Murió Fidel. Se pasó cinco días el aniversario de la muerte de su compatriota de origen y colega totalitario y sanguinario: el gallego Francisco Franco.
Murió Fidel. Se pasó cinco días el aniversario de la muerte de su compatriota de origen y colega totalitario y sanguinario: el gallego Francisco Franco.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa prensa mundial se acongoja por el deceso del tirano. Personas que hacen un culto público de su supuesto espíritu democrático no dudan en lamentar la desaparición de quien destruyó la vida de varias generaciones, mató, multiplicó la miseria y contribuyó al sufrimiento de millones de personas en todo el mundo.
La muerte de Castro condena definitivamente a la dictadura en la isla. Ahora vienen las luchas por el poder y la competencia en la dirección del Partido Comunista y las FFAA por quedarse con los mejores pedazos de la malherida torta cubana. Como sucedió en Europa del Este. Como sucedió en la ex Unión Soviética. El comunismo, por donde pasa deja la tierra quemada y el espacio abierto a la voracidad más cainita.
La pregunta que me parece central en este momento es la que tiene que ver con el indudable apoyo y simpatía que Castro y su dictadura caribeña (berreta y cruel) desde el inicio mismo despertaron en las amplias masas latinoamericanas, especialmente en aquellos sectores que nunca votaron por los partidos comunistas.
La respuesta a esta pregunta incluye la idea central de que los pueblos mentalmente subdesarrollados creen más en la figura de un Mesías salvador que en el cultivo de instituciones transparentes. De la misma manera, se cree más en una solución mágica, instantánea, que en el trabajo consciente a largo plazo.
Otro tópico fundamental dentro del mundo subdesarrollado es que la riqueza se basa en el despojo. Es decir que los ricos son ricos porque se han apropiado de los bienes que les corresponden a otros. Ésa es la base del anticapitalismo que foguea, entre otros, el actual Papa.
A esto se suma la idea de que EEUU es el gran cuco de los latinoamericanos (una herencia del resentimiento que el mundo anglosajón despierta desde hace más de 500 años en España).
Y por último (si bien los tópicos a resaltar son muchos más), es necesario recordar el peso decisivo del caudillismo en la cultura hispanoamericana, desde los días del Cid Campeador.
Fidel fue un verdadero fascista. Sustituyó el lema “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado” de Mussolini por el suyo: “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada”. La misma esencia, la misma intolerancia, la misma práctica.
Hace años que insisto en las características centrales de la sociedad hispanoamericana, características que en forma efectiva y compacta han impedido, impiden e impedirán un crecimiento de la misma. Fidel Castro corporizaba todos estos elementos: anticapitalismo, antiestadounidismo, caudillismo redentor y una visión del mundo centrada en el enfrentamiento a muerte de los extremos: socialismo o muerte (patria para todos o para nadie, gritaban los energúmenos locales…) es el dogma que enfrenta al “pueblo” con sus “enemigos”: una idea cavernícola que condena a las sociedades a una guerra civil sin fin.
En el ADN del hispanoamericano está el desprecio por el gradualismo y el posibilismo. Encontramos esto en la médula de un Fidel Castro, de un Franco e incluso de un Rodó.
El combate a muerte entre el gallo rojo y el gallo negro, que simbolizó la guerra civil española, representa en realidad una constante a lo largo de la historia ibérica, en donde una mitad de España siempre ha intentado matar a la otra (Goya pintó a las dos Españas dándose garrotazos hasta eliminarse mutuamente, Mariano de Larra anotó “Aquí yace media España, murió de la otra media”).
Esta forma de ver la vida como un combate a muerte entre la verdad absoluta que representan los iluminados y la mentira total propia de los herejes ha producido en España y en sus filiales americanas siglos de horror y atraso, interminables guerras y una Inquisición única en el mundo cristiano en cuanto a crueldad y a consecuencias sociales devastadoras. Esta es la tierra en donde crece raudo el totalitarismo mental, que es el peor de todos.
Las mentes subdesarrolladas que pueblan nuestros territorios no comprenden que el mundo y la vida son profundamente variados y que se caracterizan por una inmensa diversidad en todos los niveles imaginables y que, por lo tanto, no existen en ellos los estados puros.
Fidel encarnaba todo esto de manera radical y por eso despertó tanto entusiasmo. Ahora, él murió. Pero los valores que representaba siguen vivos, para desgracia y condena de una buena parte del mundo.