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    Erradicar los asentamientos “solo se logrará con una política de Estado”, como lo fue Mevir hace 55 años, dice su presidente

    El jerarca cree que la institución que lidera es clave para prevenir el crecimiento de las viviendas irregulares y que puede ser un “brazo ejecutor” del Ministerio de Vivienda en el interior

    Juan Pablo Delgado sabe que resolver el déficit habitacional del país es una meta que trasciende su gestión y también la de este gobierno. De hecho, asegura que deberán pasar varias administraciones para erradicar los asentamientos: se conseguirá solo con una verdadera “política de Estado”, sentencia.

    El presidente de la Comisión Honoraria pro Erradicación de la Vivienda Rural Insalubre (Mevir) no solo habla de lo que compete a sus funciones, sino que quiere que la institución que hoy lidera “esté a disposición” para ayudar al Ministerio de Vivienda como un “brazo ejecutor” en el interior del país.

    El dirigente del Partido Nacional tiene previsto un piso de 4.000 viviendas construidas en el quinquenio. De todas formas, insiste en que para lograr cambios profundos no alcanza solo con la vivienda sino que es necesario dar servicios a la gente para que “se apropie” del espacio. Parte de eso es la apuesta a la “vivienda sustentable”, una iniciativa que busca combinar “lo ambiental, lo social y lo económico”, con proyectos que incluyan aspectos de eficiencia energética o nuevas formas de construcción.

    —Cuando comenzó 2020 tenían el objetivo de cerrar el año con 800 soluciones habitacionales. Finalmente, fueron cerca de 900. ¿Cómo se logró?

    —Sí, 883. Tampoco es bueno pasarse demasiado porque hay que pagarlas. Tiene que haber un justo equilibrio, cumplir con la meta sin sobrepasarse demasiado, porque es también comprometer los fondos de ejecución. Entonces, superamos la meta sin comprometer los recursos. Y eso es muy importante, mantener equilibradas las cuentas. Tuvimos cuentas desequilibradas en Mevir, las estabilizamos con base en dos factores: una mejor planificación de obra con mejor gasto de inversión y también un mejor cobro de deudas que tenían con Mevir algunas empresas. Eso ha sido muy bueno. Un ejemplo es OSE, que este año nos pagó casi cuatro veces lo que nos pagaba habitualmente cada año.

    —¿Qué cambió para que se dé eso? Usted cuando inició su gestión criticó fuertemente cómo había dejado el gobierno anterior a Mevir.

    —Se basó en mucho diálogo con otros organismos. Entender que Mevir tiene que hacer sus cosas, su fin, su ejecución, y los otros organismos también tienen que hacerlo. Vamos juntos, pero no podemos financiar sus obras nosotros. Y hemos mejorado el diálogo con varios organismos que han permitido mejorar la gestión. A veces las relaciones personales ayudan a que se entiendan porque, si no están equilibradas las tareas entre los organismos, no funciona. Eso ha solucionado el que nos den prioridad en el pago porque seguramente había quedado mucho pago para atrás de otros organismos y uno tiene que ponerse lo más cerca posible en la lista de pago.

    —¿Cuál es el déficit habitacional en el medio rural?

    —El déficit habitacional es algo más del Ministerio de Vivienda, pero se estima que en todo el país debe ser entre 60.000 y 70.000 viviendas. Es un número muy importante, seguramente, gran parte está concentrado en Montevideo, área metropolitana y grandes ciudades, que no son el ámbito territorial de Mevir, pero otra gran parte sí le corresponde a Mevir. Recién estábamos analizando que Mevir es una política de prevención de asentamientos. ¿Por qué digo esto? Claramente, en el medio rural y en las pequeñas localidades del interior la gente si no tiene servicios…; porque la vivienda es muy importante, pero sin servicios, sin una policlínica, un destacamento policial, un centro CAIF, una escuela se termina yendo a las ciudades grandes del interior o al área metropolitana del país y gran parte de esa población termina en áreas de asentamientos. Entonces, si Mevir profundiza su acción no solo con la vivienda sino con convenios para hacer una policlínica o un CAIF se va a garantizar que esa gente no ensanche ese cordón. Porque hoy estamos focalizados en cómo erradicamos asentamientos, y está perfecto y Mevir está dispuesto a colaborar si así lo dispone el Ministerio de Vivienda como brazo ejecutor, pero también tengo que tener previsto que no vayan a crecer.

    —¿Cómo evalúa las políticas que quiere implementar el gobierno para erradicar los asentamientos? Fue un tema central en la campaña del presidente, pero no ha tenido grandes avances.

    —Es una preocupación que ha tenido particularmente el presidente, ni que hablar el gobierno. No es nuestra expertise, para algo está el Ministerio de Vivienda, para ese hecho, pero también hay que reconocer que Mevir a través de la Ley de Urgente Consideración amplió su ámbito territorial para ciudades más grandes, para seguir siendo una política de prevención de asentamientos. Por eso pasamos de 5.000 a 15.000 habitantes y la LUC también permite que Mevir ante una emergencia habitacional pueda actuar en cualquier parte del país. Por eso decía: nosotros estamos a disposición de lo que disponga el ministerio.

    —Por lo que dice, la coordinación con el ministerio no está siendo activa. No están trabajando en proyectos en conjunto.

    —El que define las políticas es el Ministerio de Vivienda e inclusive se creó una unidad específica para eso, que es la Dirección de Integración Social y Urbana. Con la directora Florencia Arbeleche hemos hablado en más de una oportunidad, no es que no tengamos diálogo, pero reitero, el que marca la política es el organismo específico.

    —¿Y hasta ahora se convocó a Mevir para alguna intervención?

    —Sí, hemos hablado desde el punto de vista económico, los tiempos, la capacidad operativa que tiene Mevir para su ejecución, pero puntualmente (sobre) un plan para algún asentamiento específico nosotros no.

    —En relación con los asentamientos, ¿notó algún cambio a partir de la pandemia en el interior? ¿Crecieron o es algo estable?

    —Hay dos factores. Están los asentamientos más clásicos, que uno puede identificar en las grandes ciudades. Y después tenemos las viviendas insalubres, que no llegan a conformarse en asentamientos sino que son viviendas individuales, que no dejan de ser viviendas precarias y tan precarias como las de algunos asentamientos, con las mismas necesidades de servicios. Es otra forma de asentamiento en el interior, que no es el agrupamiento sino que es individual. Y Mevir trabaja en terrenos propios también. Creo que hay mucha vivienda precaria en el interior más profundo del país que tiene las mismas características que las de un asentamiento, sin ser un conjunto de viviendas.

    —¿Cambió en este tiempo?

    —A corto plazo, no. Uno recorre y lo que sí ve es que hay una fuerte necesidad de vivienda. En muchos casos hay familias viviendo en una misma vivienda y eso genera hacinamiento. Esa es una preocupación que tiene Mevir en el interior. Pero lleva su tiempo el poder revertir la emergencia habitacional que tenemos. Algo se avanzó pero queda mucho.

    También cuando hablamos de lo que se concretó en Mevir está otro tema importante, que son las escrituras. Esto en el sentido de que la gente quiere tener su título. Parte de un asentamiento es a veces el regularizar una tierra, aparte de los servicios. En Mevir también, después de que terminan de pagar la cuota, deben tener su título. Nosotros nos comprometimos fuertemente a regularizar esa situación. En este año escrituramos casi 700 viviendas, un 50% más que los últimos años, y siendo un año récord.

    —Cuatro años atrás las autoridades del Frente Amplio reconocían que la problemática de asentamientos es algo que no se resolvería “ni en 10 ni 15 años”. ¿Coincide con el diagnóstico?

    —Mevir tiene casi 55 años y se ha convertido en una política de Estado. Han pasado todos los gobiernos, ha funcionado, en el interior es altamente reclamado, y uno reclama por cosas que funcionan bien. Y en temas de asentamientos hay que hacer lo mismo, una política de Estado. Convertir la problemática de asentamientos en una política de Estado. Este gobierno generó herramientas como una dirección específica para que se ocupe de este tema; no digo que los demás no lo hicieran, pero se está buscando la vuelta para convertirlo en una política de Estado. Esto no se arregla de un día para el otro pero un día hay que empezar, y Mevir está dispuesto a colaborar.

    —¿Por qué no se pudo resolver a lo largo del tiempo?

    —Hay varios factores: la tenencia de la tierra, lo que vale construir, la vulneración social, la migración desde ciudades pequeñas del interior a ciudades grandes. Es un tema bastante analizado, pero que no es solo construir viviendas. Tiene otras raíces y es, como la dirección que se creó, social y urbana, porque es una problemática social, urbana y habitacional.

    —¿Lo habitacional sí se resuelve solo con dinero?

    —Por supuesto, pero a veces lo habitacional también está asociado a dónde vive la gente, de qué vive la gente, sus redes. No es decir “puedo hacer tantas viviendas en otra punta del país”. Porque la gente tiene su contexto y sus redes. Por eso Mevir busca construir en el interior, donde tiene sus redes. Y a veces las tierras no son las mejores, tiene contaminación, pero es un tema para atacar.

    —¿Cuál es el horizonte al que debería llegar para resolver el déficit habitacional en el interior, que es lo que le corresponde a Mevir?

    —No tengo ese número específico, no hay un estudio, porque el censo es de 2011 y estamos esperando al nuevo censo para poder cruzarlos. Además, acabamos de cambiar el universo porque pasamos de 5.000 a 15.000 habitantes ahora.

    —¿Y cuál es el piso entonces al que aspira llegar?

    —Podemos hablar de un piso de no menos de 4.000 soluciones habitacionales en este quinquenio. Estamos trabajando para mejorar el presupuesto y nuevas formas de financiamiento. Es un buen número; por supuesto, es poco lo que uno puede hacer en el marco de una emergencia. Pero también no hay que olvidarse de que Mevir trabaja en localidades muy pequeñas.

    —¿De qué se trata la “vivienda sustentable” que quiere aplicar para este año?

    —Hay que interactuar entre lo ambiental, lo social y lo económico. Trataremos de trabajar con esa visión a partir de este año, que es pensar en la sociedad del mañana con una nueva conciencia. Estamos hablando de cambiar la recolección de la basura, de instalar composteras, la forestación, la eficiencia energética, la forma de construir como se hizo en Rivera, con alta calidad de construcción en madera, donde redujimos un 55% el tiempo de obra. No son viviendas de bajo costo, sino que el fin fue bajar los tiempos de construcción, que fueran sustentables y que fueran altamente durables.

    —¿Cuántas “viviendas sustentables” quieren construir?

    —Queremos que todas las viviendas Mevir tengan algo de esto. Y alguno en particular tiene que configurar todos los elementos para poder ver cómo la gente se apropia.

    —¿Cree que es necesario ajustar el costo de construcción?

    —Ya hicimos foco en ello. Mevir tiene un mecanismo por ley, el subsidio a la cuota y el subsidio al capital. En los últimos años había ido al subsidio a la cuota y ahora volvemos al subsidio al capital. La cuota va a seguir siendo accesible, va a estar ajustada a cada bolsillo, pero no podemos perder la realidad de cuánto costó la obra. Porque el subsidio a la cuota miraba solamente cuánto dinero tiene la familia. El subsidio al capital mira también cuánto costó la construcción. El subsidio de Mevir es de en torno al 70% y llega hasta el 90%. En la administración anterior nos dejaron con un subsidio del 100%, había gente que no tenía que pagar cuota. Mevir decidió ahora que no, que tiene que haber un alto subsidio, hasta el 90%, ese 10% no hace una diferencia económica pero sí social, para que la gente sienta el esfuerzo de pagar su vivienda. Eso para la familia es mucho y le da la satisfacción de que nadie le regala nada.

    —¿Se puede bajar el costo de construcción?

    —Lo estamos bajando. Pero también debemos ser cuidadosos en que las de Mevir son viviendas de interés social pero no son viviendas de emergencia. Es una solución definitiva para esas familias que tienen que pagarla durante 20 años, por lo tanto, debe tener un mantenimiento muy bajo. Porque lo que se pueda ahorrar al principio no debe ser para gastar más en mantenimiento.

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