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    El triunfo y las cicatrices

    Apache. La vida de Carlos Tévez, serie de Netflix dirigida por Adrián Caetano

    Es un palomar gigantesco de 35 manzanas, con unas 25 torres integradas a “nudos”, a las que se les fueron agregando edificios más bajos y monoblocks. Está ubicado en la localidad de Ciudadela, al oeste del Gran Buenos Aires. En principio iban a alojar a 20.000 personas, pero hoy viven cerca de 60.000. Su nombre oficial es Barrio Ejército de los Andes, aunque todos lo conocen como Fuerte Apache, nombre que se popularizó a fines de los 80 cuando un periodista lo llamó así al transmitir desde ese lugar un tiroteo. El conjunto fue creciendo en etapas, y en 1978 se trasladó allí a los habitantes de las villas que estaban cerca de los estadios. Había que alejarlos para que no molestaran y no los vieran los asistentes al Mundial de Fútbol que se disputó ese año en Argentina, en plena dictadura militar.

    Fuerte Apache es uno de los barrios más peligrosos y más estigmatizados de Buenos Aires, donde conviven familias pobres que hacen lo posible por sobrevivir y convivir con pandillas de maleantes y narcotraficantes. En ese complejo entramado, con calles sin nombre, pasillos enrejados y paredes sin revestimiento, nació Carlos Tévez, estrella de Boca y uno de los mejores futbolistas argentinos.

    Ahora el barrio y su hijo más famoso tienen una serie en Netflix. Se llama Apache, apodo de Tévez. Está dirigida por Israel Adrián Caetano, guionista y director de cine y televisión uruguayo radicado en Argentina (Un oso rojo, Tumberos, El otro hermano). Filmada en Fuerte Apache, la serie tiene una fuerte impronta Tévez: el propio futbolista está en la producción e introduce cada uno de los ocho capítulos con un relato breve sobre episodios de su vida, sin dramatismo ni golpes bajos. “Uno se acostumbra a vivir con miedo”, dice en una de esas intervenciones, y anticipa lo que se verá a continuación.

    Los capítulos están narrados a ritmo de cumbia villera. Diego, uno de los hermanos de Tévez que integró una banda de ese género, es el creador del tema de apertura. Pero hay un sonido de fondo que son los disparos a cualquier hora, las sirenas y los gritos de gol de los niños que juegan en las canchas de fútbol. Es que patear bien la pelota puede ser la única salida.

    Pero la serie no se centra en el fútbol, sino en la infancia y adolescencia de Tévez y en la vida en Fuerte Apache. Es el inicio de un camino que le dejó varias cicatrices, de las físicas y de las que no se ven, que comenzó con una grave quemadura en el 50% de su cuerpo con agua caliente cuando tenía ocho meses y lo dejó durante un buen tiempo en terapia intensiva. Después vino el abandono de su madre biológica, Fabiana Martínez, la adopción por parte de sus tíos, Raimundo Tévez y Adriana Martínez, su ingreso al club All Boys y su llegada a Boca Juniors.

    Apache es una serie atractiva por su ritmo y por algunas actuaciones. Sobre todo se destacan dos niños que interpretan con asombrosa naturalidad a sus personajes. Uno de ellos es Balthazar Murillo en el papel de Tévez. El otro, tal vez el mejor de toda la serie, es Matías Recalt, quien se pone en la piel de Danilo, en la ficción apodado el Uruguayo, que interpreta al mejor amigo de Tévez en Fuerte Apache. El verdadero amigo se llamaba Darío Coronel, y era un chiquilín con gran potencial en la cancha, incluso muchos entrenadores lo consideraban mejor que Tévez. Pero Darío fue un niño abandonado, que vivía con su hermano mayor en medio de una pandilla de narcos. Tuvo un final desgraciado y Recalt interpreta con variedad de matices anímicos y gestuales su caída en la droga y en la delincuencia.

    Después están los adultos, Fabiana Gala y Alberto Ajaka como los tíos adoptivos de Tévez, quienes le dieron apoyo y cariño, algo escaso en ese mundo. También se destaca Vanesa González como la madre biológica, una mujer de corazón duro, aparentemente indiferente, que carga con su propio calvario. Lo más flojo son las interpretaciones estereotipadas de los integrantes de las bandas que trafican drogas y aniquilan al que se cruza en su camino.

    Apache tiene la crudeza de Ciudad de Dios. Como lo hace Meirelles, Caetano pone énfasis en la violencia, en ese mundo donde todos tienen uno o varios adictos en su familia o un asesino o un preso o un integrante de una pandilla que no duda en abrir de un tajo el vientre de otro para zanjar una discusión. Pero igual que Meirelles, Caetano cuenta una historia de superación y de triunfo. Es uno que se salva, aunque todo comience con un grito de dolor.