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    Ex preso de Guantánamo comparó los atentados a las Torres Gemelas con las “masacres hechas por norteamericanos todos los días”

    Jihad Dhiab asegura que fue un “preso religioso” y relató las torturas que vivió: desde tirarle el Corán al inodoro y prohibirle rezar hasta 2.700 alimentaciones forzadas y cinco fracturas de costilla por las golpizas

    Jihad Dhiab está sentado en su celda de un metro cuadrado. Por la poca luz sabe que es de madrugada, pero no puede dormir.

    De pronto, seis militares entran a los gritos: “Move, move, fucking muslim!” (¡Movete, movete, musulmán de mierda!). Y comienzan a patearlo sin parar. Estómago, riñones, piernas, testículos, rostro; una y otra vez. Jihad solo puede gritar del dolor.

    Los militares lo arrastran de sus prendas naranjas a una nueva celda. Los golpes no cesan, tampoco los gritos. Adentro hay solo una silla. Jihad sabe qué pasará porque vive lo mismo al menos dos veces por día desde que inició su huelga de hambre en 2007.

    A la fuerza lo ponen en la silla y lo amarran en los pies, rodillas, vientre, pecho, brazos, hombros y hasta en su cuello. Cuando está completamente inmóvil, un enfermero toma la sonda nasogástrica y de un tirón la mete en su nariz empujándola hasta que llegue al esófago. Jihad se retuerce del dolor. “Muchas veces la sonda entró en el pulmón y me tiraban líquido. Yo lloraba del sufrimiento”, recuerda el ex preso de Guantánamo. Otras veces, los enfermeros jalaban de arriba abajo la sonda.

    Ya colocada, le comienzan a pasar “Twocal” (dos calorías por mililitro), un complemento alimenticio que pasará por la sonda durante dos horas. Dos latas unos días, cuatro en otros, pero siempre debe terminarlas. Algunas veces vomitó, pero la orden era ingerirla, así que el proceso volvía a empezar.

    Hoy Jihad lo recuerda sentado en una silla en Montevideo apoyado en sus dos muletas, que lo ayudan a moverse. Es libre desde el 7 de diciembre de 2014, cuando llegó a Montevideo con otros cinco ex presos detenidos de Guantánamo tras un acuerdo entre los gobiernos de José Mujica y Barack Obama.

    Nueve meses después de su llegada, el ex preso comenzó a contar sus vivencias dentro de la polémica prisión. Esta y otras torturas que sufrió las relató el martes 8 en la conferencia “Nos importa que lo sepas”, organizada por el activista norteamericano por los derechos humanos Andrés Conteris en la sede de Emaús América y a la que asistió Búsqueda.

    Jihad Dhiab (Abu Wa’el Dhiab) nació en Líbano, pero al poco tiempo su familia se mudó a Siria. Vivió en Afganistán y fue capturado en Pakistán, según archivos del gobierno norteamericano, por ser sospechoso de formar parte de Al Qaeda. Además se lo acusó de pertenecer a la Red Global de Apoyo Yihad y de ser “falsificador de documentos”.

    Dhiab, a sus 43 años, niega todo y asegura que lo detuvieron porque después del atentado de Al Qaeda a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre de 2001, “Estados Unidos salió a cazar musulmanes como chivos expiatorios”.

    “Si no hay enemigos visibles que Estados Unidos esté capturando, entonces no se puede mostrar que se defiende contra los actos del 9/11. Por eso terminé preso en Guantánamo”, dice.

    Obama pretende cerrar la cárcel. Aún resta liberar 116 presos, la mayoría de nacionalidad yemení, de un total de 779 que pasaron por el centro de reclusión. Según Dhiab, “solo a cinco se les demostró alguna vinculación real con Al Qaeda”.

    Dhiab relata que al llegar a Guantánamo le hicieron una serie de preguntas. Él solo respondió cuál era su nombre y no dio más información. Una y otra vez le repitieron que solo si confesaba haber pertenecido a Al Qaeda le concederían la libertad. Si no, “aquí se van a morir”, le dijo un oficial militar.

    “Muchos dijeron que sí y por esa razón la prisión sigue, porque Estados Unidos muestra estas confesiones como su prueba del supuesto peligro”, indica.

    “Por 13 años en todos los interrogatorios lo único que di fue mi nombre y nada más. Por eso me torturaron tanto, y más después de que comencé con la huelga de hambre”, recuerda.

    Las agresiones fueron físicas y psicológicas desde el momento en que llegó a la prisión y hasta el día que voló a Uruguay, según recuerda. Incluso en el avión lo trasladaron engrilletado de pies y manos y encapuchado.

    En Guantánamo la primera tortura que recibió fue no poder rezar. Se lo prohibieron. A la par, recibía golpizas a diario. Las patadas de los oficiales le dejaron un saldo de cuatro fracturas en una costilla y una en otra. Y relató también que durante días orinó sangre por las agresiones en sus riñones.

    Sin embargo, el hecho que desató su ira fue “la humillación a la condición de musulmán”. Los militares tomaron el Corán, el libro sagrado del Islam, y lo arrojaron en los inodoros mientras obligaban a los prisioneros a ver esa escena. Pese a las brutales golpizas, según su relato, ese hecho fue el que lo hizo iniciar su huelga de hambre en 2007. Desde ese momento asegura haber recibido alimentación forzada alrededor de 2.700 veces.

    “Nos faltaron el respeto a nosotros e insultaron a todo un pueblo. Una acción tan perversa como esa nos dio la fuerza para organizarnos y hacer la huelga colectiva”, dijo.

    Desde 2004 Dhiab sufría de problemas de salud graves por los golpes en los riñones. La huelga empeoró su salud y por eso, al llegar a Uruguay, debió movilizarse en silla de ruedas y recibir atención médica permanente. Hoy ya puede hacerlo solo con la ayuda de muletas.

    Locos y terroristas.

    Dhiab está convencido e insiste en que lo detuvieron exclusivamente por su condición de musulmán. Incluso, asegura que Estados Unidos lleva adelante una “guerra religiosa” y que él no es más que “un preso religioso”.

    “Es fácil. Si ustedes ven la manera en que tratan a los países musulmanes, ahí van a saber por qué George W. Bush dijo que esta es una guerra cristiana. Estados Unidos habla de derechos humanos y los viola todos, habla de libertades y no las da, habla de democracia pero cuando llega a Gaza, Nigeria, Egipto o Túnez hacen guerra contra ellos”.

    “¿Cuántas personas murieron en el 9/11? 2.000, 3.000, supongamos que fueron 10.000 personas. Señalar el 9/11 es señalar que fueron terroristas musulmanes los atacantes. Pero, ¿cuántos mueren por otros crímenes en Estados Unidos cada día? Hay cientos de masacres hechas por norteamericanos contra norteamericanos entrando a escuelas a matar niños o de racismo. Pero lo que hacen ellos lo hacen locos, no terroristas”, afirma. Por eso está convencido de que Estados Unidos ataca directamente a la religión musulmana.

    Así, Guantánamo “sirve para encubrir las guerras de Afganistán e Irak” sin importar “que haya cientos de inocentes en la cárcel”.

    “Así quedé”.

    Sus compañeros también hicieron huelga de hambre. Algunos de ellos, según cuenta Dhiab, continúan en situación de extrema fragilidad, pesando menos de 30 kilos.

    La alimentación forzada por sonda nasogástrica se aplicó a todos los que se negaban a comer. Así como las golpizas durante los interrogatorios, según relata el ex preso.

    Jihad muestra sus dos manos extendidas. “Tócalas, ¿no se siente temperatura diferente?”, pregunta. Así muestra que en la mitad derecha de su cuerpo perdió la sensibilidad como consecuencia de reiteradas agresiones en su columna y en la zona de la médula espinal.

    “Así quedé por lo que me hizo Estados Unidos”, dice.

    Información Nacional
    2015-09-10T00:00:00

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