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    Ex jefes del Ejército cuestionaron en una carta al actual comandante por las afirmaciones que hizo en su renuncia al Centro Militar

    La renuncia del comandante en jefe del Ejército, Pedro Aguerre, como socio del Centro Militar, evidenció que el relacionamiento entre activos y retirados está menos aceitado que en las últimas décadas, y también molestó a un grupo de seis ex jefes de la fuerza, que le remitieron una dura carta, informaron a Búsqueda fuentes del ámbito castrense.

    En un hecho tan inusual como la propia renuncia que Aguerre formuló el 11 de marzo, varios ex comandantes en jefe del Ejército desde la restauración democrática le enviaron días después una carta en la cual cuestionan algunas de sus afirmaciones hechas públicas, por interpretarlas como críticas indirectas a sus respectivas gestiones.

    Aguerre hizo pública su decisión y su carta de renuncia el mismo 11 de marzo. “Últimamente en esa sede se han incrementado rumores y murmuraciones sin fundamento, lógica, ni mucho menos verdad y que solo muestran egoísmo y falta de hidalguía; esto lo he verificado por varias fuentes confiables. En el Centro Militar se ha cuestionado el trato que le dispenso a mi padre lo que no es ético, no es lógico y no es racional, pero sobre todo no es humano”, escribió Aguerre en su carta dirigida al presidente del Centro Militar —el mayor club social de las Fuerzas Armadas— coronel Guillermo Cedrés.

    De acuerdo con los informantes, la renuncia de Aguerre fue la consecuencia de una serie de fricciones con oficiales retirados y de versiones que recibió sobre reuniones en las que era objeto de fuertes críticas.

    El padre de Aguerre, Pedro Aguerre Albano, es un veterano coronel retirado del Ejército, un hombre de izquierda que en los años previos al golpe de Estado de 1973 encabezó, junto con su colega Pedro Montañez, un grupo de militares “constitucionalistas” que fracasaron en su plan de evitar la caída de la democracia a manos de los “gorilas”. Ambos estuvieron presos durante casi toda la dictadura, cosa que relata en su reciente libro “Hermano, trabajaremos de presos” (Búsqueda Nº 1.696).

    El actual jefe del Ejército egresó de la Escuela Militar como oficial del arma de Caballería en 1973, por lo cual dio la mayoría de sus primeros pasos en la institución desde el inicio de la dictadura, y tuvo que hacerlo mientras su padre estaba detenido, considerado un “traidor” a esa misma fuerza.

    Aguerre ha manejado desde entonces con cuidado su relación con su padre para evitar malentendidos que afectaran su carrera militar, indicaron las fuentes. Sin perjuicio de ello, explicaron que unas declaraciones que su padre formuló el 24 de enero irritaron a varios oficiales retirados.

    Durante una entrevista a raíz de su libro en el programa 810 Vivo de radio El Espectador, Aguerre fue consultado sobre qué siente cuando ve a su hijo como jefe del Ejército. Respondió: “Un gran orgullo por la conducta que mantuvo durante toda la dictadura. El quiso pedir la baja, y vino (el abogado y luego senador socialista José) Korzeniak y me dijo: ‘tu hijo quiere pedir la baja’; y el de Montañez también, que estaba en la Escuela Naval. ‘¿Qué le mandás decir?’ ‘Que aguante, que aguante. Mientras no le obliguen a sacrificar los valores morales, tiene que aguantar. Que aguante castigos, sanciones, servicios recargados, porque si no, el día que termine esto va a quedar solo la escoria en el Ejército’. Entonces aguantó. Le hicieron de todo un poco, tribunales de honor para echarlo, se defendió”.

    Distintas fuentes coinciden en que esas declaraciones calentaron el ambiente en círculos de oficiales retirados, algo que terminó desembocando en los episodios que a su vez derivaron en la renuncia de Aguerre al Centro Militar luego de 40 años como socio. Su situación siempre fue compleja: socio y alto oficial del Ejército, pero hijo de quien para el Centro Militar es un “enemigo”.

    De todos modos, durante los últimos días hubo contactos informales entre el Centro Militar y el comandante en jefe con el objetivo de bajar la tensión y reincorporarlo como socio.

    Sin perjuicio de ello, son varios los informantes —retirados y en actividad— que en los últimos tiempos coinciden en que la relación entre las Fuerzas Armadas en actividad y los círculos de veteranos militares retirados se ha enfriado en comparación con años anteriores.

    Lustros y décadas.

    En paralelo, en su propia carta de renuncia, Aguerre incluyó un concepto que a su vez molestó a varios de sus antecesores: “He recorrido el interior profundo de nuestro país, transitando metro a metro nuestra frontera para conocer, dialogar y aprender. Hacía treinta años que un comandante no conversaba con algunos integrantes de nuestro Ejército Nacional en el norte del país; en otros puntos del interior varios lustros y algunas décadas”.

    Esta aseveración fue interpretada por antecesores de Aguerre como un cuestionamiento directo a sus gestiones al frente de la fuerza de tierra, y por eso pocos días después le enviaron una carta en la cual según las fuentes consultadas por Búsqueda lo cuestionan con dureza.