Dentro de la población que se identifica con la izquierda, sobre todo los montevideanos y los que residen en las grandes ciudades, tienen que aprender que es inconveniente castigar “permanentemente” al sector agropecuario con impuestos. De la misma manera, los productores, y quienes trabajan en el medio rural, deberían abandonar la idea de que el Frente Amplio (FA) busca extraer la riqueza del campo para apostar al desarrollo de las ciudades.
Ambas concepciones “son mitos” que hay que “derribar”, opina el secretario general del Partido Socialista y legislador del FA, Yerú Pardiñas, uno de los integrantes del equipo agropecuario de esa fuerza política, y uno de los encargados de elaborar el programa de gobierno que la coalición de izquierdas aprobó en noviembre del año pasado.
Seguir insistiendo en la construcción de una vía ferroviaria, mejorar la capacitación de la mano de obra y combatir el desconocimiento que existe del medio rural en las zonas urbanas, son otros de los desafíos que esta fuerza política se plantea para un eventual tercer gobierno.
—Desde las gremiales de productores han planteado en varias oportunidades su temor de que, en un eventual tercer gobierno frenteamplista, se aumente la carga tributaria al sector. ¿Es fundado este miedo?
—Hay que romper dos mitos. El primero es que hay un sector de la sociedad, sobre todo una porción de la población agropecuaria, que visualiza que el Frente Amplio es una fuerza política que quiere devastar el sistema de propiedad de captación de renta, de desarrollo productivo que tiene el sector agropecuario, para ponerlo al servicio del desarrollo de las ciudades. Es un mito equivocado, hay que desbaratarlo. Y por otro lado, hay otro mito, que tienen los sectores sociales más de izquierda de este país, que piensan que, como una de las principales generaciones de riquezas está en el agro, en la producción agropecuaria, hay que permanentemente obtener recursos de ese sector. Eso también hay que abatirlo. El Frente Amplio debe de tener una política de seguir incentivando la producción agropecuaria, como generadora de riqueza, de empleo y de una cultura que identifica al país. Y a partir de ese desarrollo poder tener una captación de recursos de las políticas públicas, sin que eso se transforme en el freno para seguir haciendo crecer el sector.
—Muchos productores y partidos de la oposición reclaman que se habilite y fomente la exportación de ganado en pie. ¿Por qué el año pasado se restringió esta posibilidad?
—Porque nosotros no la vemos como una herramienta que solucione. En primer lugar, porque la exportación de ganado en pie opera siempre de forma limitada. Las empresas que están habilitadas para hacer la exportación en pie son pocas, por lo que genera un cuello de botella en la cadena de comercialización que tampoco escapa a la especulación que pueda ocurrir. Y, a su vez, el factor principal, es que limita el agregado de valor. Nosotros tenemos, por ejemplo, una preocupación en la producción agrícola, que es que nuestro principal grano, la soja, sale con poco agregado de valor. La carne sí tiene valor agregado, y la exportación de ganado en pie atenta contra ese incentivo de tener industria. Inclusive, los nuevos mercados a los que accedemos o podemos acceder tienen que ser demandantes de carne procesada desde el punto de vista de los cortes, de la selección, de la identidad.
—¿Ser socio del Mercosur no limita de alguna manera la búsqueda de nuevos mercados para la carne uruguaya?
—Lo que nosotros pensamos es que el bloque regional no significa un impedimento para abrir mercados. Creo que Uruguay tiene un gran elemento de apoyo con el Mercosur. Brasil ha sido uno de los principales destinos de nuestras carnes. Y países asociados, como el caso de Chile, fue y siguen siendo destinos de cortes de calidad. . Hasta ahora no hemos encontrado ninguna dificultad en buscar nuevos destinos por ser socios del Mercosur. Por el contrario, según lo que han pautado en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, y aunque todavía no ha salido, a Uruguay le potenciaría toda la exportación. Pero también hay que tener ojo con eso, porque el tratado tiene sus vulnerabilidades. La Unión Europea es una comunidad que tiene su producción industrializada que pueden venir a competir con otras de la región. Ahí hay que ser muy cautos en cómo se arma.
—En el programa de gobierno del Frente Amplio está incluida la reinstalación del Impuesto a Primaria al sector rural, pero algunos productores señalan que ya realizan este aporte a través del Imeba. ¿Qué opina?
—No. La generación del Imeba no era para sustituir a Primaria, sino que era producto de un ajuste fiscal que hizo el país en su momento. Y luego, ante la situación de crisis, en la cual cayó la producción agropecuaria, lo que hicieron fue exonerarle el Impuesto a Primaria, y transferir a la ANEP recursos similares que se obtenían desde el Imeba. Lo que sí es cierto es que nosotros tenemos que estudiar, a la luz de cómo se está desarrollando el sector, cómo implementamos la carga tributaria. Pero eso es un proceso en el cual no está definido en qué tiempo se va a hacer. Hay sectores de alta rentabilidad y que pagan muy poco Imeba, por ejemplo, en el caso de los granos. No podemos descartar el análisis de la situación tributaria del sector productivo, lo que no significa necesariamente aplicar nuevos impuestos. Tenemos que armonizar que la estructura tributaria no provoque una depresión de la producción, de la generación de empleo, de la apertura de nuevos rubros y de la consolidación del sector.
—¿Hay preocupación en el Frente Amplio por el desconocimiento que existe sobre el campo en las ciudades?
—Es una preocupación porque atañe al desarrollo productivo del país. En la ciudad, lo que hay es un fuerte desconocimiento de lo que implica la actividad agropecuaria, de la importancia que tiene como generadora del producto primario, que luego desencadena una cadena productiva de agregado de valor. Ese desconocimiento a veces lleva a generar juicios de valor muy apresurados, que no permiten la construcción de una fortaleza de identidad productiva y de cultura de producción agropecuaria en el país. En ciertos momentos, eso tensiona nuestra sociedad, sobre todo con los representantes de la producción. Creo que los esfuerzos que se han venido realizando en la potenciación de la formación universitaria en el área agraria, con la descentralización de la Universidad, con la Universidad tecnológica, implica una línea de trabajo que apunta a crear esa conciencia.
—¿Y cómo se genera conciencia de la importancia del campo en las personas que viven en Montevideo?
—A través de una transformación en los procesos educativos. Nosotros tenemos todavía un programa donde la mirada que se sigue teniendo de la producción agropecuaria es muy arcaica, está perimida. Hay que empezar a actualizar eso, porque desde primaria, en la capital, y en las grandes ciudades, se tiene una concepción del campo muy parcial, vinculada a la carne, a la vaca y a la oveja. Sin embargo, Uruguay es mucho más que eso. Mucho más que producción lanar; tiene producción forestal; mucho más que pecuaria; hay granos.
—¿Se va a seguir insistiendo en la construcción de una red ferroviaria para superar los problemas logísticos que tiene Uruguay?
—Es el gran desafío. Nosotros planteamos que, dentro de lo que es desarrollo e infraestructura, la red ferroviaria tiene que ser atendida en un tercer gobierno frenteamplista. En primer lugar, porque tiene que haber una mirada complementaria, en la cual el transporte carretero también es fundamental. A su vez, las redes de vías tienen que formar una nervadura que transporte producciones que hoy están transitando por carreteras, las cuales necesitan ser aliviadas. Hay que lograr un transporte de fletes más barato. Por ejemplo, en la línea del Norte para bajar la madera al Sur, o la que vincule la producción maderera con las plantas de celulosa. También hay que complementar el tema del transporte fluvial, que sin lugar a dudas es el más económico. Ahí se está haciendo una incipiente experiencia, como el hecho de llevar la madera desde el Este a la planta de UPM a través del transporte fluvial.
—¿Cuál es la estrategia para revertir la falta de capacitación en la mano de obra en el medio rural?
—Estamos teniendo debilidades en todos los sectores. Hay que romper algunas barreras culturales también. En el agro, por ejemplo, hoy en día, con la nueva tecnología que se aplica a través de la maquinaria, ya se demanda que la mano de obra que acceda a esos puestos de trabajo tenga conocimientos mayores a lo que puede ser la simple formación primaria, que antes era la básica que tenía el sector rural. El desarrollo de la Universidad Tecnológica, la UTU, el potenciamiento del Inefop apuntando al trabajo rural, que hoy sigue siendo bastante débil, son temas en los que hay que avanzar fuertemente. Eso permitirá que el sector tenga que enfrentar el desafío de pagar mejores salarios.