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    Gabriel Calderón y su balance de sus dos años al frente de la Comedia Nacional

    “Habló de nosotros más gente aún que la que vino a vernos”, dijo el director, y anunció que luego de la temporada 2024, denominada Otros mundos, dejará el puesto y continuará su carrera internacional

    En 2022 fue Arde. En 2023, Nuevos clásicos. En la tercera y última temporada de Gabriel Calderón al frente de la Comedia Nacional, la consigna es Otros mundos. Más allá de los 14 espectáculos que se anunciaron la semana pasada, la propuesta es “discutir y repensar” el sistema teatral uruguayo. Esta temporada tendrá más títulos que las anteriores pero con puestas en escena más austeras. La gran producción del año será, sin dudas, Fuenteovejuna, para muchos el non plus ultra de Lope de Vega y del teatro español del Siglo de Oro, un peso pesado del teatro universal que se estrenará en octubre en el Solís, dirigido por el catalán Xavier Albertí y con escenografía de Pablo Atchugarry. En entrevista con Búsqueda, Calderón subraya que la Comedia es ante todo una “plataforma de artistas”. En esa línea vendrán figuras internacionales de renombre —además de Albertí—, como el dramaturgo y director francés Pascal Rambert, los españoles Lluís Homar y Marta Pazos, la chilena Carla Zúñiga, el inglés (residente en Uruguay) Anthony Fletcher, el argentino Mariano Tenconi y el colectivo Piel de Lava, también de ese país. Además, dirigirán los uruguayos Sergio y Roxana Blanco, Martín López Romanelli, Tamara Cubas y Margarita Musto. La Comedia volverá a hacer una obra del libanés-canadiense Wajdi Mouawad (autor de la celebrada Incendios) y convocará como autoras a las escritoras Inés Bortagaray y Virginia Martínez y a la cineasta Ana Guevara. También volverá a coproducir una obra con el teatro independiente, esta vez en el Teatro Victoria, habrá giras barriales e internacionales y concretará coproducciones con compañías de Madrid, Barcelona y la ciudad suiza francoparlante de Lausana. Más allá de los detalles, lo que sigue es una charla con Gabriel Calderón sobre sus dos años en el cargo y sobre los Otros mundos que el elenco propone en 2024.

    —Has dicho varias veces que asumías por un solo período (tres años). ¿Eso se mantiene?

    —Sí. Esa decisión la tomé desde el inicio. Es el período que tengo. Algunos renuevan y otros no. He tenido mucho apoyo de las autoridades, pero entré sabiendo que eran tres porque también tengo una carrera. Si yo hiciera seis años, que los podría hacer, me implicaría perder todo lo que me costó conseguir afuera. Porque después de seis años te tenés que ir sí o sí, y tendría que empezar de cero afuera. En este tiempo traté de sostener mis relaciones sin dirigir afuera; mantener las puertas abiertas. Y eso se mantuvo, porque el año que viene tengo trabajo agendado en Italia, España y Suiza.

    —¿Qué quiere decir sostener tu carrera?

    —En marzo de 2025 tengo el montaje en Italia de Historia de un jabalí. Después voy a hacer una escritura que será estrenada en Barcelona. Y luego voy a dirigir una ópera en España, en el 26. Y también volveré a dar clases en la escuela de artes escénicas La Manufacture, de Lausana, en Suiza. Se me atoraron un poco los trabajos (ríe).

    —El año pasado la Comedia creó Teatrino , un formato de teatro al aire libre que está muy vinculado con la tradición clásica y que ha sido muy bien recibido por el público. ¿Cómo surgió esa iniciativa?

    La concepción de Teatrino fue salir a la calle con el repertorio histórico de la Comedia. Esto surgió en el marco de la temporada de clásicos del año pasado. Le preguntamos al elenco qué grandes clásicos habían hecho, qué obras los marcaron, qué obras les hubiera gustado hacer. Esa conversación la tenemos permanentemente en los pasillos. Es muy del actor recordar. Y aparecen Calderón de la Barca, Shakespeare con sus Segismundo, Hamlet y tantos otros. Aparece la memoria, empiezan a decir el verso en cualquier lado. Y ese acto es hermoso. Además nosotros tenemos guardado mucho de ese vestuario histórico acá mismo en el teatro. Muchísimo, y es divino. Y la idea del retablo medieval que pueda contener pequeñas escenas ya la tenía de Ana contra la muerte (su último estreno antes de asumir la dirección de la Comedia). Esta es una versión mejorada, con más posibilidades técnicas, se ve mejor la tramoya y cómo se abre la trampa (abertura en el piso por la que entran y salen los actores).

    —Hay quienes lo ven como un exceso de nostalgia…

    —Está bien, esa mirada es válida. Pero Teatrino no es lo único que hacemos. Está inserto en una programación que es un crisol de géneros. Es como decir que no hay que homenajear a Levón (el actor histórico de la Comedia integra el elenco de Teatrino) porque hay que hablar de los actores del futuro. No hay que elegir, son dicotomías en las que no creo. Decir que es antiguo es estar en contra de la vigencia de los clásicos. Ojo, yo no soy un director de clásicos, pero me doy cuenta de su potencia y su vigencia. Vos decís Romeo y Julieta y una parte del cerebro se despierta con ese significado aunque no haya visto nunca Romeo y Julieta. Lo mismo si decís Hamlet.

    —¿Teatrino puede seguir como formato y que los contenidos vayan cambiando?

    Acá adentro bromeamos con que finalmente la Comedia tiene un teatro propio. La inversión que hicimos fue para poder llevar nuestro teatrito a cualquier lado. Podemos hacer Coriolano ahí adentro, podemos hacer La Nona, podemos hacer una antología de Sánchez, y perfectamente una obra entera. Tiene los límites sonoros de la calle. Lo ideal es hacerla sin amplificación y usar los límites naturales de la voz al aire libre. Por eso este formato requiere de cierta intimidad para que funcione bien.

    —En estos dos años se ha desarrollado un movimiento en torno a la Comedia Nacional similar al ocurrido una década atrás con el ballet. ¿Qué balance hacés de la temporada de clásicos?

    Esas observaciones les corresponden a ustedes, críticos y periodistas. Es cierto que estás comparando cosas que ocurren con los dos principales elencos públicos de artes escénicas del país. En nuestro día a día quizá tenemos más temas en común con el ballet que con la Filarmónica, con la que compartimos el teatro. Los desafíos son parecidos. Yo tenía el prejuicio de que Uruguay les daba un lugar a los extranjeros que no les daba a los nacionales. Margarita Xirgu en el teatro, Julio Bocca en el ballet, en las orquestas se llama mucho a directores extranjeros. Bueno, eso me lo tengo que comer porque a mí me habilitaron recursos, elenco, funciones, la posibilidad de aumentar el público. Y vengo del teatro. Hay algo que cuajó el año pasado. Fue un año de confirmación. Estuvimos, para bien y para mal, en la conversación. Habló de nosotros más gente aún que la que vino a vernos.

    —¿Eso sucedió más allá de gustos, de las reacciones a los espectáculos?

    —Es parte de lo que celebramos. Tampoco creemos en eso de “lo importante es que hablen” porque haríamos cualquier cosa. Nosotros hacemos un producto artístico y nos exponemos a que guste o no guste. Pero se generó una comunidad que comparte que más allá de si la obra me gustó, entiende que el teatro está bueno y que si no va a ver la obra se está perdiendo de algo que allí está sucediendo. Tal vez voy a ver una y veo que no me cuaja y me encuentro con un amigo a la salida y me dice que le encantó. Y así se generó una discusión sobre el lugar del arte en la ciudad que está muy buena. Lo indiscutible es que hoy el teatro está ocupando un rol vivo en la vida de la gente en la ciudad.

    —¿Creés que ese interés creciente pueda desbordar y derramar sobre el resto del medio teatral?

    —Estoy convencido de que ya desbordó. Esto que sucede con la Comedia ya sucedió muchas veces con el teatro independiente. Ya pasó en los 60 con El Galpón y en los 80 con el Circular, en los 90 con Roberto (Suárez), con Marianella (Morena), con Mariana (Percovich), en los 2000 con Santiago (Sanguinetti), con Ximena (Márquez). Hay una falsa dicotomía que tengo mucho cuidado en no abonar, que es la de teatro independiente y Comedia Nacional. Cuando se generó esa pelea perdieron los dos. Cuando se recortó plata de la Comedia nunca fue para el teatro independiente. Basta ver la situación actual del teatro independiente. Creo que los dos pertenecen al mismo sistema y hay que tratar de mejorar ambos. Y por eso es que armamos esta serie de coproducciones con FUTI. Para ayudar a ese sector con esa mezcla de elencos, de diseñadores y de públicos que sucede en cada trabajo conjunto.

    Teatrino, de la Comedia Nacional, girará por los barrios montevideanos. Foto: Pata Eizmendi, IM

    —¿Contaste con un incremento presupuestal para tu gestión?

    —Sí, claro, no podríamos haber hecho las cosas que hicimos sin el apoyo de las autoridades. Pero no se trata solo de presupuesto sino de tener a la Intendencia de Montevideo (IM) cerca. Macondo es un buen ejemplo. No es que salió tanto dinero en relación a nuestro presupuesto. Es que lo hicimos junto con varias unidades de la IM, que es casi un país. Los viveros municipales, los municipios enviando camiones, la Unidad de Animación, la orquesta y la banda sinfónica que nos permitieron un plantel de 30 músicos en escena. Nunca podríamos pagar todo eso. Lo que logramos fue la convicción del Departamento de Cultura y de la IM de que Macondo era algo bueno para la ciudad. Y con Macondo nos quedamos con la pena de, como en Frankenstein, Edipo, La Zapatera y La gayina, tener que bajar agotando. Ese equilibrio te lo da el tiempo: invierto un millón de pesos en un espectáculo y después recaudás por las entradas vendidas. La Comedia recauda para sus presupuestos. ¿Y en qué gasta la Comedia? Básicamente, en contratación de artistas para sus obras. Entonces una buena recaudación me permite mejores contrataciones.

    —¿Cómo evaluás Macondo desde el punto de vista estético?

    —Más allá de si me gustó o no me gustó, para mí la victoria de Macondo es haber mostrado que la intendencia tiene recursos que no solo sirven para arreglar las calles y los semáforos sino para darle un valor cultural a la ciudad. Hay un nuevo estante en el cerebro de la gente a la que le gusta la cultura en la ciudad: que es posible que se junten todos, que es posible dedicar el Solís durante un mes a una producción que se transforme en un acontecimiento de la ciudad, que la gente se entusiasme y agote todo antes de estrenar. Entonces, apostamos y la gente devolvió. No tiene que ver con que le guste a todo el mundo sino con que la gente vea trabajo ahí adentro. Te puede gustar o no, pero no se puede negar el trabajo que está ahí.

    —¿Influye tu opinión en los espectáculos que no dirigís?

    —Es un gran aprendizaje tener que ir a estrenos en donde vos das la cara pero no trabajaste directamente en la puesta. Ahora, yo como director artístico opino de todo. Se lo digo a todos los directores que vienen. Yo opino y después vos ves. Por supuesto que el director y el equipo tienen la última palabra, pero no dejo de opinar. Hay directores más permeables y otros no tanto. A nivel estético, no hay ni un solo espectáculo del año pasado que yo no firme. Le pongo la rúbrica de “está bien programado” a todos. Es distinto a “me gustó todo”. Todos los directores demostraron su valía y elenco y la gente los respaldó. Todas las obras tuvieron arriba de un 96% de ocupación. Las que no agotaron estuvieron muy cerca. Incluso repusimos La gayina y Frankenstein.

    —Hay una línea que se mantendrá este año: la de convocar directores ajenos al teatro, como Adrián Caetano y Andrea Arobba. Estarán, por ejemplo, la coreógrafa Tamara Cubas y el escultor Pablo Atchugarry como escenógrafo.

    —Ahí le debemos mucho a José Miguel Onaindia, asesor del Departamento de Cultura que integra el consejo artístico de la Comedia y que aporta siempre esa idea. Yo tenía ganas desde el principio de traer coreógrafos, porque el elenco tiene muy buena formación física y corporal. Y creo que con Andrea y Adrián ganamos dos directores para el teatro. Y ganamos un escenario, el teatro de la Facultad de Medicina. Y se generó un fuerte vínculo con la comunidad universitaria. La idea de siempre es cruzar públicos. Es todo ganancia. Por eso este año el programa tiene ilustraciones de dibujantes uruguayos para cada obra. Queremos llegarle a ese público, invitarlo al teatro.

    —Salieron a las salas de FUTI y a Medicina, pero queda pendiente girar por las salas descentralizadas de la intendencia, como el Florencio y la Lazaroff…

    —Sí, totalmente. Tenemos varias cosas pendientes. Para salir a las salas de los municipios hay que resolver varios temas, entre ellos la natural demanda de los directores de tener las mismas condiciones que en nuestras salas. Por eso preferí este año hacer dos espectáculos de teatro de calle: Teatrino y La máquina del tiempo (dirigida por Martín López Romanelli y el titiritero argentino Luciano Delprato), que están diseñados para girar por barrios y que podrían programarse perfectamente en esas salas.

    —La consigna de tu primer año fue Arde. La del año pasado Nuevos clásicos. ¿Qué es Otros mundos?

    En realidad el espíritu sigue siendo Arde y el objetivo mayor sigue siendo ser plataforma de artistas. Le pusimos Otros mundos porque en cada obra se crea un mundo nuevo. Nuestra idea este año es crear constelaciones. En el arte hay dos posiciones en relación con el mundo, y esto lo conversamos mucho en la interna: el arte lo refleja, lo cuenta, lo narra, lo ordena, o el arte lo combate, lo modifica, lo transforma. No son antagónicas, pueden complementarse. De la imagen de Chéjov del espejo deformante a la de Brecht del arte como martillo con el que se cambia la realidad. Yo identifico que todavía reproducimos un sistema teatral que funcionó pero que fue creado por otros. La sola imagen de la Comedia y la FUTI naciendo a la vez, el mismo año, hace poco más de 75 años, es muy elocuente. Y básicamente seguimos con ese modelo. Creo que desde este lugar público me siento obligado a pensar en los próximos 75 años, no solo en reproducir ese mundo sino en proponer otros mundos. Porque el sistema que tenemos no funciona muy bien. Es demasiado montevideano y no ha logrado una profesionalización generalizada. Me pregunto: ¿el sistema se sostiene?, ¿los teatros pagan sus costos?, ¿los artistas viven de lo que hacen? Si a todo eso decimos que no, entonces tenemos que programar, pero también tenemos que dar esa discusión para las bases del teatro del futuro. Más allá de programar obras tenemos que generar una comunidad y proponerle este asunto. Por supuesto que están los gremios que la dan constantemente con su trabajo y con sus reclamos. Porque tenemos un sistema que funciona en base al amor al arte de muchos de los artistas. Otros mundos tiene que ver con esa batalla cultural que tenemos que dar como elenco estable público. Yo confío en que tenemos grandes artistas, pero también quiero estar en conversación con la ciudad.

    Hablás más como director de cultura que como director de la Comedia…

    —No, no, para nada. Ya estuve años en funciones de gestión pública y no quise más. Hace años me ofrecieron ser director de Cultura del MEC y dije que no. No está en mis planes, no está en mis deseos. En mi deseo está hacer teatro. Pero bueno, si tengo una mirada más cultural es porque decidí vivir acá, mis hijos viven acá. No voy a relegar estos espacios a que los piensen otros. Quiero tener derecho a pensarlos sin que eso me implique un compromiso de asumir cargos políticos. Porque para poder decir: la ciudad debería funcionar diferente, primero me tengo que encargar de que la Comedia funcione diferente.

    Vida Cultural
    2024-03-13T23:58:00

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