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    Especialistas en salud perinatal advierten aumento de trastornos “ansiosos” y “depresivos” en embarazadas durante la pandemia

    Cifras internacionales reflejan que entre 15% y 25% de las mujeres sufren depresión durante y después del embarazo

    Sus problemas de lactancia no parecían tener explicación. Estaba muy angustiada, tenía otros dos hijos pequeños con los que le había ido bien y, con este tercero, amamantar era más una frustración y un dolor que un momento de disfrute y conexión con su hijo. Su asesora de lactancia, María Claramunt, le preguntó en un momento cuánto hacía que no veía a una amiga. “No me acuerdo”, contestó ella. “Pero, más o menos, ¿cuánto? ¿Seis meses?”, quiso ahondar Claramunt. “No me acuerdo, porque todas mis amigas han estado embarazadas o con bebés chiquitos y por la pandemia no nos pudimos juntar”, explicó la mujer y se largó a llorar.

    Claramunt es una de las integrantes de la Red Perinatal Uruguay, un equipo de profesionales del ámbito de la psicología, la psiquiatría y el trabajo social que se unieron para ayudar a las mujeres y sus familias en el período de “perinatalidad”, que comprende las etapas de preconcepción, embarazo, parto y puerperio. Como el caso de esa mujer que no recordaba cuándo había visto a una amiga por última vez, hubo muchos.

    La psicóloga Claudia López, quien además de integrar esa red dirige el Instituto Uruguayo de Lactancia Materna (Iulam), aseguró que “en lo que tiene que ver con la lactancia, subió mucho la incertidumbre y los factores estresores, y eso se traduce en el cuerpo de los adultos en músculos tensos, ritmo cardíaco acelerado. Toda esa información el bebé la decodifica y en su cerebro lo que dice es: ‘Peligro, acá hay algo que no está funcionando bien’”. Por eso, en los picos más intensos de contagios de Covid-19 y durante los períodos de mayor aislamiento, la consulta más frecuente que recibió Iulam era: “Tengo un bebé de un año y toma teta como si fuera recién nacido”. Los lactantes se volvieron mucho más demandantes. Y no era tanto una demanda por alimento, sino por una sensación de resguardo, calor y seguridad.

    La red no cuenta con cifras que muestren los efectos de la pandemia en las mujeres gestantes y madres, pero existe evidencia, basada en estudios internacionales, de un aumento de muertes gestacionales y abortos espontáneos, además de trastornos emocionales en el puerperio y el embarazo. Las integrantes de la Red Perinatal coinciden en una misma “sensación”: la de que “han aumentado mucho los trastornos vinculados con el estrés, el miedo, la vulnerabilidad. Y con ello la posibilidad de padecer trastornos ansiosos, depresivos, por estrés postrauma, suicidios y muchas otras cosas de las que no se habla”, dijo a Búsqueda Inés Acosta, psiquiatra que integra el grupo de trabajo.

    Es que desde que empezó a circular el virus Covid-19 cambiaron las formas de transitar el período de perinatalidad. Muchas mujeres tuvieron que pasar sus embarazos solas, entre miedos e inseguridades, por el temor a ver a sus amigos y familiares y así contagiarse. Más aún cuando la Organización Mundial de la Salud confirmó que las embarazadas se consideraban “población de riesgo”. Y cuando sus hijos nacieron, en muchos casos nadie pudo visitarlas en el hospital.

    En las etapas más intensas de la pandemia, “mamá y bebé se conocieron solos. Era todo solos, y aprender solos”, resaltó la psicóloga perinatal Belén Piñeyrúa. Añadió que, como contrapartida, esto dejó a las mujeres la enseñanza de que el período de puerperio existe, es real. Y es ese período en el que no solo se recupera el cuerpo tras haber dado a luz, sino también la mente. “Lo que aumentó es la posibilidad de habilitar la emoción”, puntualizó.

    El término “depresión posparto” es utilizado de forma popular para referirse a los sentimientos de las mujeres tras el nacimiento de sus hijos. Es algo que a veces se banaliza o se desestima, pero “sí existe”, aseguró Acosta. Mencionó además que, a escala internacional, se habla de que entre 15% y 25% de las madres cursan “depresión perinatal”. Prefiere esta denominación a la de “posparto” porque asegura que la evidencia ha demostrado que la mayoría de las depresiones comienzan ya en el embarazo. Es algo que está “infradiagnosticado”, advirtió.

    El riesgo de padecer una depresión perinatal es mayor en los casos de madres que no cuentan con un soporte social o familiar, que tienen dificultades en sus vínculos de pareja y, sobre todo, las que viven situaciones de violencia, comentó la psiquiatra. Al respecto, López agregó que una cierta “tristeza posparto” es normal y habitual, siempre que ocurra durante las primeras dos o tres semanas posteriores al nacimiento del bebé. Pero cuando se extiende más allá de un mes y se le suma irritabilidad y “pérdida de la capacidad de disfrute”, ahí es cuando deberían sonar las alarmas.

    Si bien la situación se agravó en la pandemia, la perinatalidad siempre fue un período en el que las mujeres son más propensas a desarrollar cuadros psicopatológicos, explicó Acosta. “Es un período de la vida de crisis vital y donde todo lo que tiene que ver con lo psicosocial juega un gran peso, por las expectativas idealizadas y las presiones sociales”, dijo. A esto el Covid-19 y sus implicancias le sumaron soledad, aislamiento, falta de contacto con sus familias y con el equipo de salud.

    Invisibilizada

    En la primera consulta de una mujer embarazada se la sube a la balanza para controlar su peso, se le realiza una ecografía, se le mide la altura uterina. En el transcurso de su embarazo se miden valores físicos como la presión, se controla la sangre para detectar posible anemia, diabetes gestacional. Se controla a rigor el peso del bebé, sus latidos. Pero son excepcionales los casos en los que algún médico le pregunta a la mujer qué siente a nivel emocional. La salud física se controla de forma estricta, pero no así la salud mental.

    Sobre esto trataron de concientizar las integrantes de la Red Perinatal mediante la difusión de una campaña audiovisual, a principios de agosto, en la que varias de ellas hablan a una cámara de video. “La salud mental continúa siendo invisibilizada. Cuando hablamos de salud, solemos poner el foco en la dimensión biológica de las personas. Sin embargo, hoy sabemos más que nunca que no hay salud sin salud mental, y en el período perinatal esto resulta fundamental”, comienza Acosta en el video. Más adelante, la psicóloga Fabiana Rahi asegura que una de cada cinco mujeres sufre algún trastorno mental durante la perinatalidad.

    “Si lo dejamos en manos de que sea la mujer, que sea ella la que pida ayuda, vamos a llegar tarde o a no llegar en la mayoría de los casos, esto está demostrado”, advirtió Acosta. Lo que proponen entonces son iniciativas de “cuidados integrales” que contemplen tanto la salud física como la psicoemocional. Que a esa ecografía uterina o ese control del peso se sumen consultas con equipos de salud mental.

    Acosta habla también como integrante de una experiencia de éxito en este sentido: la del Hospital Policial. La psiquiatra trabaja allí desde hace más de dos años y ha sido testigo de la concreción de uno de esos modelos de atención integral. “Trabajamos en estos nuevos paradigmas, de los cuidados centrados en la familia, donde se contempla a la mamá, el bebé, pero también la familia y al equipo de salud”, contó. En ese centro de salud, cuando una mujer llega a su control de embarazo, además de pasar por enfermería, ginecólogo, entre otros médicos, pasa por el área de salud mental perinatal. Y allí comienza un acompañamiento que continúa durante todo el embarazo, el puerperio, y se extiende hasta los nueve meses del bebé. “Eso pasa en muy pocas instituciones”, lamentó Acosta.

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