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Cuando hay un auge fílmico de las actividades paranormales, Luces rojas se posiciona en sentido contrario: la psicóloga e investigadora Margaret Matheson (Sigourney Weaver) y su asistente Tom Buckley (Cillian Murphy) se dedican a desbaratar presuntos casos de presencias sobrenaturales (espíritus que perturban a familias asustadas, ruidos que se oyen en los desvanes de viejas casonas, espiritistas que convocan a los espectros errantes, etcétera) y hasta explican cómo hacen ciertos embaucadores para sacarles plata a los incautos. Hasta ahí, esa bienvenida vuelta de tuerca resulta tan interesante como intrigante.
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Pero claro, tenía que haber algo que no funcionara debidamente. Primero, la doctora Matheson lucha con sus propios demonios interiores (un hijo en estado vegetal, un viejo caso que nunca pudo resolver y que marcó su vida) y su joven ayudante se muestra tan ansioso como intolerante. Ambos tienen que pelear por un mejor presupuesto ante jerarcas escasamente colaboradores como el doctor Shackleton (Toby Jones), a pesar de que su seguridad comienza a tambalear cuando vuelve del pasado un personaje que Matheson no desearía reencontrar.
Simon Silver (Robert De Niro) es ciego y a su vez vidente. Se había retirado de la actividad hace unos cuantos años por causar un hecho luctuoso, y ahora vuelve de entre las sombras para complicar la vida de cuanto investigador se le cruce. Y sabe que la Dra. Matheson es una temible enemiga, a la vez que ella sabe que con ese tipo es mejor no meterse. Pero el joven Buckley no admite vacilaciones. Contra viento y marea intentará desenmascarar a Silver, aunque en esa misión se enfrente con una verdadera potencia y deba emplear ciertos recursos muy peligrosos.
Todo va bien hasta que el realizador español Rodrigo Cortés (que había dirigido “Enterrado” y es colibretista de “Donde habita el diablo”, actualmente en cartel) empieza a apretar el pedal de la truculencia y tuerce el rumbo de “thriller de suspenso” a “thriller de terror” pese a que no había preparado su historia (ni a su público) para semejante viraje. El asunto gira hacia el estilo de “Abre los ojos” de Alejandro Amenábar (rehecha en Hollywood como “Vanilla Sky”, con Tom Cruise) mezclado con “Sexto sentido” de M. Night Shyamalan, en el aspecto de que fuerza una vuelta de tuerca inesperada que da por tierra con todo lo que se había visto antes.
Si el truco se realiza con habilidad (como en los ejemplos mencionados), surte efecto. Si, en cambio, se saca de la galera sin haberlo insinuado inteligentemente antes, parece forzado y gratuito. De todos modos, tiene rasgos de interés y vale la pena al menos para volver a ver a Sigourney Weaver en un papel protagónico (o casi), junto a la natural autoridad (a veces amenazante) de Robert De Niro. La película es española pero está hablada en inglés, un estilo de coproducción muy corriente en estos momentos y que sirve para asegurarse el mercado estadounidense sin necesidad de recurrir a futuras remakes.
“Luces rojas” (Red Lights). España-EEUU, 2012. Director y libretista: Rodrigo Cortés. Duración: 113 minutos.