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En los promedios se ahogan los petisos, reza un dicho que usan algunos economistas, y por oposición podría afirmarse también que se destacan los más altos. El rendimiento promedio para la cosecha de trigo que se está terminando de levantar en estos días se estima se ubicará en un entorno de 3.800 a 4.000 kg, y es bueno. Pero hay casos que, con buenas tierras y con decisión y tecnología, superan hasta en un 70 % esos niveles de producción.
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Gastón Narbaiz trabaja junto a su hermano y su padre en un campo de 1.000 ha en la localidad de Palo Solo, pegada a Ombúes de Lavalle, en Colonia, propiedad de su abuelo materno, Diego Debenedetti. Cada uno de ellos explota individualmente 300 ha y pagan a Debenedetti una renta equivalente al 20 % del valor del grano cosechado.
A su vez, Debenedetti, de 88 años, junto a su hermano hace una explotación ganadera en la parte del campo que cada 4 o 5 años “descansa” de la agricultura en una rotación con praderas para que el suelo pueda reponer los nutrientes perdidos. “Acá el suelo es muy bueno, es una greda pesada pero espectacular”, afirmó Narbaiz, quien aclaró que ese esquema agrícola-ganadero fue el que se aplicó en el campo “toda la vida”. Plantaron en esta campaña 600 ha de trigo, que ya cosecharon, y sobre los rastrojos plantaron unas 400 ha de soja de primera, además de las 600 ha de soja de segunda que harán y 55 ha que se prepararon para maíz.
Señaló que “lo principal” es la rotación y que es algo que los ayudó siempre a mantener los suelos en las mejores condiciones. Eso permite aliviarlos de mucho años de trigo-soja con el consecuente “castigo” que ello significa. “Pero tampoco podemos parar, somos agricultores y queremos una cosecha atrás de otra”, dijo, como justificando la agresión que se aplica a los campos. Los Narbaiz tienen la capacidad y la ventaja de poder rotar, pero aun así, afirmó que de un año a otro cada vez se precisa más abono para equilibrar los suelos. Sostuvo que “se están lavando las tierras” y que haciendo siembra directa, la tierra igual queda “livianita arriba” y con las lluvias fuertes ocurridas hubo “arrastres importantes”.
Gastar para que rindan
Son agricultores natos, y como tal razonan para tomar las decisiones. Obtuvieron de promedio 6.700 kg por hectárea en trigo y unos 4.500 en cebada, rendimientos considerados como muy buenos incluso para la zona, con un clima que acompañó la trilla, lo que también jugó a favor de los resultados.
Pero no todo está librado al comportamiento del clima: “A los trigos les gastamos como para que rindan y nos ayudó el tiempo”, dijo Narbaiz. Es que la filosofía de esta familia de productores, con las tres generaciones trabajando en el campo, es la de no escatimar en el uso de los recursos disponibles. Trabajan con los mejores equipos, que son propios, con los mejores insumos, con asesoramiento técnico y no ahorran a la hora de darle al cultivo lo que este necesita. “Si te ponés a machetearle abonos o productos, después lo pagás en los rendimientos”, afirmó. Y mientras su cosechadora valuada en más de U$S 200.000 trillaba los últimos tramos de la chacra y el monitor de la cabina señalaba los 6.700 kg, sonriendo declaró: “Estos están rindiendo muy bien, pero tuvieron cuatro aplicaciones de fungicida y eso tiene un costo altísimo”.
El rendimiento de equilibrio para esta chacra, a los valores del cereal hoy, fue de unos 4.000 kg por ha, por lo que en este caso lograron una rentabilidad bruta razonable. Sin embargo, Narbaiz aclaró que aun con estos rendimientos, “los números están muy ajustados”. Sostuvo que si bien los insumos han tenido un ajuste a la baja en los precios, estos no han sido de la magnitud suficiente como para compensar la caída en los valores del grano, que ha sido “muy importante”. El precio del trigo hoy en el mercado de Chicago se ubica algo por debajo de los U$S 180 por tonelada.
Este productor, hijo y nieto de productores, tiene claro que con el trigo a ese precio y al de referencia en que hoy se mueve el mercado de la soja, tendrán que estudiar muy bien por dónde podrán ajustar costos para redondear un año razonable desde el punto de vista de la rentabilidad.
“Te ponés a pasar raya a fin de año y los números no son gran cosa. Lo que nos venía salvando siempre, era cuando la soja valía U$S 450 o U$S 500 y ahora es otra realidad”, sostuvo. La soja en Chicago hoy tiene un precio aproximado a los U$S 320 por tonelada.
Lo que sí tiene claro es que ese ajuste, que considera necesario si no hay una poco probable reacción en el precio de la soja, no se hará a costa de los rendimientos. “Si ahorrás en los insumos, lo pagás en los rendimientos”, reiteró con insistencia. Un primo de Narbaiz es quien los asesora agronómicamente, y lo que ese técnico dice, se hace. “Ahí están los buenos rendimientos”. Puso como ejemplo una cebada que este año se afectó de Ramularia (manchas foliares que afectan el crecimiento de las plantas) y que requirieron de aplicaciones adicionales con un producto de costo alto. “Si no lo hubiésemos hecho no hubieran alcanzado ni la mitad de rendimiento”, dijo y aclaró que “por suerte, el cultivo respondió muy bien”.
En comparación con la campaña anterior, este fue un año completamente diferente, especialmente en los rendimientos, donde la diferencia fue “muy grande”. Sin embargo, Narbaiz aclaró que como contrapartida, mientras el año pasado con rindes mucho más bajos se obtuvo una calidad alta que les permitió buenos niveles de comercialización, este año la cosecha arrojó un producto bajo en proteína, que lo atribuyó justamente a los buenos volúmenes cosechados.
En el caso de la soja ya sembrada, dijo que se le va a dar “todo lo que ella precise” y que espera que el tiempo los acompañe para intentar obtener un muy buen rendimiento que compense los bajos precios. “Vamos a volver a apostar al volumen”, aseguró.
En la zafra 2014/2015 obtuvieron rendimientos en sojas de primera del orden de los 3.500 a 4.000 kilos y en segunda en el eje de los 2.800 kg, ambos considerados muy buenos y con un precio que “ayudó un poco más”. No obstante, se llevaron una sorpresa, porque antes de la trilla estimaban, mirando las plantas, que podrían alcanzar los 5.000 kg, pero les faltó el agua en el último tramo y “quedaron con el grano chico”.
La apuesta de los Narbaiz es a cosechar mayor volumen cada año y piensan que para esta campaña, siempre y cuando el tiempo los acompañe, pueden superar los volúmenes porque “se ha sembrado muy bien y las tierras están muy lindas”.
Ni sueñan con achicar área, ni con bajar costos en tecnología para enfrentar los bajos precios. Sueñan con más rendimiento. Son agricultores, y no pueden ni quieren parar.