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Casi cuatro meses atrás, cuando la campaña electoral recién calentaba sus motores, cinco precandidatos blancos se reunieron en Santa Clara del Olimar y se prometieron bajo una lluvia muy molesta que habría “unidad o derrota”. Los brazos en alto, las manos entrelazadas y las mejores caras de confraternidad correligionaria quedaron inmortalizados el día después en las fotos de la prensa.
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A menos de tres semanas para el domingo de las elecciones internas, hoy el escenario es distinto a aquella tarde de febrero. En primer lugar por una cuestión propia del devenir de la campaña: ya no hay cinco precandidatos. Uno de ellos, el senador Sergio Abreu, se bajó de la competencia para apoyar a Luis Lacalle Pou. Pero el escenario también cambió por una razón casi inevitable, en la recta final la polarización entre dos opciones se hizo aún más evidente; la disputa interna entre Jorge Larrañaga y Lacalle Pou se tornó pareja y los candidatos apuestan ahora a marcar sus diferencias para que el elector entienda que, pese al obligatorio y de manual discurso de unidad, no son la misma cosa. No solo se trata de perfiles y estilos distintos, de la manera de pararse para enfrentar a un auditorio, del tono al que apela cada uno para comunicar sus propuestas. Hay por lo menos dos temas programáticos, centrales en cualquier campaña, en los que desde las dos partes han intentado desmarcarse: seguridad y educación.
Lacalle Pou discrepó públicamente con la idea de Larrañaga de militarizar la Policía e incluso arriesgó en una entrevista en el programa “Entrelíneas” de TCC que este tipo de anuncios lo corren “hacia la derecha”, un comentario que no cayó nada bien en el comando de su principal adversario en las internas.
El 29 de abril, Larrañaga presentó el Plan Libertad con sus propuestas sobre seguridad pública. Un día después se explayó sobre el tema en un desayuno en la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) y contestó algunos reparos lanzados horas antes por Lacalle Pou sobre usar a efectivos “preparados para una guerra” en la seguridad interna. “Que me vengan a decir a mí que la preparación de los militares es bélica exclusivamente...”, dijo. “Hace falta participación de militares en sustitución de la policía estacionaria”, insistió. Una semana más tarde, el 7 de mayo, Lacalle Pou respondió desde el mismo escenario de ADM, en el Club de Golf. Se pronunció en contra de la medida de Larrañaga. Dijo que hay “suficientes” policías en Uruguay como para garantizar la seguridad, cuestionó la capacitación de los militares para que actúen en un patrullaje policial y explicó que una acción de este tipo encierra el mensaje de que “la policía no sirve” para combatir la delincuencia.
En ese mismo desayuno, Lacalle Pou hizo además una fuerte defensa a la propuesta de bajar la edad de imputabilidad a 16 años para poder juzgar penalmente como adulto a los menores que delinquen, un tema que no solo no es compartido por Larrañaga sino por buena parte de los jóvenes de Alianza y del propio Herrerismo que militan activamente por el “No a la baja”. Sin embargo, para Lacalle Pou bajar la edad de imputabilidad “es el camino” contra la inseguridad, según dijo en ADM. Mientras Larrañaga prácticamente no habla del asunto y le da voz a los jóvenes para que comuniquen su postura en contra, Lacalle Pou se embandera con el tema y hasta lo utiliza en sus spot publicitarios. Actualmente se puede ver uno en el que el diputado Javier García —ex dirigente de las filas de Larrañaga— argumenta a favor de la baja.
En los planes sobre educación también hay diferencias. Los dos precandidatos las subrayan cada vez que pueden. La principal es la representación de los sindicatos en los organismos de enseñanza. Larrañaga los quiere mantener, Lacalle Pou no. “Pretendemos y queremos que sigan aportando a la construcción de la educación pública”, dijo Larrañaga cuando presentó el Plan Futuro con sus ideas sobre la educación. Aclaró, eso sí, que le parece “fundamental” que la “democracia representativa no sea sustituida por la democracia corporativa”. Lacalle Pou fue más enfático. “No van a estar más los sindicatos, las corporaciones gobernando la educación, los vamos a fortalecer, vamos a fortalecer las asambleas técnico docentes (…) pero el gobierno va a estar en manos de quien la gente vota, para algo nos eligen y no es para compartir el poder. Autoridad que no se ejerce, se termina perdiendo”, declaró a medios de prensa a la salida de un acto en el interior.
Dos estilos para confrontar.
En los comandos de ambos precandidatos defienden celosamente los perfiles instalados por sus presidenciables. La tónica de Lacalle Pou es la de no apartarse del carril “por la positiva”, no responder posibles ataques o menciones indirectas. Larrañaga, en cambio, va al choque. La estrategia es ubicarlo como el “opositor”, como el candidato que confronta a Tabaré Vázquez y al Frente Amplio. Con esa idea, Larrañaga ha rechazado sistemáticamente cada invitación a un debate con Lacalle Pou porque entiende que “los adversarios están afuera” del Partido Nacional. Otra diferencia que ambos comandos pretenden marcar es el momento de comunicar ciertos planes de gobierno. Para el sector de Larrañaga no es tiempo de anunciar posibles futuros ministros. Lacalle Pou, en cambio, ya confirmó que su ministro de Educación será Pablo Da Silveira y el de Industria, Álvaro Delgado.