—Hay cosas en las que, aunque no te genere satisfacción, tenés que tener sentido de la responsabilidad. Vamos a hacer una apuesta incrementalista, de ir creciendo a lo largo del año. Una decisión que se tomó a conciencia fue la de no dar señales proactivas de oferta turística en la temporada estival, sino más bien guardarnos. De hecho, había gente que nos reclamaba que no salíamos a vender el destino, frente a los otros departamentos que, más allá del Covid, sí lo hacían. Y es entendible, porque esos departamentos tienen solo la temporada estival para hacer turismo y algunos de ellos viven casi todo el año de ella, aunque esta temporada igual tuviese las características que ya sabemos: sin extranjeros, con mucho menor gasto, menos ocupación de hoteles, etc. La diferencia con Montevideo es esa. Estamos proyectando ir deconstruyéndonos en el sentido de que estas cosas pasan y hay que aprender de ellas, y hay que cambiar para mejor. Ese cambio para mejor me hace pensar en algo mucho más profundo, que yo ya tenía en la cabeza, pero el programa del Frente Amplio lo contiene con mucha claridad y la intendenta y el departamento también lo tenían muy arriba en la agenda de políticas a desarrollar, que tiene que ver con el turismo interno.
—¿Cómo fomentarán el turismo interno en Montevideo?
—Los expertos a los cuales he ido acudiendo pronostican que la recuperación al menos va a llevar dos años. Este año ni se cuenta, y cuentan 2022 como un año casi perdido en lo que es flujo de extranjeros. Va a haber algo si se abren las fronteras, si estamos vacunados, si (se implementa) el carnet sanitario, que va a ser mucho más que cero, que es lo que hay ahora. Va a haber más ingresos y va a haber posibilidades de pequeños resurgimientos, ojalá, de hoteles, restoranes, circuitos. Ahora, la realidad es que el turismo interno llegó para quedarse como estrategia ya perenne, no algo de coyuntura. Tenemos que apechugar con el turismo interno como mascarón de proa por lo menos dos años. Hay algunos actores políticos que se afilian a hipótesis más optimistas. Yo prefiero ser mucho más cauto y responsable, en el sentido de que la propia realidad nos ha ido demostrando que todo ha sido mucho más difícil de lo que pensamos. El turismo interno, no por maldad de los jerarcas de turno sino porque estaba la vaca sagrada que eran los turistas que venían y dejaban y dejaban, fue quedando en un costado. Sabés que te va a dejar menos económicamente y que merecería una atención focalizada de largo plazo. Ahora hay una intención de mandar un mensaje, de querer romper barreras con la guetización que hay en Montevideo, real y mental. La guetización real es que la gente no se mueve en el territorio. Tenemos un departamento en el que la gente se mueve por tubos hacia su trabajo, hacia su universidad, hacia buscar a los chiquilines en la escuela, hacia lo de su pareja, hacia alguna salida concreta y en determinados barrios, y no sale de ahí.
—En diciembre mencionó la idea de revitalizar el Cerro a través de algún proyecto turístico, como un parador. ¿En que está ese plan? ¿Es parte de la estrategia para que los montevideanos se muevan más dentro de la ciudad?
—En vez de decir “vamos a sentarnos a esperar que se abran las fronteras y empiecen a llegar extranjeros, mientras esperamos, vemos qué hacemos, pedimos exoneraciones, esto, lo otro…”, ¡no!, aprovechemos esta oportunidad histórica. Estamos totalmente decididos a que Montevideo sea el principal destino turístico interno de Uruguay, al cual elijan los uruguayos para visitar, disfrutar, conocer, y los montevideanos, que es la paradoja más grande. Los montevideanos conocemos el 5% del departamento. De la ciudad capaz que conocemos el 10%. No tenemos ni idea del departamento en el que vivimos, con la variedad, la diversidad de cosas espectaculares que, como las tenemos todos los días, no las valoramos o a veces ni siquiera las vemos. El departamento está lleno de tesoros escondidos que los montevideanos no han tenido la inquietud de encontrar. En los cuatro años y pico de gestión vamos a insistir en tratar de que haga clic esa perilla en el ADN de los montevideanos. Primero, porque son nuestros principales y eventuales consumidores de turismo interno, porque están acá, porque viven acá y porque es cuestión de el fin de semana ponerse unos championes y salir a recorrer lugares paradisíacos que tenemos. Vas para el lado del oeste y tenés las chacras, con sus pequeñas cañadas que están abiertas al público. Vamos a potenciar todo eso, circuitos que tengan que ver con descubrir ese Montevideo rural que conocen unos pocos. La Unidad Agroalimentaria Metropolitana nos ayuda a empujar para tener una especie de símbolo interesante a conocer. Y después, para nosotros es fundamental recuperar el turismo cultural, barrial, de la idiosincrasia histórica de Montevideo. Hago énfasis en el departamento porque a veces parece que Montevideo es solo la ciudad. Típica demostración de lo poco que se conoce y de cómo el montevideano hoy se autopercibe. Pretendemos cambiar esa percepción. Una ciudadanía desarrollada, democráticamente culta, en donde esa cultura está esparcida por toda la sociedad, no se guetiza. Hoy tenemos dialectos, formas de comunicarse en las que no se entienden entre montevideanos. Hay guetización territorial cruda y dura, y no hay sentimiento de comunidad. Hay violencia, hay división y hay fractura social.
—Entonces, ¿piensa desarrollar un proyecto concreto en el Cerro?
—Para mí el Cerro es una obsesión. Forma parte de la construcción del Cerro un lugar que se usó de cafetería que me marcó mucho. Antes mi grupo político tenía tres grupos en el Cerro. Íbamos como lo más natural del mundo, no había barreras, por eso quizás es algo que me impulsa mucho a no dejar que triunfen todos esos cánceres que tenemos como sociedad y que lo único que hacen es contribuir con esta cosa bipolar, no solo políticamente, sino social y económicamente. Los políticos tendríamos que ser los primeros en dar señales y por eso estoy francamente disconforme con sectores del Frente Amplio que predican desde la confrontación permanente y radical, como sectores del gobierno que hacen lo mismo. Por el país tendría que haber una mirada mucho más nacional y mucho más de racionalidad centrista, que hay actores políticos que la están llevando a cabo. Creo que la IM es uno de los ejemplos.
—¿Qué otras estrategias tiene en mente para atraer gente de otros departamentos y captar el interés de los montevideanos por su departamento?
—Acá hay una parte simbólica y una parte ejecutiva. La parte simbólica va a ser incrementalista, en el sentido de que ya empezó y no va a parar. Empezó lanzando Montevideo + Paseos en el Cerro, en un lugar en donde no se podía ir porque hay monstruos marinos. Lo hicimos y no hubo ningún problema. Fue un mensaje muy fuerte. Lo querían hacer en un hotel, lo típico… Para cambiar el ADN y deconstruir hay que también mandar mensajes fuertes para ir corriendo los matorrales de prejuicios y preconceptos. Por otro lado, Santiago Vázquez es una joyita, porque además es, con temor a equivocarme, el único pueblo que tiene Montevideo fuera de la ciudad. Ahí está la casa de Zitarrosa y el promedio de edad es espectacular, es la antítesis del promedio de Uruguay: está lleno de jóvenes. Otro ejemplo: ¿está desarrollado el turismo fluvial en Montevideo? Mínimamente. Por suerte veo cada vez más gente en las playas haciendo deportes acuáticos. Eso ayuda también a sacarse otro prejuicio, que es el de las playas de Montevideo. No voy a discutir la calidad de las playas que tenemos en el este del país. Ahora, en Montevideo hay playas que permiten el disfrute en la temporada estival de cientos de miles de montevideanos. Vamos a apostar mucho a impulsar actividades náuticas, ya sea de índole didáctico, diversión o de forma profesional. Son deportes que podemos promocionar, incluso en momentos de Covid-19. También el turismo más al oeste, como el de plantaciones y vinos. Vamos a apostar fuertemente al enoturismo. Vamos a multiplicar los paseos para que la gente pueda movilizarse de un lado a otro, porque también es cierto que, además de que están los prejuicios y los preconceptos, el tema económico pesa. En 2020 algunos hoteles cerraron, otros se reciclaron y otros están esperando ver qué pasa. Y había que darles señales de que la situación difícil iba a seguir, pero que desde el Estado los íbamos a apoyar. No queríamos perder un hotel más y que los que cerraron reabrieran o vieran que había luz, que no iban a tener que cerrar por knockout en 2021. Son hoteles de dos o tres estrellas, con un arraigo hasta familiar, bastante a la uruguaya. El oxígeno que logramos significó una esperanza muy importante para ese sector.

Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
—¿Cómo ha sido la recepción del sector privado a esta estrategia de la intendencia?
—Los privados, por más que preferirían que estuvieran los cruceros desbordados, están muy comprometidos con que Montevideo sea el destino turístico interno más importante. Y eso no solo significa aprovechar la materia prima que somos los montevideanos, sino abrirles las puertas y abrazar a todos los uruguayos para que sientan la certeza de que la capital no es solo Tres Cruces. Para alguien del interior es toda una aventura venir a Montevideo; pretendemos revitalizar ese idilio. Para eso vamos a invertir mucho en promoción programada. Emprendimientos privados, de compras, de gastronomía, de deporte, de varios rubros a los cuales vamos a ponerle la pata del Estado para tratar de ayudarlos en la producción hacia dentro y fuera de Montevideo, para que sean parte del pack que arma un riverense o un salteño para venir un fin de semana.
—Pensando en la Semana de Turismo que se viene y recordando lo que fue la anterior, en la que se exhortó a la gente a quedarse en casa. ¿Cuál será la estrategia ahora que la situación es peor a la del año pasado?
—En enero trabajamos mucho a puertas cerradas, cuando no se veía mucho a Montevideo. Habíamos tomado una actitud de repliegue responsable, salvo en los servicios esenciales por parte de la IM. Estaba primero la salud. Pero hay una cantidad de formas de hacer turismo responsable aún en este momento, porque el problema somos las personas, más que la pandemia. Acá los que no nos cuidamos somos nosotros, si nos cuidáramos bien no estaríamos en esta situación. Entonces podés hacer turismo cuidándote y evitando lo que no hay que hacer. La apelación a ese tipo de turismo, sí. Ahora la apelación a otro tipo de turismo que quizás lleve el mínimo de peligro de contagio, no. Como dirección de Turismo decidimos que por más que estábamos desesperados por salir a la cancha con un par de proyectos bien interesantes preferimos la responsabilidad. Entonces, sí a Montevideo + Paseos, sí a disfrutar Montevideo en su plenitud responsablemente, con todos los cuidados sanitarios que hay que tener para no contagiarse y para ser solidario con el otro. E invitar no solo a que los montevideanos aprovechen la Semana de Turismo para ir a lugares que no frecuentan habitualmente de esparcimiento, de deporte. Los culturales no, en la IM tenemos los museos cerrados, como parte de una política que llevamos a cabo. Todo lo que sea dentro del marco de las medidas, hagamos turismo, porque tampoco es encerrarse. Estuvo bien el gobierno en su primera etapa en aquella medida que tomó, porque fue ágil y de rápidos reflejos. Hizo lo que sirve, que es que no tiene sentido tomar una medida si sabés que no la van a acatar. Pero por suerte la gente es libre. De nuevo, el problema es el comportamiento de la gente. Entonces como político, poniéndome en los pies de Lacalle Pou, lo entiendo.
—¿Cuál es el presupuesto del Departamento de Turismo?
—Lo estamos trabajando, estamos en pleno combate de guerra. La torta es la misma, la IM es la misma y se ha visto afectada. Hay un recorte del 20% parejo para todos los departamentos en relación a lo que era su anterior presupuesto, lo cual no quiere decir que haya tocado la misma reducción a las distintas reparticiones. Además, hay cosas que no se van a poder hacer en 2021 porque hay un recorte grande, pero que se postergan para el 2022 y 2023, sobre todo los proyectos más macro o políticas de quinquenio. El presupuesto anual del departamento es de $ 15 millones para todo lo que tiene que ver con funcionamiento. Inversiones es lo que estamos peleando. Estamos presionando para que abra el Sofitel, porque nos parece muy importante desde el punto de vista simbólico. Por eso pensamos mucho en que así como el paradigma está en el Cerro también tiene que estar por ejemplo en Carrasco. Hay un turismo que nunca pisó determinados barrios y que puede haber cosas que le abran la cabeza.