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Con las subas de aranceles impuestas hasta ahora entre Estados Unidos (EE.UU.) y China, el impacto sobre el Producto Bruto Interno (PBI) mundial será nulo, dado que el resto de los países se beneficiaría del desvío del comercio entre esas dos potencias. Para América Latina y el Caribe en su conjunto habría un efecto positivo (0,7%), y en el caso de México —por su importante potencial para sustituir manufacturas chinas en el mercado estadounidense— alcanzaría a 1,2%.
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Para Uruguay, la perspectiva en el estado actual del conflicto es que mientras sus exportaciones a China se incrementarían 11,5%, los envíos a EE.UU. bajarían 2,6%, según una simulación elaborada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Uno de los rubros beneficiados con un mayor acceso al mercado chino sería el agrícola.
Esta estimación de los posibles efectos sobre la producción y el comercio en cinco escenarios —suponiendo un progresivo agravamiento— forma parte del documento Perspectivas del comercio internacional para América Latina y el Caribe: Las tensiones comerciales exigen mayor integración regional, difundido la semana pasada.
Escalada.
Alegando supuestas prácticas desleales de China y la necesidad de abatir un déficit comercial bilateral —que ronda los US$ 400.000 millones—, el gobierno de Donald Trump subió primero los impuestos de entrada a su mercado al acero y el aluminio. Es el escenario “inicial” del conflicto; rápidamente se pasó a un segundo en el que ambas potencias se aplicaron aranceles recíprocos para gran parte de su intercambio comercial: las medidas ya abarcan a 50% de las importaciones de EE.UU. desde China en 2017 y a 85% de las exportaciones estadounidenses a ese país.
De esa forma, el arancel promedio de EE.UU. a los bienes chinos se cuadruplicó, al pasar de 2,4% a 9,5%, en tanto que el impuesto aduanero medio de China a los productos estadounidenses casi se triplicó (de 5,6% a 15,7%). El gravamen promedio que ambos países aplican al conjunto de sus socios también aumentó, aunque menos. Así se llegó al escenario tres —el actual— con el agravamiento de las tensiones y las represalias tomadas por algunos de sus socios, como la Unión Europea, Rusia, India, México y Turquía.
Para Uruguay, la perspectiva en el estado actual del conflicto es que mientras sus exportaciones a China se incrementarían 11,5%, los envíos a EE.UU. bajarían 2,6%, según una simulación elaborada por la Cepal.
Según la Cepal, los efectos sobre el PBI derivado del aumento de aranceles de EE.UU. a China (por US$ 250.000 millones) y la réplica china (por US$ 110.000 millones) serían más duros para el gigante asiático: en su caso el costo en términos de crecimiento alcanzaría 1,2%, frente a 0,2% para la economía estadounidense. Esto es así por cuanto las exportaciones de bienes a EE.UU. representaron el 3,6% del Producto chino en 2017, mientras que los envíos a China fueron 0,7% del PBI estadounidense en el mismo año.
Sin embargo, conforme se incrementa el número de países y sectores a los que se aplican sobretasas, crece la pérdida que EE.UU. sufre en su Producto. El costo llegaría a su máximo en el escenario cinco, de “guerra comercial” plena.
“Sin perjuicio de los efectos nocivos que tal escenario tendría sobre la economía mundial, y por ende sobre la propia región, también existen espacios que los exportadores (latinoamericanos) podrían aprovechar”, sostiene la Cepal. Por ejemplo, el aumento de los aranceles aplicados por EE.UU. a las importaciones desde China en una amplia gama de sectores genera oportunidades para aquellos países de América Latina y el Caribe que poseen una oferta similar, así como cercanía geográfica y acceso preferencial al mercado estadounidense. Es el caso en particular de México respecto de vehículos, electrónica y otras manufacturas, y de Centroamérica en textiles y confecciones.
Una situación similar se da por el lado de China, en especial para las carnes, soja, jugo de naranja y vino, entre otros. “Además de los grandes exportadores agrícolas como la Argentina y el Brasil, se encuentran en una posición particularmente ventajosa los tres países que tienen tratados de libre comercio vigentes con China (Chile, Costa Rica y Perú)”, indica el organismo.
De la región, los productos uruguayos son los que pagan el arancel más alto para entrar a esos dos mercados: 5,2% en China y 3,1% en EE.UU. (frente a 1,6% y 0,14% para el promedio de América Latina y el Caribe).
La estimación de los efectos de los diversos escenarios sobre las exportaciones de mercaderías de la región muestra que en el escenario uno los impactos son mínimos. En el dos y el tres —el actual—, las economías latinoamericanas (en particular México) reciben impactos positivos en su comercio ante la posibilidad de que sus mercaderías desplacen a bienes similares chinos en EE.UU. y a los estadounidenses en China. Los mayores beneficiados en las exportaciones a China en el escenario actual serían Argentina, Brasil, República Dominicana, Uruguay y Venezuela (ver cuadro).
De la región, los productos uruguayos son los que pagan el arancel más alto para entrar a esos dos mercados: 5,2% en China y 3,1% en EE.UU. (frente a 1,6% y 0,14% para el promedio de América Latina y el Caribe).
Las posibles ganancias se vuelven negativas en el escenario cuatro, a medida que la intensificación de las restricciones comerciales afecta las perspectivas de la economía mundial. La región solo vuelve a expandir sus exportaciones en el escenario cinco —de “guerra”—, donde la totalidad del comercio entre China y EE.UU. queda sujeto a alzas arancelarias. Ello porque en una fase como esa se crearían nuevas oportunidades para que mercaderías de la región desplacen a productos chinos en EE.UU., y a bienes estadounidenses en China. “Con todo, y más allá de estas ganancias de corto plazo, cabe señalar que una escalada proteccionista” entre estas dos potencias “traería serios riesgos para la economía mundial, situación a la que la región no podría sustraerse”, advierte la Cepal.