“La sala es lo suficientemente oscura para que no los identifiquen”, anima el moderador de una charla sobre las perspectivas globales, en el marco de la reunión anual de Davos del Foro Económico Mundial, alentando al público a responder. “¿Quiénes creen que vamos encaminados a una recesión” global?, pregunta. Y contabiliza manos en alto: más o menos la mitad de la platea. ¿Y quiénes cree que la economía tendrá un “aterrizaje suave”, ayudado por los bancos centrales? Un número muy pequeño avala este pronóstico. Arriba del escenario, los oradores también están divididos en las opiniones. Lo cierto es que el riesgo latente de un freno del crecimiento económico mundial sobrevoló varias de las mesas en este cónclave de líderes globales en las que también se habló de algunos problemas latinoamericanos: el retorno de la inflación alta, la falta de liderazgos y las “pésimas instituciones políticas” existentes, en general, en estos países.
Bananas recesivas
“Creo que usted ha asustado al público, pero no a los miembros del panel”, dijo la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, siguiéndole la corriente al moderador de la charla sobre las perspectivas económicas mundiales. “Hemos reducido las proyecciones de crecimiento para este año para 143 países y, como aquí en Davos, el horizonte se ha oscurecido” porque estamos viendo las consecuencias de la guerra, que serán de “gran calado”, señaló la funcionaria. También mencionó como asuntos preocupantes la apreciación del dólar, la suba de tasas de interés y la “ralentización” de la economía china. Así, según la jefa del FMI, el “2022 va a ser un año difícil”. Recordó que la última estimación de crecimiento para el Producto Bruto Interno mundial es de 3,6%; de ahí “a la recesión hay un trecho muy largo; sí podemos prever recesión en algunos países que no se recuperaron del Covid o que tienen una gran dependencia de las importaciones de Rusia, por ejemplo, o que tienen un entorno más frágil”.
David M. Rubenstein, copresidente del grupo Carlyle de gestión de inversiones, contó de un político estadounidense que recomendaba no usar la palabra recesión y hablar de una banana, por su curvatura, asimilándola a la gráfica cuando una economía cae. “No quisiera decir que estamos en una banana, (pero) a menos que la guerra termine muy de prisa quizás está muy cerca la banana”, aseveró. “Podría ser una recesión leve; y esto no es el fin del mundo, tienden a ocurrir cada siete años. No debería ser causa de alarma”, dijo, e insistió con la metáfora: “Va a ser una banana suave, si es que es una banana”.
La directora del FMI volvió a intervenir con una acotación. “Hay países en distintas situaciones. Hoy hay dos países en recesión muy profunda: Ucrania, donde el 35% o 40% de la economía se ha perdido, y Rusia, que presenta una contracción de 11,5% este año. Si vamos a Estados Unidos, en cambio, no hay bananas”.
Jane Fraser, directora ejecutiva de Citibank, afirmó en el mismo panel que hoy son tres r, en inglés, los “problemas que dominan” en el mundo, algunos más que otros según el país: Rusia, recesión y tipos de interés (rates). Se expresó convencida de que Europa vivirá una recesión próximamente. Ese continente se encuentra “en el centro de la tormenta” por su crisis energética, las distorsiones en la cadena de suministros, y también por la proximidad con Ucrania “las cosas están más difíciles”.
François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco Central de Francia, discrepó con la estadounidense sobre la realidad europea. “No estoy de acuerdo con Jane; la actividad es inferior respecto al año pasado, pero Europa es resiliente”. Y mencionó previsiones de crecimiento económico “claramente positivas, los servicios, mejor que la industria, lo opuesto a la época de la pandemia de Covid”.

A corto plazo, planteó el jerarca francés, la inflación es el principal problema. En la zona euro el alza anual de precios se ubicó en 7,4% y en 3,4% la subyacente. “Nuestro objetivo a dos años es bajar la inflación al 2%, y lo haremos normalizando la política monetaria, no haciéndola más rígida. Yo renunciaría a esta dicotomía entre inflación y crecimiento; el crecimiento volverá, ahora se trata de luchar contra la inflación, y es lo que haremos”.
En otro panel, que trató sobre el futuro de la globalización, algunos expositores se mostraron optimistas. Pamela Coke Hamilton, directora ejecutiva del Centro Internacional de Comercio, citó cifras récord del año pasado sobre el intercambio comercial global tras el bajón en el inicio de la pandemia. Y si bien se refirió a un momento de “tormenta perfecta”, entre otras cosas por el conflicto bélico en Europa del Este, rechazó que la economía mundial esté yendo hacia una mayor desconexión. “No hay una desglobalización sino que esta se está transformando, simplemente adaptando y evolucionando”, por ejemplo, con más comercio digital, sostuvo.
Inflación y liderazgos
Otra mesa realizada en el marco de la reunión de Davos llevó como título Descifrando el futuro de América Latina, donde se hablaron temas que están en la agenda de hoy de Uruguay, como el aumento del costo de vida.
“Estamos entrando en un período muy peligroso en que tenemos a toda una generación, o más, que no había vivido con inflación, salvo Venezuela. La norma en América Latina es que la inflación había dejado de ser parte de la conversación, pero hoy vuelve, a todo el mundo. Pero vuelve a una generación de latinoamericanos que no sabe cómo vivir con inflación, y las consecuencias económicas y sociales de la inflación son tremendas, son realmente sombrías. Es la misma generación que vivió en democracia; ellos no saben lo que es la autocracia, pero saben que la democracia no está teniendo buenos resultados para ellos”, reflexionó Moisés Naím, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. “Con la alta inflación y la alta desilusión con la democracia” parece “muy difícil” para la región lograr “satisfacer los requerimientos de integrarse al mundo”, planteó.
Arancha González Laya, ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España en 2020? y hasta julio de 2021, expresó preocupación por la “ausencia total de liderazgo latinoamericano. Latinoamérica ha desaparecido del radar” y “no debería” hacerlo, “porque hay grandes problemas” que ya “están golpeando” a sus países, como la fragmentación que deriva de la guerra geopolítica entre Estados Unidos y China. De manera similar, para un país promedio de la región la “agresión rusa a Ucrania demuestra el problema que el unilateralismo” puede ocasionarles. Frente al cambio climático, también actuar “solos” sería más costoso para los latinoamericanos, afirmó González Laya, hoy decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de París.?
La española enfatizó en que las democracias deben ser “legítimas”, pero al mismo tiempo deben “dar resultados”. Con “ciertas dosis de reformas” sería posible hacer que “el continente crezca”, opinó.
También con foco político habló en la misma mesa el exministro de Hacienda de Chile Andrés Velasco, actual decano de la Escuela de Economía y Ciencias Sociales de Londres.
“Este es un momento difícil para ser latinoamericano. Nunca fue fácil, pero quizás hoy es más difícil que nunca. Entre otras cosas porque no recibimos crédito; (...) los indonesios creen que inventaron el populismo, los americanos también, los españoles no están lejos de creer que inventaron el populismo. ¡Nosotros tuvimos a Perón, Vargas, Cárdenas, Chávez..., comparados con ellos, los otros son (populistas) de segundo grado!”, comparó.
¿Por qué es tan difícil para América Latina gobernarse a sí misma con un estándar razonable?, preguntó luego. “Tenemos un problema con la capacidad de nuestros gobiernos —de izquierda, de derecha, más o menos democráticos— de alcanzar buenos resultados, y creo que básicamente es un problema político. Más allá del populismo y la demagogia, que existe desde los griegos, América Latina se ha dotado de pésimas instituciones políticas”, sostuvo, y puso como ejemplo el caso de Perú. Alegó que el presidente peruano ganó las elecciones después de haber creado un partido político que “inventó con un grupo de amigos” y, tras asumir el mando, “se dio cuenta de que tenía un voto de 10 en el Congreso”, sin posibilidad alguna de cumplir sus promesas electorales. “No tiene ninguna base legítima, ninguna credibilidad, nada. Perú quizás sea un ejemplo extremo, pero esto es lo que hay en toda América Latina. Colombia solía ser un país con partidos sólidos; hay 22 hoy, y la gente que está por llegar a la segunda vuelta en pocos días no pertenece a ninguno de los dos partidos grandes”, añadió. Tras la elección del pasado domingo, Gustavo Petro, del izquierdista Pacto Histórico, y Rodolfo Hernández, empresario y candidato independiente, pasaron a un ballotage presidencial el próximo domingo 19.
De su propio país, el chileno dijo que hoy ya no tiene partidos “sólidos” y lo que hay es “fragmentación, cortoplacismo y gobiernos que gobiernan por tuits”.
Reflexionando como economista, Velasco habló de una “tormenta casi perfecta” en ese campo para la región. “No tanto, tanto, porque los precios de las materias primas están bastante altos”, si bien al mismo tiempo cada vez que se produjo un incremento en las tasas de interés en Estados Unidos “hubo un tipo de problemón en América Latina”, la pandemia “no ha terminado”, las perspectivas de crecimiento “son malas” y hay “inestabilidad política”.
Al final, una pregunta del público al panel aludió a un dilema que puede ser uno de Uruguay, dado el intento del gobierno de Luis Lacalle Pou por negociar mejores condiciones de comercio con los chinos: ¿cuál sería la mejor estrategia para los países latinoamericanos frente a la “dicotomía” entre Estados Unidos o China? González Laya contestó que no se puede “elegir entre papá o mamá”, y opinó que la “estrategia ganadora” es “invertir en garantizar que las reglas de juego sean claras” mediante mecanismos multilaterales.