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    Empresarios descartan “grandes sorpresas” con el próximo gobierno pero les preocupa el nuevo “equilibrio de fuerzas” en el Frente Amplio

    A la planificación para el año nuevo que se avecina y los siguientes —en cuanto al niveles de producción, empleo e inversiones— los empresarios deben incorporar un nuevo elemento: la instalación del gobierno de Tabaré Vázquez.

    Aunque piensan que la administración que asumirá el 1º de marzo no realizará “grandes cambios” en las políticas, algunos ejecutivos ven con “preocupación” el “equilibrio de fuerzas” a la interna del Frente Amplio y prevén, además, que al inicio del período se plantee un escenario “complicado” en lo sindical, según consultas efectuadas por Búsqueda en ámbitos empresariales.

    Esa expectativa puede llevar a algunos a ser más cautos en materia de inversiones —uno de los motores de la economía uruguaya en los últimos años—, también por el contexto de moderación del ritmo de expansión de la producción de bienes y servicios. De hecho, una reciente encuesta entre empresarios fabriles hecha por la Cámara de Industria reveló que habrá recortes en esos rubros en 2015.

    La sostenibilidad del crecimiento depende de los niveles de inversión productiva y también en áreas como la educación y capacitación de los trabajadores (capital humano), así como en infraestructura vinculada al transporte y la energía, coinciden en general los expertos. Desde ámbitos académicos, en estudios recientes se advierte que Uruguay ha mostrado “fuertes ciclos y de una alta volatilidad” en cuando al nivel de inversión.

    Empresarios y héroes.

    Para buena parte del empresariado, un triunfo electoral del Vázquez era el escenario más esperable. De hecho, al responder en diciembre de 2013 a la XVIII Encuesta anual de Evaluación y Perspectivas Empresariales de Búsqueda, nueve de cada diez ejecutivos vaticinaba que él sería el sucesor de José Mujica.

    A la luz del resultado de la primera vuelta —que determinó la nueva conformación del Parlamento— y la segunda, que confirmó la victoria del Frente Amplio, los empresarios hacen cálculos sobre el contexto político. Y las eventuales derivaciones de eso en su actividad.

    El presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios, Carlos Perera, piensa que “las cosas se van a ir dificultando”, porque los sindicatos “están agarrando más fuerza y más bancas en el Parlamento”. Se refirió a la aspiración del PIT-CNT a instaurar para las próximas rondas de Consejos de Salarios la reivindicación de reducir la jornada laboral a seis horas, como otro tema problemático. “Va a ser complicado. Me parece que hoy ser empresario es ser medio héroe”, ilustró.

    El titular de la Unión de Exportadores, Álvaro Queijo, también considera probable que haya mayor conflictividad laboral, puesto que a su juicio la próxima administración no podrá ser “tan dadivosa” debido a los números que muestran las finanzas públicas del país.

    El director del Estudio Luis Lecueder, Carlos Lecueder, no vislumbra mayores sobresaltos por el lado político. Dijo que Vázquez ya gobernó y “las cosas anduvieron bien”, y que no se esperan “grandes cambios” en su segundo gobierno. “La única preocupación que puede surgir es que el equilibrio de fuerzas dentro del Frente Amplio ha cambiado. Ahora tenemos, por un lado, el equipo astorista, que ha dirigido la política económica con gran éxito, pero que ha perdido fuerza. Y por el otro el eje radical, que tiene ideas diferentes sobre dichas políticas, y que hoy pesa más que el astorismo”, analizó.

    En la misma línea, Perera alegó que el peso que ganó el Movimiento de Participación Popular en la bancada oficialista será una “presión” extra para el futuro Poder Ejecutivo encabezado por Vázquez.

    Para el presidente de la Cámara de la Construcción, José Ignacio Otegui, si bien habrá “realidades y proporciones políticas que se modificaron” en la interna oficialista, que pueden generar “discusiones”, descartó que no se puedan alcanzar equilibrios. “Y no hay duda del liderazgo de Vázquez”, apuntó. A su juicio, el segundo gobierno del médico oncólogo será “una oportunidad” para “profundizar” políticas, como la de la reforma del Estado, pero, en general, coincide con que no habrá “grandes sorpresas”.

    Inversión y crecimiento “Alrededor de 1820, el ingreso per cápita de los países de Europa occidental era 2,9 veces el de África.

    Hoy esa cifra alcanza a 13,1 veces. Lo llamativo es que la diferencia de crecimiento anual del ingreso entre ambas regiones en estos casi 190 años es mínima: ¡Mientras África creció al 0,7% por año, Europa lo hizo apenas el 1,6%!”. El ex ministro de Economía argentino Martín Lousteau plantea este razonamiento en un capítulo de su libro “Economía 3D”, para mostrar cómo “la clave pasa más por la continuidad del crecimiento del ingreso que por su velocidad”. Quiere decir que lo más importante no es lograr altas tasas de expansión económica sino evitar que estas sean muy inestables y el país pase de años de auge a etapas de declive.

    Tras la recesión de fines de la década de los noventa y la crisis de 2002, Uruguay entró en un período de crecimiento económico largo, que sigue hasta hoy, gracias a factores internos y externos. Su Producto Bruto Interno (PBI) aumentó a una tasa promedio de 5,2% desde 2003 a 2013 y se espera que este año mantenga la tendencia, con un incremento cercano a 3%, según las proyecciones oficiales y de varios analistas privados.

    En este período de expansión económica se produjo una suba de la tasa potencial de crecimiento (a cerca de 4%, conforme con algunos estudios), que durante la segunda mitad del siglo XX superaba apenas el 1%.

    Sin embargo, algunos de quienes han estudiado la economía de Uruguay con una perspectiva histórica advierten que hubo algunos episodios similares en el pasado que terminaron desvaneciéndose y dando lugar a largos años de estancamiento. Los investigadores del Departamento de Economía de la Universidad de la República Gustavo Bittencourt y Nicolás Reig, caracterizan al proceso de crecimiento uruguayo por “una muy baja tasa de crecimiento del largo plazo con elevada volatilidad, donde además han existido escasos períodos de aceleración” algo “poco sostenible en el largo plazo”.

    Ese “pobre desempeño” se asocia directamente a un “muy bajo” nivel de inversión”, explican.

    “Insuficiencia estructural”.

    Desde hace algunos años Uruguay muestra tasas de inversión elevadas en una comparación histórica: de 18% a 23% del Producto Bruto Interno (PBI) entre 2006 y 2013. Sin embargo, no alcanzó al 25% que en la campaña electoral de 2009 Mujica mencionaba como un objetivo a alcanzar.

    De todos modos, los economistas entienden que no hay un “número mágico” de inversion que asegure la expansion del PBI.

    En el estudio “El ciclo económico del Uruguay”, realizado por los investigadores Luis Bértola, Fernando Isabella y Carola Saavedra, de la Facultad de Ciencias Sociales estatal, los autores sostienen que los niveles actuales se comparan con los mejores de la historia uruguaya. Sin embargo, advierten que “también en este plano vuelve a presentarse con muchísima claridad la presencia de fuertes ciclos y de una alta volatilidad”.

    En ese trabajo se destaca el inicio del siglo XXI como un cambio respecto a “la insuficiencia estructural” en inversión que tuvo históricamente el país, al igual que la mayoría de los latinoamericanos. “Sigue entonces planteado el desafío de mantener y elevar el nivel de las inversiones”, observan sus autores.

    Carolina Román y Henry Willebald, del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, elaboraron la serie más extensa sobre formación de capital en Uruguay hasta el momento, que abarca desde 1870 a 2012. Entre otras cosas, muestra que la tasa de inversión (relación entre la formación de capital fijo y PBI) fue de “apenas 14%” en promedio en esos 142 años, observan.

    A su vez, los montos invertidos tuvieron un incremento anual de 2,7%, mientras el Producto lo hizo 2,9% en el mismo lapso.

    El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) advierte en un estudio que “la baja dotación relativa de capital (especialmente físico, pero también humano) ubica a la economía uruguaya en ratios de capital a producto por debajo de los típicos en las economías más avanzadas, pero, incluso, respecto de los de otras economías de similar nivel de desarrollo relativo”. Esto implica que, a pesar del crecimiento reciente en la formación de capital, la economía aun depende de que las inversiones tengan un mayor peso respecto a la producción total del país, dado que el capital acumulado aun no está en su máximo posible.

    Sobre esto, en la investigación del BID se señala que “además de las posibilidades de un crecimiento dictado por una evolución más dinámica de la productividad”, hay “todavía mucho espacio para avanzar de manera ‘extensiva’ en la acumulación de capital (físico y humano) como mecanismo para consolidar el proceso de crecimiento”.

    Bittencourt y Reig señalan que dentro de la inversión privada, la construcción fue en general mayor que las adquisiciones de maquinaria y equipos, lo que implica una menor incorporación de tecnología a la economía. A su vez, sostienen que los montos invertidos presentan un comportamiento “fuertemente cíclico” y también “volátil” en una mirada de largo plazo.

    La inversión pública fue en los años recientes cerca de 20% del total. Las empresas estatales y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas son los agentes principales en ese aspecto.

    Un índice elaborado por Búsqueda toma en cuenta dichos organismos y los vinculados a la educación para medir la evolución de las inversiones que más se relacionan con el crecimiento económico. Este muestra una alta volatilidad: luego de un desempeño recesivo en promedio entre 2000 y 2004 —cuando cayó 4% anual en términos reales, es decir descontando el efecto de la inflación—, tuvo un fuerte repunte hasta 2009, con un aumento medio anual de 15,5%. Desde 2010 hasta el año pasado creció 6% anual.

    Capital extranjero.

    En los últimos años la llegada a Uruguay de inversiones desde el exterior aumentó notablemente. Luego de un siglo XX con niveles casi nulos en relación al PBI, a partir de mediados de la década del 2000 dicho ratio se ubicó generalmente por encima del 5%, los máximos históricos.

    Según el documento del BID, en el pasado “Uruguay se caracterizó por un insuficiente flujo de inversión bruta que, dada la tasa de depreciación, se tradujo en incrementos netos muy reducidos del stock de capital”. Ello implica que “la intensidad de capital de la economía ha estado reduciéndose tendencialmente”, se agrega.

    “Recién en la última etapa la economía uruguaya, impulsada por el fuerte aumento experimentado en la inversion extranjera directa, ha registrado tasas de formación de capital algo más significativas”, remarca el organismo.

    Observa, no obstante, que si bien las inversiones se dirigieron a numerosos sectores, “los montos más importantes han estado todavía excesivamente concentrados en unos pocos proyectos de gran envergadura (en el sector papelero-forestal)”.

    El BID diferencia el actual período “con mayores perspectivas de sostenibilidad” de otros en el pasado, “cuando una proporción mayoritaria de los flujos externos recibidos por el país eran de naturaleza financiera”.

    En un documento de ese organismo relacionado con un préstamo recién aprobado para Uruguay, sostiene que “el actual contexto internacional, con una posible desaceleración de las economías de la región, la caída del precio de los commodities y el potencial aumento de las tasas de interés en Estados Unidos (EEUU)” genera “una nota de cautela” y “obliga a redoblar los esfuerzos para consolidar el posicionamiento internacional del país”.

    Economía
    2014-12-11T00:00:00

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