Con el virus propagándose ahora rápidamente por toda América (24 países del continente habían confirmado casos de personas infectadas hasta esta semana; Uruguay es por ahora una de las excepciones) la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el lunes 1º una emergencia global por la posible relación entre el zika y la microcefalia u otros trastornos neurológicos.
Pero ese vínculo sigue sin ser comprobado científicamente y los investigadores reconocen que ignoran información básica sobre el virus, que tiene a un mosquito como principal vector. Así, el zika se ha vuelto un desafío inesperado, tanto para la ciencia como para los gobiernos de la región, que intentan contener su avance sin siquiera saber cuántas personas han sido infectadas hasta el momento.
“No tenemos todavía el mecanismo esencial para dimensionar el problema, para tener datos más concretos”, dice Artur Timerman, un destacado médico infectólogo en San Pablo que preside la sociedad brasileña de dengue y arbovirosis.
Batalla contra el mosquito
El zika fue identificado por primera vez en 1947 en la selva ugandesa Zika, que le dio el nombre. Pero estudios genéticos recientes descartaron que el virus presente en América pertenezca al linaje africano y confirmaron en cambio que corresponde al asiático, el otro origen que se le conoce.
Más precisamente, los análisis concluyeron que el zika hallado en la región tiene 99% de identidad con la secuencia del virus que provocó un brote infeccioso en la Polinesia francesa en 2013, cinco años más tarde de haber sido detectado en la Micronesia, al oeste del océano Pacífico, la primera vez que se registraba su presencia fuera de Africa o Asia.
Cómo se trasladó el zika a América Latina es motivo de especulaciones. Los expertos sospechan que pudo haber llegado con turistas que asistieron al Mundial de Fútbol Brasil 2014 desde Isla de Pascua, donde las autoridades chilenas confirmaron un caso autóctono ese mismo año. Pero esto tampoco ha sido comprobado científicamente.
Lo cierto es que los primeros casos de zika fueron detectados en Brasil entre abril y mayo del año pasado, y desde entonces el virus adquirió una dimensión nueva por su rápida propagación.
Aunque en Estados Unidos se investiga la posibilidad de que se contagie por vía sexual, el principal vector de transmisión que se conoce del zika es el Aedes aegypti, el mismo mosquito que transmite dengue y chikungunya. Brasil y gran parte de Latinoamérica presentan un terreno propicio para la reproducción de este mosquito, convertido desde hace tiempo en una amenaza para la salud pública en la región.
El ministro brasileño de Salud, Marcelo Castro, reconoció unos días atrás que su país estaba perdiendo “feo” la batalla contra el mosquito, aunque hace cerca de 30 años transmite enfermedades en el territorio. Sus palabras causaron tanto revuelo que la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, debió aclarar poco después que “la batalla no está perdida” y pidió ayuda de la población para ganarla.
“Signos de interrogación”
A diferencia del dengue, sobre el cual hay una amplia gama de estudios, la ciencia corre por ahora de atrás y a tientas con el zika.
Uno de los objetivos inmediatos es poner en práctica un test serológico a gran escala, que detecte los anticuerpos que permanecen en el organismo tras la fase aguda de la enfermedad. Esto ayudaría por ejemplo, a tener una idea más aproximada de cuántas personas han tenido el virus, o con qué frecuencia atraviesa la placenta cuando afecta a mujeres embarazadas.
Hasta ahora el examen que se utiliza con mayor frecuencia solo identifica el propio virus, en los primeros seis días de infección, antes de que se produzcan los anticuerpos.
El problema es que se calcula que 80% de las infecciones de zika transcurren sin que la persona afectada manifieste síntomas de la enfermedad, que suelen ser de erupción en la piel, fiebre hasta 39 ºC, dolor de cabeza, muscular y en las articulaciones, como le ocurrió a la uruguaya Sosa.
Hasta un millón y medio de personas han contraído el virus en Brasil, según estimaciones oficiales. Y muchos temen que los Juegos Olímpicos que se celebrarán en Río en agosto, con medio millón de visitantes esperados, sirvan para que el zika siga propagándose por otras regiones.
Por otra parte, la OMS señaló la “necesidad urgente” de investigar el posible vínculo entre zika y microcefalia, para lo cual la agencia pidió coordinar esfuerzos internacionales.
“¿Qué está favoreciendo que este virus atraviese la barrera placentaria y afecte al feto? Estas cuestiones todavía tienen que ser aclaradas”, dice Ana Bispo, una viróloga jefa del laboratorio de flavivirus en el Instituto Oswaldo Cruz de Río, donde se dedica tiempo pleno a investigar el zika. “Aunque hayamos encontrado algunas señales que demuestran que realmente el zika puede estar relacionado a esos cuadros atípicos que hemos observado, todavía existen signos de interrogación”.
Al igual que otros especialistas, Bispo señala que el virus también puede estar vinculado a un aumento de casos de Guillain-Barré, un síndrome raro que hace que las defensas del cuerpo destruyan parte del sistema nervioso y puede llegar a causar parálisis. Tanto en la Polinesia francesa como en Brasil se registró un aumento de casos notificados de este síndrome tras la aparición del zika, pero tampoco hay certeza sobre esa correlación.
No obstante, algunos investigadores han sugerido que el incremento de los casos sospechosos de microcefalia en Brasil se deba simplemente al alerta por la llegada del virus al país, que provocó una búsqueda y notificación más efectiva de casos sobre todo en el noreste, donde está el centro de la crisis.
Pero Bispo descarta esto, señalando que las cifras comenzaron a crecer incluso antes de que se aceitaran los mecanismos de detección.
En cualquier caso, la alarma por el aumento de casos de microcefalia en pocos meses ha relanzado el debate sobre el aborto en la región, donde ese acto suele estar prohibido, salvo excepciones.
En Brasil, abogados y activistas preparan una demanda ante la máxima Corte de Justicia para que se permita abortar a las mujeres embarazadas con fetos que padecen microcefalia.
Y en Colombia, el segundo país de la región más afectado por el zika, con unos 20.700 infectados según las últimas cifras oficiales, las autoridades sanitarias han admitido la posibilidad de que las mujeres gestantes con el virus consideren con su médico la opción de abortar por motivos de salud mental o de otro tipo.
Los opositores al aborto argumentan que se está usando el alerta por el zika para impulsar cambios legales, aunque el vínculo entre virus y microcefalia sigue sin estar demostrado. Señalan también que al menos uno de cada diez bebés que nacen con esa condición carecen de deficiencia mental.
En cualquier caso, todo sugiere que la angustia por el zika continuará intensificándose en América Latina antes de que la ciencia encuentre respuestas claras a tantos interrogantes y desarrolle finalmente una vacuna eficiente contra el virus, en base a los estudios ya realizados para lograr la vacuna contra el dengue.
Mientras los gobernantes en países como Colombia o El Salvador recomiendan a las mujeres evitar quedar embarazadas, autoridades de naciones desarrolladas sugieren a las mujeres que ya estén embarazadas evitar los viajes a países con el virus, y los costos económicos de esta crisis para la región asoman como otra de las grandes incógnitas a despejar.