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Todavía más con la crisis derivada del Covid-19, que limita el trabajo humano presencial, las tecnologías denominadas 4.0 —máquinas autónomas, el Internet de las cosas, la manufactura aditiva, big data, la computación en la nube, inteligencia artificial y la realidad aumentada— van penetrando en los sistemas productivos del mundo. Pero Uruguay muestra un “retraso” en cuanto a la adopción de estos desarrollos: apenas el 1,2% de las empresas la usan, mientras que más del 80% están ancladas en aquellas de primera y segunda generación en sus diferentes áreas funcionales.
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Una encuesta que abarcó a tres sectores que pueden ser representativos de la situación general reveló bajos valores promedio de adopción de tecnologías 3.0 y 4.0: 8% en la industria alimenticia, y 10% en la farmacéutica y química, lo mismo que en la construcción.
Las firmas más grandes —en cantidad de empleados— están en mejor posición tecnológica que el resto. Mientras que solo el 7% de las medianas y el 8% de las pequeñas usan herramientas 3.0 y 4.0, el porcentaje se duplica entre las de mayor tamaño (16%). “Sin embargo, la utilización de tecnologías más básicas sigue siendo predominante en Uruguay, dado que más del 75% de las empresas las adoptan”, independientemente de su dimensión, señalan los autores de un estudio sobre esta temática del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto para la Integración de América Latina (Intal).
A futuro, el panorama que recogió el sondeo es de “altas expectativas” y “poca acción”, resume el documento, fechado en octubre. En promedio, “solo el 5%” de las empresas uruguayas de los tres sectores analizados declaró estar dando pasos y el 6% ha definido proyectos de actualización tecnológica. “El estadio de las inversiones se condice con estas tendencias, dado que se observa una mayoría inactiva en términos de inversión o bien en estadios iniciales de estos proyectos”, acota.
“Desafío”
El estudio, titulado Travesía 4.0: hacia la adopción tecnológica uruguaya, cita diversas investigaciones que llevan a pensar que la adopción de herramientas avanzadas “es un desafío para el país”. Por ejemplo, menciona un trabajo realizado este año por BID Lab en colaboración con la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), según el cual existen bajos niveles de digitalización en las empresas de la cadena de suministro en Uruguay, particularmente en las firmas micro y pequeñas.
La encuesta recogida en el documento del BID y el Intal fue hecha —en el trabajo de campo— en colaboración con la Cámara de Industrias para el sector de alimentos procesados y bebidas, y de la consultora Voices! para farmacéutica-químicos y construcción; abarcó a 166 empresas. En 2019 estos tres sectores representaban el 18% del Producto Bruto Interno (alimentos procesados y bebidas 6%; la industria farmacéutica-química 2%; y la construcción 10%) y empleaban a 10% de los ocupados totales.
Presenta el análisis de los resultados como una “radiografía de la penetración de la industria 4.0 en el país y su demanda de habilidades”. El estudio señala que si bien el sondeo se hizo a fines de 2018 y principios de 2019, “y por lo tanto no tiene incorporados los incipientes efectos que la pandemia del Covid-19 conlleva, se considera de vital importancia investigar la realidad uruguaya previo a este shock mundial”.
La “utilización de tecnologías más básicas sigue siendo predominante en Uruguay” y por encima del 75% de las firmas las adoptan, considerando todos los tamaños.
La “escasa adopción de tecnologías de vanguardia” se constata también al contrastarlo con Argentina y Brasil. La industria brasileña saca ventaja en todas las áreas funcionales con respecto a ambos países, pero particularmente en la adopción de tecnologías de gestión comercial, como la relación con proveedores y clientes. En este campo, Uruguay se acerca a la frontera tecnológica argentina, pero con desventajas. El país “aparece fundamentalmente retrasado en cuestiones productivas como desarrollo de productos y gestión de procesos productivos, situación que lo ubica en particular desventaja en cuanto a la competitividad”. Por eso, los autores observan que “son importantes los esfuerzos que la industria uruguaya deberá realizar en todas las áreas funcionales para converger” con sus vecinos en materia tecnológica.
Tractores, alpinistas y cóndores
Para establecer una tipología de la estructura empresarial uruguaya, con una metodología de clusters el estudio clasificó las firmas en tres grupos a partir de dos índices o variables: de adopción tecnológica y de dinamismo.
El primer agrupamiento, identificado como “tractores” (trekkers), corresponde a las firmas que utilizan tecnologías de primera y segunda generación y no están tomando ninguna acción concreta para cerrar su brecha tecnológica. En esta categoría se ubica la mayor parte (74%).
Otro 22% de las empresas conforman el grupo de “alpinistas”, donde predomina la utilización de tecnologías de segunda y tercera generación. Incluyen, además, a las empresas que están tomando acciones concretas para aproximarse a la frontera tecnológica en los próximos años, a pesar de encontrarse actualmente utilizando tecnologías atrasadas.
El agrupamiento de las empresas en las que predominan el uso de tecnologías 3.0 y 4.0 es el más chico: es solo el 4%.
Esta categorización expone un predominio de los sectores “atrasados tecnológicamente y poco dinámicos. Sin embargo, cerca de un cuarto de esta estructura parece estar tomando acciones para cerrar su brecha tecnológica”, matiza la investigación.
Al analizar por rama, tamaño y perfil exportador de las empresas, se destaca la construcción entre los “cóndores”, mientras que en alimentos procesados predominan los de las otras dos categorías. En la industria farmacéutica y química, las firmas están más repartidas.
Por dimensión, la proporción de empresas grandes aumenta en los clusters más adelantados.
Si bien es esperable que la mayoría de las empresas trekkers sean no exportadoras, “parece contraintuitivo que las que participan en los mercados internacionales representan una menor proporción entre los cóndores”.
Obstáculos
Los principales obstáculos para innovar advertidos por los encuestados refieren a factores internos. Además de la alta inversión inicial (mencionado por el 25% del cluster de “tractores” y “alpinistas”), uno de los más mencionados fue la “cultura” de la propia empresa. A la luz de esas respuestas, los autores dicen que cabe preguntarse “si la falta de dinamismo constituye un rasgo característico del ecosistema empresarial del país”.
Por fuera de estos dos factores, los obstáculos más señalados por las empresas “cóndores” recaen en la dependencia de la tecnología a incorporar, la dificultad para estimar los beneficios de la innovación y la escasa competencia que presenta el mercado. Las “alpinistas” remarcan la falta de recursos humanos adecuados, las limitaciones de escala y la dificultad para estimar los beneficios económicos. Entre las “tractores”, los principales impedimentos son las restricciones de escala y la falta de financiamiento, factores “acordes a las características de este grupo”.
A pesar de los bajos niveles de inversión en investigación y desarrollo reportados por los tres agrupamientos y de los variados obstáculos menciondaos por las empresas, en Uruguay “parecen existir niveles llamativamente elevados de innovación”. Más de la mitad de los encuestados en los tres clusters aseguraron haber introducido al mercado nuevos productos o procesos en los últimos tres años.
Recomendaciones
Como es usual en este tipo de estudios, incluyen recomendaciones. Sugiere adoptar un “plan multivinculante de innovación en el país”. En primer lugar, recomienda “fomentar la concientización y adopción tecnológica por parte de las industrias y servicios para favorecer la innovación y aumentar su productividad, dado el rezago” actual. También una “campaña de comunicación” podría contribuir en esa dirección.
Por otro lado, aconseja monitorear la oferta de desarrolladores de software y tecnologías 4.0 para que acompañe a la adopción de tecnologías que puedan brindar soluciones específicas. Y sugiere “incentivar a la par programas de formación dual entre las empresas y el sistema educativo para lograr tener trabajadores formados en las habilidades tecnológicas. Actualmente, las firmas no consideran valiosas estas aptitudes en sus empleados, reflejo de una cultura de la empresa alejada del progreso tecnológico”.