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En un entorno donde los países desarrollados muestran crecimientos potenciales “bajos”, sus bancos centrales están “condenados” a mantener tasas de interés reducidas para intentar dinamizar las economías. Pero a diferencia de lo que ocurrió hace algunos años, “ahora los inversores van a mirar con lupa el tipo de países donde invierten”, opina el economista jefe del equipo BBVA Research, Jorge Sicilia.
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“Son dinámicas que ya hemos visto en países como Japón (…)”, sostuvo. Según él, sus políticas monetarias están “reaccionando a unas condiciones subyacentes de la economía que requieren tasas bajas. Estamos condenados a tener tasas mucho más bajas que en otros ciclos”, afirmó a Búsqueda el analista, que la semana pasada estuvo en Montevideo para reunirse con clientes del banco.
“La productividad en los países desarrollados es baja. Entonces, el crecimiento potencial es bajo y se generan tasas de interés reales bajas. Uno hubiera pensado que esta revolución tecnológica iba a producir algún choque de productividad, pero no ha ocurrido. Eso puede ser fácil de solucionar, en la medida en que pueda haber un aumento de la difusión de productividad de empresas grandes a pequeñas. El segundo elemento tiene que ver con el envejecimiento de la población, que para cambiarlo se necesitarían dinámicas de migración que son muy difíciles de ver ahora mismo”, analizó.
En ese entorno, estimó que es “difícil” pensar en que no haya al menos dos reducciones en las tasas de política monetaria en Estados Unidos. “Un mundo de tipos (de interés) bajos es uno donde la posibilidad de equivocarte en tus decisiones de inversión es mayor y más costosa. Este es un entorno donde no sabes cómo va a terminar la guerra comercial, con tensiones geopolíticas y muchos elementos que pueden descarrilar la situación. ¿Van a seguir los capitales estando ahí? Sí. ¿Va a depender mucho de qué políticas económicas tomen los países para generar un entorno mejor? También. A diferencia de esa marea que vino en el pasado, ahora los inversores van a mirar con lupa el tipo de países donde invierten”, comentó Sicilia.
Explicó que hoy “las condiciones son muy diferentes. En 2009, China había introducido un paquete de estímulo fiscal enorme que aumentó la demanda por commodities. Eso impulsó el crecimiento de América Latina. Pero ese estímulo ya no está”, comentó. En esos años en que las tasas de interés estuvieron muy bajas en las economías avanzadas, Uruguay y otros países emergentes recibieron abundante inversión extranjera.
“Inquietud” pero no “alarma”
Ese contexto pone presión sobre la calificación de la deuda pública de Uruguay, que se mantiene dentro de la escala de bajo riesgo (investment grade), según las principales calificadoras, aunque con perspectiva negativa en varias de ellas. De acuerdo con el economista jefe de BBVA, el nivel de endeudamiento sobre el Producto Bruto Interno (PBI) del país causa “un poquito de inquietud”, pero no una “alarma”. En ese sentido, comentó: “¿Hay que poner un foco en el déficit público o (el nivel de) deuda? Sí. ¿Hay una sensación de deterioro reciente, grave, en algunos de estos elementos que haga que se tenga especialmente el punto de mira en Uruguay respecto a otros países? Todavía no”.
El banco español proyecta que la economía uruguaya crecerá 0,8% este año. Ve el consumo “estancado” y una tasa de desocupación “muy alta”. A eso se le suma la incertidumbre electoral. Aunque, “visto desde una perspectiva global”, Sicilia opinó que las opciones políticas que se plantean “no parecen muy diferentes, ni serían un cambio radical de la política económica”.
De cara al 2020 la institución prevé un aumento del Producto Bruto Interno cercano a 1,7%, si grandes proyectos como la segunda planta de UPM dan “un tirón de la economía hacia delante. Porque asociado a ese proceso de inversión, se arrastra empleo”, dijo. “Mucha” de esa estimación está condicionada a que la megaobra se lleve adelante: “La previsión que tenemos contempla que eso ocurre. Si no, revisaríamos seguramente las previsiones a la baja”.
El crecimiento de Uruguay estará, también, atado a la realidad de la región. Mientras que BBVA proyecta para Argentina una expansión cercana a 2,5% hacia 2021, de Brasil le preocupa la falta de aprobación de algunas reformas clave, como la de la seguridad social.
“Las elecciones van a ser importantes en el proceso de transición y luego para definir cuáles son las perspectivas de Argentina a largo plazo”, dijo. “Tenemos una previsión que tiene que ver con la inercia del funcionamiento actual. Eso nos lleva a un crecimiento que puede alcanzar niveles del 2,5% o 3% dentro de dos años. Si las condiciones cambian, efectivamente cambiaremos esa previsión”.
“En Brasil, si no se hace una reforma de pensiones, el espacio fiscal queda muy, muy pequeño. Entonces, lo que seguramente haremos todos los economistas será reducir (la estimación) de su crecimiento potencial. Pero no necesariamente el de corto plazo, porque si en paralelo tienes una recuperación del precio de los commodities, podríamos revisar al alza las previsiones para un conjunto de países”, adelantó.
Aunque en Uruguay el nivel de déficit fiscal es un punto “débil y vulnerable” de la economía, BBVA considera que aún se pueden introducir “muchas medidas” para cambiar eso, por ejemplo reformando el sistema de seguridad social.
“Brasil es un ejemplo de hasta dónde puede llegar la situación si no se es capaz de atajarla a tiempo. En comparación con Uruguay, pues no estamos hablando de lo mismo. Brasil tiene presiones fiscales que están por encima de los países europeos; Uruguay no. Pero Brasil está pagando un precio por eso. Uruguay, entonces, puede tener un problema en la medida en que haya agentes que miren la perspectiva fiscal a largo plazo y tomen decisiones basadas en eso. Por ejemplo, es el caso de las agencias de calificación. Porque cuanto más lo dilate, más agresivas tienen que ser las medidas para corregir (el gasto público) que si la hubiera tomado anteriormente. Pero Uruguay no está en una situación muy diferente a la de otros muchos países que tienen problemas en pasivos contingentes de pensiones”, analizó el economista.