta de “liderazgo” para superar las “chacras” burocráticas y encauzar los cambios de fondo que, a su juicio, implican a animarse a encarar a los sindicatos docentes. “Hay que superar la idea tan uruguaya de que ‘estamos todos de acuerdo o no vamos para ningún lado’”, dice.

    Para este experto en educación, urge un cambio de modelo educativo en Uruguay porque el actual está “obsoleto” y “expulsa” a los estudiantes de las aulas. Los sucesivos gobiernos del Frente Amplio (FA) no han tenido la “convicción” de encarar una reforma, dijo el exdirector ejecutivo del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) y coordinador nacional de las pruebas PISA.

    “Desde que empezó el Frente con (Luis) Yarzábal en el Codicen (2005-2010) se decía: ‘Bueno, primero vamos a poner la casa en orden, tras la herencia maldita, y luego vendrán los cambios de fondo’. Y lo creímos. Después vino (José) Seoane (2010-2012) y ahora (Wilson) Netto, y nada. (Ricardo) Erlich repetía desde el Ministerio de Educación (MEC) que la casa se estaba acomodando y que ya vendrían los cambios estructurales... Pero ya vamos por el tercer período y seguimos esperando las transformaciones de fondo', afirmó Ravela.

    El también consejero académico de EdUy21 sostuvo que “el FA siempre dijo en sus grandes líneas programáticas que el gobierno de la educación iba a funcionar como un sistema ordenado, no como un conjunto de chacras dispersas. Pero todo eso sigue en el papel”.

    Profesor de Filosofía egresado del IPA, con maestría en Sociología de la Educación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) de Buenos Aires, investigador y consultor internacional, Ravela, de 56 años, casado con una docente de Matemáticas, tiene dos hijos y se define políticamente independiente.

    A continuación, un resumen de la entrevista de Ravela con Búsqueda.

    —¿Cómo evalúa a los gobiernos del Frente Amplio en materia educativa?

    —En estos 12 o 13 años hubo un esfuerzo de inversión en educación y de mejora salarial. Eso es innegable y es un avance. La contracara de esa moneda es que el Frente no puso contrapartidas para mejorar la calidad educativa. Yo entiendo que los salarios en educación son bajos y que tenés que mejorarle a todo el mundo, pero es un error no vincular parte de la masa salarial a proyectos alternativos.

    —¿Por ejemplo?

    —A destinar una cantidad de dinero para cargos de tiempo completo a jóvenes docentes dispuestos a asumir en liceos de zonas difíciles con un compromiso de cinco años de trabajo, y ahí entonces pagarles 30.000 o 40.000 pesos. Eso apunta a un modelo distinto.

    —¿Cuánto lograron avanzar los gobiernos del FA en inclusión educativa?

    —La búsqueda de incluir a todos los niños y jóvenes en el sistema educativo es otro punto positivo de la gestión del Frente. La contracara de eso es que se incorporan a un modelo obsoleto. Y la principal razón de abandono es que a los gurises no les interesa lo que el sistema les ofrece. Entonces, por más que los persigas, los traigas y los encadenes con un grillete a la silla para que no se vayan, no hay forma. Y no solo dejan de estudiar los alumnos de los sectores populares, el abandono también afecta a los de las clases media y alta. Esos jóvenes se van porque están desmotivados, porque les estamos dando algo que no les sirve.

    —Entonces el sistema gotea entre los que entran y los que salen antes de completar su trayectoria…

    —Exacto. La preocupación del gobierno del Frente por la inclusión está muy bien. Lo malo es que intentamos traer a los jóvenes a un modelo obsoleto, que los expulsa. Estamos obligándolos a mirar en el cine de barrio una película de los años cincuenta que los chiquilines no quieren ver.

    —No obstante, los gobiernos del FA avanzaron en la democratización del acceso a la escuela.

    —Ni siquiera en el acceso a la escuela. Porque ahí hay una trampa: si mirás “las buenas noticias” del gobierno, siempre están referidas a la matrícula. Pero el problema es el egreso. El egreso de Primaria más o menos está, aunque falten aprendizajes. Pero el egreso en Secundaria apenas si llega al 40%, y en enero se cumplen 10 años de la ley que declaró obligatoria la educación media superior. Y entonces, la matrícula como indicador de éxito, de democratización, es muy relativa.

    —En una reciente entrevista con Búsqueda, Carmen Tornaría, consejera de la ANEP durante la presidencia de Germán Rama (1995-2000), dijo que al FA le falta “plan, equipo y liderazgo” para cambiar la educación. ¿Comparte el diagnóstico?

    —Hay que hacer un buen mix de instancias de participación, de un componente técnico especializado y de voluntad política. Mi visión es que el gobierno del Frente y las autoridades de la ANEP priorizan excesivamente el consenso, les falta proyecto desde el punto de vista técnico y voluntad política para llevar adelante ciertas medidas, aunque estas generen conflicto con los docentes. Porque luego se generan otros conflictos innecesarios…

    —¿A qué se refiere?

    —La esencialidad de la educación —decretada por Vázquez en 2015— fue un conflicto por nada. Si vas a ir a una pelea con los sindicatos, tenela por algún cambio estructural. Pero el Frente no ha tenido capacidad para formular un cambio estructural. Ahí hay una falta de ideas y de visión, de convicción de que se necesita otro modelo.

    —Sin embargo, el cambio de la educación ha sido una bandera política del FA desde 2005 a la fecha.

    —Desde que empezó el Frente con Yarzábal en el Codicen se decía: “Bueno, primero vamos a poner la casa en orden, tras la ‘herencia maldita’, y luego vendrán los cambios de fondo”. Y lo creímos. Después vino Seoane y ahora Netto, y nada. Erlich repetía desde el MEC que la casa se estaba acomodando y que ya vendrían los cambios estructurales... Pero ya vamos por el tercer período y seguimos esperando las transformaciones de fondo. Sigo esperando el cambio estructural anunciado por Yarzábal y por Erlich.

    —Promediada esta administración, ¿cabe esperar cambios importantes de aquí al 2020?

    —Claramente en este período no va a pasar nada. Ya no. Pero soy relativamente optimista al ver una cantidad de iniciativas que se están gestando para romper el corsé del sistema educativo, para darle más aire. Claro que cualquier cambio requiere decisión política y la primera es la de habilitar la diversidad, apoyar la formación de equipos y la capacitación docente, pensar en otras modalidades de trabajo en clase (ver recuadro).

    —El consejero Robert Silva aseguró a Búsqueda que la “falta de liderazgo” y “fragmentación” administrativa trancan la gestión del Codicen…

    —Dentro del gobierno de la ANEP propiamente dicha hay dos problemas principales: uno es cierto grado de bloqueo al negociar con los sindicatos, y vinculado a eso, hay una ingenua apelación al consenso. El ingeniero Juan Grompone, del Frente y marxista, dice que un gobierno colegiado en la educación es una uruguayez pura, no existe en ningún lugar del mundo. Los órganos colegiados, por definición, son deliberativos; están para trazar grandes líneas, no para tomar decisiones de conducción cotidiana, y además de forma tan atomizada. Pero la fragmentación es otro problema que el Frente no ha logrado resolver.

    —¿Por qué?

    —El Frente siempre dijo en sus grandes líneas programáticas que el gobierno de la educación iba a funcionar como un sistema ordenado, no como un conjunto de chacras dispersas. Pero todo eso sigue en el papel, porque es muy difícil hacer funcionar articuladamente a instituciones autónomas y colegiadas, negociando además con sindicatos también atomizados. Así, cualquier cambio de fondo es imposible.

    —Usted trabajó en estos gobiernos desde cargos de conducción y antes integró el equipo técnico de Rama. ¿Cree que hace falta un liderazgo fuerte como el de él?

    —No lo ataría estrictamente a la personalidad de Rama, que a algunos les resultaba muy chocante. Sí se necesita un cierto liderazgo y asumir un componente de conflicto para impulsar el cambio. La idea tan uruguaya de que “estamos todos de acuerdo o no vamos para ningún lado”, no se sostiene.

    —¿Pero hay cambio posible “sin la participación de los docentes”?

    —Está bien ese reclamo. Pero tan válido como eso es plantearse el razonamiento inverso. En Uruguay, hasta ahora, por lo menos desde la salida de la dictadura para acá, no hubo cambio educativo posible con la participación de los docentes. Me refiero a los sindicatos, la expresión organizada de los docentes, y a las asambleas docentes, las ATD, que están cooptadas por los sindicatos.

    —¿Por qué es tan difícil acordar con los sindicatos?

    —Uno de los problemas fundamentales es la fragmentación política de los propios sindicatos. Porque Uruguay no tiene un sindicato único de docentes, como el Colegio de Profesores de Chile. Acá están los sindicatos de cada rama, que reproducen la compartimentación de la ANEP: Primaria por un lado, Secundaria por otro… Pero, a su vez, dentro de cada sindicato hay una cantidad de grupos atomizados, que están muy emparentados con la historia del Frente Amplio, y entonces es muy difícil ponerte de acuerdo con todos, porque los sindicatos como tales muchas veces no logran tener una posición única, por la propia pelea ideológica. Y las discusiones terminan siendo por problemas de chacras, cada uno pelea por lo suyo. Eso es tan viejo como la guerra por las materias y las horas.

    —¿Qué solución le ve al bloqueo sindical?

    —No sé cómo se arregla eso, es muy difícil. Pero al evitar los conflictos o al no ir al choque con los sindicatos, como hace hoy el Frente, no se avanza.

    Usted dice que faltan ideas para cambiar prácticas educativas. Sin embargo, algunas iniciativas, como las duplas o tríos docentes, parecen funcionar. ¿Qué dice?

    —Uruguay está plagado de buenas ideas, pero metidas en un modelo obsoleto se caen. Parte del problema de la educación uruguaya es que su futuro está a la espalda. No somos capaces de pensar un sistema educativo distinto al del llamado “siglo de oro”, que aún pervive en nuestro gran imaginario como el Maracaná del 50. Es el dicho bíblico: “No se puede poner vino nuevo en odres viejos”.

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