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Fundada en 1867, la Bolsa de Valores de Montevideo —entonces Sociedad Bolsa Montevideana— tuvo un rápido desarrollo en sus primeros años. Sin embargo, su sede en la Ciudad Vieja parece hoy fuera de escala para el mercado local, que tiene además otro ámbito, la Bolsa Electrónica. Para que la actividad bursátil crezca tiene que haber “más empresas que vean la oportunidad de financiarse a través de la bolsa y no solo a través del sector financiero más tradicional como son los bancos”, pero también se precisa interés por los papeles, afirmó a Búsqueda la jefa de inversiones de BID Invest, Gema Sacristán. Y, en ese sentido, dijo que los bonos “temáticos” son, “sin duda”, una oportunidad para Uruguay. Eso sí, con ciertas condiciones.
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Se trata de instrumentos que en el mundo han tenido “un gran boom en los últimos años, especialmente en 2020, impulsado probablemente por la pandemia, pero obviamente también por la crisis climática y algunos retos sociales”, según Sacristán. El año pasado hubo emisiones de este tipo por US$ 246.000 millones.
Se trata, como todo bono, de vías de financiamiento alternativo al crédito de los bancos para gobiernos o empresas, con la diferencia de que en este caso los fondos recaudados deben destinarse a ciertos objetivos. Son de tres tipos: los “verdes”, que persiguen objetivos de energía renovable, eficiencia energética o agricultura sostenible; los “sociales”, vinculados generalmente a la promoción de programas de vivienda, educación, salud, inclusión financiera o género; y los “sostenibles”, que mezclan las otras dos tipologías. De este tipo de emisiones hubo 49% de bonos verdes, 34% de los sociales y 17% de sostenibles, consolidando un crecimiento de los dos últimos que responde a que “ya no todo es verde”, sino que también aparece la agenda social, con la necesidad de “cerrar desigualdades y proveer mejores servicios sociales”, dijo la funcionaria internacional. Esta deriva en los objetivos de los bonos temáticos es solo una de las cuatro “grandes tendencias cada vez más claras” que ven desde BID Invest; las otras tres son una mayor emisión de bonos temáticos soberanos, más indexados a la sostenibilidad y, dentro de los llamados “verdes”, los subgrupos “forestales”, “azules”, de “catástrofe” —muy importantes según ella en América Latina— y de “transición de marrón a verde”.
En la región, vario países ya se han adentrado en los mercados temáticos. Chile y Brasil fueron los pioneros, Colombia ya se comprometió a emitir un bono verde y otro de género, y Perú y México tienen planes. Sin embargo, Uruguay tiene —según Sacristán— “el potencial para convertirse en líder regional en finanzas sostenibles”. Por esta razón resalta la importancia que tuvo la reciente estructuración conjunta entre BID Invest y BBVA Uruguay: fue “una primera emisión para despertar interés” en el mercado local y ya han recibido llamadas de “varios clientes, no solamente del sector financiero, sino también del real”. En ese sentido, informó que es posible que un privado en Uruguay emita un bono de género este año.
Bancos y gobierno
“Si queremos una recuperación más verde y más resiliente en América Latina, tenemos que crear proyectos de este tipo, incides en la oferta y luego tienes que poner mecanismos que incentiven la demanda”, afirmó Sacristán. En el plano individual la demanda “va a venir, está creciendo por la conciencia social y medioambiental de la gente”, opinó. Eso, agregó, “se ve cada vez más claro en los patrones de consumo e inversión de las generaciones más jóvenes. Los millenials tienen mucho interés en los temas de sostenibilidad”.
La clave para lograr desarrollar este mercado a nivel local, en su opinión, está en los inversores institucionales, en particular las AFAP, y ello dependerá del “impulso que le den los gobiernos”.
Además, la ejecutiva dijo que desde BID Invest están “jugando un rol importante en el desarrollo del mercado”, contribuyendo a crear un Comité de Sostenibilidad en la Asociación de Bancos Privados de Uruguay y manteniendo conversaciones para lograr la firma de un protocolo de financiamiento sostenible que básicamente se enmarca en la futura creación de una “mesa de sostenibilidad público-privada”.
En lo que respecta al sector público, desde el Grupo BID están trazando junto con el Ministerio de Economía una “hoja de ruta para promover finanzas sostenibles”, dijo. La emisión de bonos temáticos está en la agenda de esa cartera (Búsqueda N° 2.110).
“Pregunta del mercado”
Otro de los beneficios que estos bonos temáticos podrían traer en el largo plazo están vinculados a “la gran pregunta del mercado”, según Sacristán: el precio del endeudamiento. Aunque “hoy en día no hay tanta diferencia” entre las tasas de interés de los bonos temáticos y los tradicionales, sí “se empieza a ver un precio un poquito menor” entre los primeros, y también algunos “ejemplos de instrumentos” en los que está asociada la rentabilidad para el inversor con los Objetivos de Desarrollo de Naciones Unidas. Sacristán lo atribuye a “una ley de las finanzas y una cuestión de riesgo-precio”: ahora el cambio climático es un riesgo, entonces si el inversor financia proyectos verdes hay menos riesgo y, por tanto, debería tener un mejor precio.
Por otra parte, desde hace unos años, una variante de estos bonos temáticos ha seguido “una tendencia muy interesante”, según ella, cobrando relevancia en los mercados de capitales: de la misma forma en que la deuda indexada a la inflación busca descontar los efectos del aumento de precios sobre el cupón a pagar, los títulos vinculados a la sostenibilidad prometen un pago aún mayor si los objetivos verdes o sociales no se cumplen. La primera empresa en emitir este tipo de papeles fue la italiana Enel, que colocó US$ 1.500 millones prometiendo que para fines de 2021 su capacidad de energía renovable alcanzará el 55% del total. Más cerca, en Brasil, firmas de logística, procesadores de carne y celulosa también han incursionado en este mercado. Los objetivos, en estos casos, refieren a reducciones en las huellas de carbono, la erradicación de prácticas no sostenibles (como la desforestación para ganadería), o están vinculados a la llamada “economía circular” (reutilización de recursos).
La garantía de cumplimiento de estos objetivos se basa principalmente en ciertas características del proceso de emisión —donde interviene por ejemplo la agencia Moody’s—, pero también en la posibilidad de tramitar certificaciones. Toda la información al respecto, además, se resume en la plataforma Green Bond Transparency, lanzada por BID Invest.
Los plazos y monedas de esta modalidad de deuda no se verían afectados por lo “verde” de los títulos, estimó Sacristán.