Julián González Guyer está convencido de que existe “un cortejo” desde todo el sistema político hacia la corporación militar, especialmente una puja entre el Partido Nacional y Cabildo Abierto expresada en las figuras del ministro de Defensa nacionalista, Javier García, y el subsecretario cabildante, Rivera Elgue. Lo explica ni bien invita a pasar a una angosta sala de oficinas en el sexto piso de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar), donde trabaja como profesor grado 3 y da cursos sobre las Fuerzas Armadas (FF.AA.), seguridad internacional y defensa nacional.
Este politólogo especialista en temas civiles y militares asegura que la castrense es una institución “muy endogámica y expansiva”, aunque eso hay que relativizarlo, dice, porque por ejemplo también lo es la universidad, donde hay apellidos que se repiten, entre otros los suyos. Su padre, Julián González Methol, fue decano de Odontología, y su hermana, Mariana, docente, prorrectora de Extensión y una de las académicas especializadas en género de la Udelar.
Al Frente Amplio “le faltó voluntad política para modernizar a las Fuerzas Armadas”, sostiene González Guyer, cuyo interés por estos temas se remonta “de casualidad” a su trabajo en la Comisión de Defensa frenteamplista junto con el general Víctor Licandro. Antes fue preso, desde fines de agosto del 72 hasta mayo del 79, procesado por la Justicia militar bajo medidas prontas de seguridad. Luego de la cárcel fue exiliado en Suiza, Bolivia y Argentina. De regreso a Uruguay se inscribió en la primera maestría del Instituto de Ciencia Política y en 2016 se doctoró sobre la contribución uruguaya en operaciones de paz desde 1996 a 2016.
También es familiar de Alberto Methol Ferré —primo hermano de su padre y referente intelectual de Guido Manini Ríos—, y opina que el conductor de Cabildo Abierto “concibe y practica la política con lógica bélica”, de buenos contra malos, en una entrevista con Búsqueda, que se resume a continuación.
—Con la dictadura y tras la dictadura, “las Fuerzas Armadas dejaron de ser un reflejo de la sociedad”, aseguró en una reciente entrevista radial. ¿En qué sustenta esta afirmación?
—Las Fuerzas Armadas son una institución del Estado, surgen de la sociedad uruguaya, y en cualquier institución de la sociedad uruguaya sus miembros reflejan la realidad de lo que somos los uruguayos desde el punto de vista de las percepciones, los valores, las formas de pensar y de actuar. Sin embargo, en las Fuerzas Armadas no ocurre esto. Por ejemplo, si bien en los últimos años la mitad de los electores del país votaron al Frente Amplio, en las Fuerzas Armadas no encontramos oficiales del Frente Amplio.
En cambio, en las viejas Fuerzas Armadas, aquellas que se autodenominaban civilistas, que eran respetuosas de la Constitución, que no daban golpes de Estado, y eso las diferenciaba en la región, al crearse el Frente Amplio, en 1971, había un montón de oficiales retirados que tenían cierto contacto con la vida civil, que interactuaron con la sociedad y que se acercaban al Frente Amplio, como el general (Liber) Seregni o (Víctor) Licandro. ¡Y hoy no hay!
—¿Cómo se explica que no haya oficiales del Frente Amplio luego de 15 años de gobierno?
—Eso se debe a que hubo una operación de depuración muy profunda que se expresó a través de todos los militares que estuvieron presos. Hasta mediados del siglo pasado las Fuerzas Armadas en alguna medida eran un reflejo de la sociedad. Esas Fuerzas Armada se terminaron después de una tarea que se produjo durante la Guerra Fría, a partir de los 50, con la cooperación norteamericana y la incorporación de elementos doctrinarios norteamericanos. Y con la dictadura se produce la purga sistemática y absoluta de cualquier resquicio, postura o actitud que no estuviera acorde con esa idea de unas Fuerzas Armadas tutelando la sociedad. Pero a la salida de la dictadura los gobiernos democráticos no revirtieron ese proceso en las escuelas militares. Durante la dictadura y luego de la dictadura ese fenómeno se reprodujo.
—¿Por qué se reprodujo eso?
—Por las características de las instituciones y muy particularmente por la formación académica que reciben los cuadros militares, donde el principio central es la obediencia. Entonces al individuo cuando entra en la Escuela Militar lo central que se le inculca es la obediencia, en el marco del concepto de institución total, un lugar donde pasa la vida y la tiene ordenada en ámbitos hasta arquitectónicamente cerrados, aislados de la sociedad. El militar tiene un sistema de salud, de pensiones y hasta colonias de vacaciones y panteón propios. Entonces a los muchachos les van cambiando la cabeza, porque viven en la escuela, el número de horas de clases es enorme y la obediencia se la inculcan ya no a través de la mente, sino del cuerpo: el que se rebela va preso y el que no se la banca se va y chau.
—El Frente Amplio no logró cambiar las cabezas en las Fuerzas Armadas y entonces las nuevas generaciones son “rehenes” de la “familia militar”, aseguró el anterior ministro de Defensa, José Bayardi, en una entrevista con Búsqueda . ¿Comparte esa idea?
—Absolutamente, sí. Al Frente Amplio le faltó voluntad política para modernizar a las FF.AA. El tema es que les dejamos la formación de los cuadros militares a la propia institución y son los viejos coroneles los que terminan siendo la referencia intelectual de las jóvenes generaciones, lo cual se reprodujo desde el 85 hasta ahora. Y es sabido que no se pueden reformar las Fuerzas Armadas después de una dictadura si no hay consenso entre los principales partidos del Parlamento. Porque si los militares encuentran respaldo político se atalonan y resisten cualquier intento de reforma.
—Las Fuerzas Armadas cumplen en los hechos funciones como la guardia perimetral de las cárceles, el patrullaje de zona de frontera y otras labores, como en pandemia, que en los hechos se pisan con tareas civiles o de seguridad interna. ¿Cómo se puede corregir esto?
—La solución es tener una institución militar mucho más pequeña, eficiente, profesional y mucho más vinculada a la sociedad. Pero no de una manera asistencialista, como lo hace hoy con la pandemia, en cuanto a misiones subsidiarias en función de las capacidades y los recursos económicos disponibles, sino como parte de la sociedad.
—Usted dijo que existe una especie de competencia interna por la adhesión de la corporación militar. ¿A qué se refiere?
—A que existe un cortejo desde todo el sistema político hacia la corporación militar, y especialmente una puja entre el Partido Nacional y Cabildo Abierto expresada con mayor elocuencia entre el ministro García y el subsecretario Rivera Elgue. Ese cortejo es algo propio de la posdictadura y tiene que ver con la pérdida de las fidelidades partidarias en la corporación militar. Sin ir más lejos, empieza durante el gobierno de Lacalle padre… Y algo de eso hoy se está viendo en el gobierno, donde claramente hay una competencia entre el ministro García y su subsecretario, Rivera Elgue, quien no tiene mucha visibilidad pero ha puesto a mucha gente en el ministerio y sabe de los temas militares… Lacalle padre me dijo que él se había metido en dos gallineros de Sanguinetti y del Partido Colorado: la Fuerzas Armadas y la comunidad judía. Y hoy en día el herrerismo es muy fuerte en las dos, en contradicción con lo que es la historia, porque la relación del viejo Herrera con la comunidad judía era muy mala.
—¿Cómo ve a Manini político, primer senador y líder de Cabildo Abierto?
—Manini es un individuo que piensa estratégicamente, quiere decir que lo inmediato le importa poco en relación con el objetivo que busca. Manini concibe y practica la política con lógica bélica, de nosotros, los buenos, contra ellos, los malos, y su estrategia es confundir al enemigo. Es la lógica de guerra: amigo-enemigo, bueno-malo. Y a partir de ahí construye una lógica política que no excluye la posibilidad de que hoy se alíe con este y mañana con el otro. No hay problema. Pero él tiene un objetivo que probablemente sea construir un partido grande y llegar a ser presidente de la República. Manini mamó una historia desde la cuna, que viene de la época del viejo Batlle, con el agregado de su hermano, Hugo y su vínculo con el ruralismo. Ahí hay otro fenómeno, que es el rol del caudillo, del líder carismático, que también lo asocia con el ruralismo. Y está el discurso de pacotilla de Manini antimperialista, porque en realidad participa de un gobierno que es deudor del neoherrerismo, que lo crea Lacalle padre y lo sigue Lacalle hijo, y es el mejor aliado de EE.UU. en Uruguay. El gobierno de Lacalle Herrera (1990-1995) es el primero después de que se disuelve la Unión Soviética, cuando EE.UU. reformula todo su esquema de seguridad hemisférica para América Latina y entonces hubo un gran auge de maniobras militares de Uruguay con EE.UU., y hoy el ministro de Defensa proclama la cuestión de la seguridad humana, tras definirse la doctrina del anticomunismo.
—¿Cuál es la doctrina actual?
—La nada. Es que los ejércitos deben ser fuerzas multipropósito, una larga lista de amenazas y desafíos que abarca un poco de todo. La lista de misiones que se les da a las Fuerzas Armadas es interminable, no alcanzan las letras del abecedario para listar todas las misiones cuando en realidad alcanza con lo que dice la ley marco, que es ejecutar los actos militares de defensa nacional y otras tareas que el gobierno le asigne. Punto.
- Recuadros de la entrevista
Fernández Huidobro fue “muy funcional” a Manini
El proyecto para dar prisión domiciliaria a mayores de 65 años tendrá impacto “marginal” pero “alto contenido simbólico”