Nº 2252 - 23 al 29 de Noviembre de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde 2017, con el nuevo Código del Proceso Penal (CPP), en el funcionamiento de la Justicia se produjo una modificación integral del sistema. La investigación de los delitos pasó a manos de los fiscales y los jueces penales dejaron de cumplir esa función y al mismo tiempo de juzgar lo que habían investigado para convertirse en terceros imparciales.
Otros cambios fueron sustanciales: las víctimas cobraron un destaque que les era ajeno y los fiscales, con una visibilidad hasta entonces inexistente, pasaron al primer plano. La oralidad se convirtió en el centro de los juzgamientos, en los que se facilitó la inmediación y la publicidad.
El CPP ha sido objeto de variados cuestionamientos, en especial por estar inspirado en la filosofía procesal de Estados Unidos. Pero lo cierto es que con matices este sistema rige en casi todo el mundo, lo que incluye los acuerdos con la Fiscalía para obtener reducción en las penas, otro punto muy cuestionado por quienes reclaman sanciones duras contra el crimen.
Resultó inesperado el voluntario protagonismo público y personal de varios fiscales. Hasta el nuevo CPP trabajaban casi en las sombras y pasaron a estar iluminados por reflectores que a muchos los sedujeron. Ese protagonismo integra la transparencia, pero ese principio esencial a los poderes públicos es una cosa y otra son los debates populares al margen del proceso o con tono de conventillo de quienes buscan decirle al ciudadano “aquí estoy yo”, me comentó un fiscal jubilado. Remarcó con razón que cuando los que conducían el proceso eran los jueces rara vez ocurría.
El exfiscal de Corte Jorge Díaz, gestor del nuevo código, debido a las potestades que este le confirió, tuvo a su lado desde el comienzo a algunos fiscales incondicionales. Desde la cúpula —a la que llegó por unanimidad gracias a un acuerdo partidario para otros cargos—, gestionó la función con mano firme. Algunos han sostenido que sembró el temor entre fiscales que no querían quedar relegados en su carrera. A quienes respaldaban a Díaz irónicas pullas internas los señalan como “los Jorgitos” y aseguran que gracias a ello avanzaban en su camino. Lo cierto es que a nadie se le ocurrió plantear formalmente su destitución. Ni a fiscales ni a políticos les dio el cuero para ello. Todo blablablá.
En octubre de 2021, cuando Díaz renunció a su cargo antes de vencer su mandato, quedó una institución dividida. Ya no estaba la exigente lupa que controlara a algunos fiscales que progresivamente pasaron a integrar debates públicos con interesados abogados defensores, con involucrados en las investigaciones y con políticos mediocres que, por ineficiencia o comodidad, trasladan sus batallas hacia el Ministerio Público. Inmoral.
Es indiscutible que algunos fiscales se empeñaron en convertirse en protagonistas. Un ejemplo es la llamada Operación Océano, cuyos hechos y los involucrados en casos de abuso sexual pasaron a ocupar lugares protagónicos sobre el escenario. La fiscal Darviña Viera llegaba al juzgado cargada de carpetas como si adentro tuviera la piedra filosofal del caso. Casi nada tenían. Emulaba a algunos fiscales de las series de la TV estadounidense.
Otra es la exfiscal Gabriela Fossati, que en ancas de su actuación en el caso del traidor exjefe de la custodia presidencial Alejandro Astesiano incluyó a Díaz como blanco de sus dardos. Ahora en su libro La cara oculta del sistema judicial insiste y critica con dureza a Juan Gómez, con quien tuvo duros enfrentamientos. Voluntariamente deja clara su ideología: “Yo misma, que soy blanca de corazón, una vez fui votante del FA y otra vez del Partido Independiente”. Y remarca: “Porque los blancos, los wilsonistas que todavía existimos, somos objetivos y hasta rebeldes cuando corresponde, cuando queremos enviar un mensaje de disgusto”.
La asunción de Gómez como fiscal interino potenció en la institución las rivalidades y la formación de facciones. Los abogados defensores y los políticos crispados no dejan de echarle carbón al motor de esa locomotora pese al riesgo de una colisión institucional. Peligroso camino cuando se observa el caos judicial de, por ejemplo, la Justicia de Argentina. Pero como hace varios años ironizó un juez: “Cada uno es responsables de su codicia y de sus calenturas de espaldas al ciudadano”. Poco les importa lo esencial.
Gómez asumió con poca expectativa de un acuerdo partidario para designar a un titular que lo sustituyera. Los tres quintos de votos necesarios en el Senado eran una utopía porque los partidos no se fijan tanto en las condiciones técnicas de los juristas como en una eventual filiación o simpatía partidaria. Sin espíritu o actitudes para conducir, ordenar y sancionar, pese a reiterados consejos basados en su impolutos antecedentes y simpatía, decidió mantenerse en el cargo.
¿Qué olfatearon los fiscales con su advenimiento? Que sus controles serían mínimos y que muchos tenían el respaldo del gremio de fiscales que hasta la llegada de Gómez se había mantenido en silencio. Muchos se convencieron de que en los procesos era posible tener actitudes públicas basadas en una falsa libertad de expresión, sin el riesgo de pagar un “peaje” en sus carreras. Antes chocar con el muro de Díaz, suponía pagar cara esa osadía.
En algunas ocasiones Gómez trató de combatirlo sin ruido, especialmente con respecto a las intervenciones personales que en varias ocasiones dejaron en evidencia la falta de prudencia y estabilidad emocional.
A fines de octubre el programa Santo y seña de Canal 4 divulgó conversaciones de la fiscal Alicia Ghione, que conduce la investigación del exsenador Gustavo Penadés por 22 delitos sexuales.
Las conversaciones revelaron una excesiva confianza y cordialidad entre Ghione y algunas víctimas. Gómez no tuvo más remedio que intervenir e inició una investigación. Montevideo Portal reveló que al cabo de la reunión en la que tomó esa decisión, Gómez dijo: “Víctimas, sí, amigos, no”. Una frase que parece demagógica porque Ghione continúa al frente de ese caso.
Las filtraciones de información reservada de las investigaciones penales han convertido desde hace tiempo al Ministerio Público en un tembladeral. Gómez no pudo pararlas y recién el martes 7 —un día antes de comparecer ante la Comisión de Constitución y Legislación de Diputados— remitió a los fiscales un memorándum con directivas sobre las cuales será, presuntamente, severo.
Como informó Búsqueda la semana pasada, dos años después de asumir, Gómez les plantea “evitar (…) comentarios públicos” sobre las investigaciones preliminares y recomienda que ante información sensible les pidan a los jueces la reserva.
Esas investigaciones comprenden a las que estén en juego del interés público y a las que considere “prudente” comunicar al ciudadano una vez concretada la formalización.
También expresa la necesidad de evitar comentarios sobre las investigaciones en las redes sociales y eliminar los debates con terceros. Aconseja realizar publicaciones con “particular prudencia” y advierte que el uso incorrecto puede poner en juego el decoro, la imagen y la imparcialidad del fiscal interviniente.
Sin fundamentos sólidos —salvo un oculto corporativismo— negó ante los legisladores que las “filtraciones” provengan de las fiscalías porque ello supone dificultar sus propias investigaciones.
Este no es el final, y quien sustituya a Gómez —si el Mago Ariel les aconseja a los partidos un candidato— tendrá los mismos problemas. Es que el ego no integra el proceso penal y cada fiscal tiene el suyo.