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    martes 11 de junio de 2024

    Estados Unidos apuesta a la soja y en Uruguay hay cautela para decidir sobre la siembra

    A quien asuma la economía uruguaya la competitividad del agro puede resultarle una complicación difícil de resolver; los productores sufren las dudosas perspectivas

    Son muchos los productores que ven a la situación cambiaria como una especie de incendio recurrente que es necesario apagar, pero que a diferencia de situaciones anteriores podría esta vez ser perdurable. Pablo Carrasco lo expresó de forma elocuente esta semana y se sumó a las voces de gremiales agropecuarias como la Federación Rural y a innumerables voces que en decenas de redes expresan su descontento.

    En la agricultura el factor cambiario se ha visto amortiguado por cosechas muy voluminosas que permiten compensar un ingreso en pesos muy debilitado, especialmente para el maíz, porque muchos más kilos de lo habitual se han levantado en todos los cereales.

    Y estamos en vísperas de una buena cosecha de soja. Pero el panorama de la oleaginosa en particular tiene otra tormenta en el horizonte, los altos precios generados en las primeras semanas de la invasión de Rusia a Ucrania en las oleaginosas y en el trigo se han ido diluyendo y puede seguir aflojando en el futuro.

    A quien asuma el año próximo el timón de la economía uruguaya la competitividad del agro puede resultarle una complicación difícil de resolver, y esa complicación los productores pueden sufrirla en carne propia, porque son dudosas las perspectivas de precios y de producción.

    Está terminando un ejercicio que tuvo riego natural y gratuito, y la soja, el grano que habitualmente da los mayores márgenes a un costo de producción más accesible, tiene el riesgo de que los mercados internacionales se saturen de oferta.

    En efecto, mientras avanza una cosecha récord en el Mercosur, en los próximos días empezará una siembra en Estados Unidos, que sumará 1 millón de hectáreas de soja al área del año pasado. Salvo un traspié climático, esto sumará varios millones de toneladas a los silos estadounidenses sobre fines de este año, y las reservas globales que ya van en ascenso se seguirán acumulando.

    Si los precios no repuntan y el tipo de cambio sigue subiendo menos que la inflación, los márgenes se siguen ajustando por el aumento de los costos no transables indexados al Índice de Precios al Consumo (IPC).

    Mientras las reservas suben, la temperatura en el océano Pacífico baja, lo que hace dudoso que el riego natural de este año se repita. No se trata de que necesariamente haya una sequía en camino, pero proyectar el mismo rendimiento que este año es aventurado. Proyectar el mismo precio que este año también es arriesgado, ya que todo lleva a pensar que la producción seguirá superando al consumo.

    Y proyectar que la soja valdrá US$ 500 por tonelada, ya sea en Uruguay o en Chicago, es a nuestro entender aventurado y una señal que puede llevar a tomar la mala decisión de no fijar precios esperando el regreso de los míticos US$ 500.

    La agricultura de EE.UU.

    Lentamente, de sur a norte, va empezando la siembra de cultivos de verano en Estados Unidos. Lo que se sabe con certeza es que habrá más soja en los campos y menos maíz que en la siembra pasada.

    Con precios más moderados, la elección es por el cultivo de menor costo y, por otra parte, las relaciones de precios son favorables para la oleaginosa. Esto es algo que también se observa en Uruguay, donde el precio de la tonelada de soja cotiza a más del doble que el del maíz. Esta es una relación de precios radicalmente diferente a la del año pasado.

    Estados Unidos crecería en 1,2 millones de hectáreas de soja –un área similar al total que se siembra en Uruguay–, que puede generar un crecimiento de la oferta del orden de 5 millones de toneladas respecto a la producción del año pasado.

    Por eso no sorprende que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés) les haya proyectado a los productores estadounidenses que el precio del poroto en la próxima cosecha cotice 11,5% menos que en la cosecha pasada. Si las primas no cambiaran, eso indicaría que en Uruguay la referencia de Chicago probablemente se ubicaría cerca de US$ 360 por tonelada.

    Hay que ser conceptualmente cuidadoso con generar expectativas que se traduzcan en tomas de decisiones e inversiones. Estados Unidos va a un mayor stock sojero.

    Si se logra un rendimiento estandar de soja en Estados Unidos, de 3.400 kilos por hectárea, su nivel de reservas de la oleaginosa a mediados de 2025 alcanzará el mayor nivel desde 2020. Serán 8,6 millones de toneladas, desde 7,2 millones que se proyectan a mediados de este año.

    El problema es que el USDA también ve un stock creciente en China y en el conjunto del mundo. En China el stock no tiene precedentes, 37 millones de toneladas es la proyección desde 32 millones que se esperan a mitad de este año y que ya son récord.

    A nivel global las reservas se ubican también en un récord de 114,3 millones de toneladas.

    Algunos productores se ilusionan con la floja producción de Brasil de este año, pero también en este caso hay que tener cuidado. El área brasileña sube año tras año, y el rendimiento “flojo” de este año hará que caiga la producción respecto a la cosecha 2023.

    En un informe GAIN, de su oficina en Brasil, el USDA recortó en 4% su estimación de producción de soja en Brasil para la campaña 2023-2024, en plena cosecha. Prevé que se cosecharán 152,6 millones de toneladas, por debajo de la estimación oficial vigente de 155 millones de toneladas. La nueva proyección se acerca a las cifras oficiales, pero se mantiene en 5,7 millones de toneladas, por encima de la estimación de la cifra de la Compañía Nacional de Abastecimiento de Brasil (Conab), que proyectó en marzo que la cosecha de este año será de 146,9 millones de toneladas.

    Supongamos que la proyección termina siendo aún más baja, de 146 millones de toneladas. Aún así la producción del Mercosur será récord, por el rebote de la producción de Argentina, y a su medida de Uruguay. Cruzará por primera vez los 200 millones de toneladas, largamente, a unos 209 millones de toneladas.

    De modo que no hay un problema de escasez por los problemas de Brasil y no parece haberlo por delante con una mayor área de Estados Unidos. Ese es –a nuestro entender– el escenario base. Un escenario en el que cerrar kilos arriba de US$ 400 para ir compensando costos debería ser seriamente considerado. Si más cerca de la cosecha aparecen los US$ 500 bienvenidos serán.

    ¿Puede suceder algo que quiebre este escenario al menos moderadamente bajista? Tres factores tal vez podrían ser posibles. Un problema climático en Estados Unidos o que en la próxima primavera baje el área en el Mercosur. Recordemos que el mundo solo tiene dos fuentes de abastecimiento de la oleaginosa: América del Norte y América del Sur.

    Un problema climático en Estados Unidos tiene una cierta probabilidad. Todavía es temporada fría, pero en Iowa hay un porcentaje relevante de área con faltante de agua. Aproximadamente 70% del estado tiene un faltante moderado de agua. Vale tomarlo en cuenta, pero no es algo que en el precio internacional sea todavía determinante

    Que el área de soja baje en el Mercosur en la próxima primavera es poco probable, porque el grave daño que ha causado la irrupción de una nueva plaga en el maíz, la chicharrita, que ha causado pérdidas muy graves en Argentina y relevantes en Uruguay, debe determinar cautela a la hora de sembrar maíz en la próxima primavera.

    Brasil sigue en su habitual sucesión de áreas récord para la soja. Al menos así lo indica la primera proyección del USDA para 2025. Solo que en lugar de aumentar en 1 millón de hectáreas por año, ahora moderará su crecimiento a “solo” 400.000 hectáreas.

    Con una moneda fuerte y los problemas climáticos de este año los números de la oleaginosa no fueron tan brillantes y ocurre esa moderación de crecimientos “normales” de 5% en el área a un crecimiento de 1%.

    Pero aunque es temprano para proyectarlo, es factible que Argentina aumente el área. El maíz tiene riesgos y problemas nuevos, y si el gobierno en algún momento de este año cumple la promesa de bajar retenciones, la oleaginosa se verá estimulada.

    El clima siempre puede ser que levante los precios, particularmente con una Niña en el horizonte. Pero si los precios suben por La Niña en la cuenca del Plata, el buen precio será amargo por bajo rendimiento.

    Un segundo factor podría ser que el derrame de la guerra, por ejemplo por un ingreso de Irán, dispare el precio del petróleo. Pero es posible que eso genere una primera reacción fuerte, pero que los precios luego se moderen, en la misma lógica de precios de los granos posterior a la invasión rusa.

    El tercer factor que podría tonificar el mercado sería un impulso importante desde China, que por la vía de una recuperación económica firme y una mayor demanda por proteínas impulsara al mercado. Hubo alguna señal tímida en ese sentido, pero es algo meramente a observar como una posibilidad, lejos de ser una certeza.

    Otro factor, que a nuestro entender es menor, es la baja de tasas de la Reserva Federal de Estados Unidos y el impulso bursátil en ese país. Esto ayuda a tener precios más firmes, pero ¿puede generar una mejora relevante? Cabe dudar de la fuerza de esta incidencia.

    Mientras la siembra de invierno que está por empezar luce todavía bastante atractiva, con sus opciones y la esperanza de repetir altos rendimientos porque no se esperarían excesos de lluvias, la siembra de cultivos de verano suma luces amarillas, en soja por precio y en maíz porque han surgido problemas nuevos. Y si la combinación de La Niña, el dólar y los precios bajos queda alineada, será un desafío para toda la economía uruguaya en el otoño del año próximo.

    Agro
    2024-04-10T09:02:00