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Durante la cena, Fortunato y su esposa habían discutido el tema del momento: la escandalosa situación de la Ancap, y su culebrón interminable, lleno de desconcertantes irregularidades que unos tratan de ocultar, otros de resaltar, otros de denunciar, y otros más de olvidar, por más difícil que resulte.
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Como cada día aparece alguna novedad, que los noticieros se regodean en divulgar con pelos y señales, Fortu se sentó en su sillón frente a la tele, para ver el informativo de cierre con su presumible carga emotiva sobre el tema.
Por cierto que el informativista, antes de entrar en las noticias del día, empezó a recordar la larga retahíla de hechos bochornosos que han pautado la historieta más escandalosa de la historia de las empresas del Estado, que ha dejado al caso Pluna a la altura de una película de Walt Disney. Que el remolcador que no anduvo, que la fiestita de los 360.000 dólares con la vieja-que-es-peor-que-el-tuerto de invitada, que la capitalización de la cementera decidida por el presidente del ente sin consultar al directorio, Fortunato bostezaba y la recopilación de lo ya conocido le estaba dando más sueño que de costumbre a esta hora.
En eso el informativista arranca con las novedades del día.
—“Se ha aprobado en el Parlamento una extensión especial del mandato de la comisión investigadora, debido al descubrimiento de varios hechos tan irregulares como inexplicables, que estamos seguros que impactarán a la opinión pública de manera impresionante” —dijo el periodista, con su habitual estilo sensacionalista. “En una inspección llevada a cabo en la tarde de hoy, por parte de varios integrantes de la comisión investigadora, se descubrió que uno de los gerentes de área de la Ancap tenía un cuarto anexo a su escritorio. Los parlamentarios entraron sin anunciarse en el despacho de este gerente, y detectaron una puerta falsa abierta, que daba a una habitación contigua. El gerente intentó detenerlos, pero los miembros de la investigadora se precipitaron a dicho recinto, donde pudieron comprobar que el jerarca tenía instalado un comercio en el que funcionaban maquinitas tragamonedas, se llevaba quiniela clandestina y se vendían bebidas alcohólicas de contrabando”.
Fortunato no sabía si ya estaba dormido y soñaba, o si aquello era tan solo la continuación del culebrón del año.
El informativista prosiguió.
—“Los parlamentarios pusieron de inmediato en conocimiento de este hecho al presidente Vázquez, quien se reunió con el vicepresidente Sendic, y ambos analizan la posibilidad de promover una investigación administrativa para estudiar el hecho, y eventualmente considerar la clausura de este comercio irregular, estudiándose asimismo la posibilidad de sumariar al supuesto infractor separándolo del cargo, si es que se comprueba que era el mismo gerente quien actuaba como empresario clandestino” —prosiguió el periodista, agregando —“pero esto no es todo, amigos telespectadores, ya que en la recorrida de hoy por los despachos de los 37 gerentes de área que posee la Ancap, se notó la ausencia de uno de ellos, a quien habían ido a visitar varias veces, sin encontrarlo. Hoy su secretaria tuvo la deferencia de informarles a los visitantes que su jefe hace tres años que está en Canadá con goce de licencia. En efecto” —continuó el informativista- “pudo saberse que este importante jerarca del ente viajó en 2012 a Toronto, para una visita de trabajo a la Canadian Oil Refinery, donde, al cabo de su estadía, le ofrecieron quedarse a trabajar en dicha empresa, con un contrato de cuatro años. El gerente pidió entonces licencia con goce de sueldo en Ancap por el período de seis meses, y la ha venido renovando cada semestre, cosa que tenía programado hacer hasta el vencimiento de su contrato en Canadá” —remató el cronista, no sin antes informar que habían consultado al senador Mujica sobre el extraño caso, ya que el jerarca que falta hace tres años a su trabajo, aunque sigue cobrando el sueldo, es un activo militante del MPP, y amigo personal del ex presidente.
—“¡Sheguro que shabía, papá!” —le dice en la entrevista filmada para el informativo el senador Mujica al periodista que lo entrevista —“no iba a shaberlo yo, que fui el que le dio el conshejo que pidiera la lishenshia epeshial con gosheshueldo, porque tiene una familia grande ejte muchacho, y hay que parar la olla pa lo gurishe, ¿mentendé? Tonshe le dije vo pedite con gosheshueldo, y shi me preguntan a mí, digo que ta bien, ta…¡pero no me preguntaron nunca! ¡she ve que ni cuenta she han dao que ejte ta faltando, ta! ¡Eshun dejpelote la Ancá, papá!”—finaliza diciendo el ex primer mandatario.
A continuación, con Fortunato más dormido que despierto, el informativo dio cuenta de otras desprolijidades inexplicables, como por ejemplo la factura que le pasó la semana pasada la agencia de publicidad a la Ancap por concepto de los miles de minutos en los que los jerarcas del ente han aparecido en los medios, a consecuencia de las escandalosas conclusiones de la investigadora. El directorio del ente protestó por la factura, pero la agencia exhibió el contrato donde dice que Ancap pagará por la cantidad de minutos al aire, sin dar razones de las causas que motiven esa exposición pública de sus jerarcas, así que en los próximos días el ente le pagará a la agencia dos millones de dólares más por este concepto.
El colmo del escándalo llegó al final del informativo, cuando las cámaras mostraron el último descubrimiento de los investigadores, que concurrieron a la empresa en horas de la madrugada en forma sorpresiva, y siguiendo una información confidencial que habían recibido de un alto funcionario, bajaron a un subsuelo secreto, al que se accede pasando por el archivo muerto de expedientes antiguos. Allí, acompañados de las cámaras de los canales, los parlamentarios encontraron una discoteca en plena fiesta, a la que asistían los gerentes y jerarcas del ente, quienes bailaban y bebían en compañía de varias secretarias, funcionarias y amigas íntimas, al son de una estridente música pop. Y al fondo del recinto, se apreciaban “despachos” especiales en los que había camas, espejos por las paredes y los techos, y pantallas de televisión en las que se proyectaban films porno.
—“¡Vieja, vení a ver lo que descubrieron en la Ancap! ¡Terrible festichola!” —le dijo Fortunato a su esposa.
—“Venite a dormir a la cama, que estas soñando y roncando en el sillón” —dijo la señora. “Con la festichola que ya les descubrieron deberían estar todos presos” —agregó.