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    Gandini dice que la baja de su candidatura “fue un tema de liderazgos” y quienes tomaron esa decisión se deben hacer “responsables”

    El diputado blanco, que aspiraba a competir por la Intendencia de Montevideo, sostiene que no fue sustituido por una baja votación en las elecciones internas

    “Te vengo a traer una mala noticia, vos no sos mi candidato”. Todavía estaban abiertas las heridas de las elecciones internas de junio y el flamante ganador de la contienda blanca, Luis Lacalle Pou, encaró al diputado de Alianza Nacional Jorge Gandini para comunicarle que no estaba en sus planes para la Intendencia de Montevideo. Según Gandini en esa y sucesivas reuniones, Lacalle Pou le argumentó que su votación en la capital había sido baja y que tenía encuestas que mostraban mejor perfilado a un candidato del que “nunca” le reveló su nombre.

    A un mes de las elecciones municipales, Gandini, el hombre que se había autoproclamado como candidato blanco para Montevideo hace tres años, hoy balconea la campaña como un militante más y dice que acepta esa explicación, pero no le convence. “No pusieron a alguien que votó mejor que yo. No fue un tema de cómo voté”. Asume que su baja fue por un tema de “liderazgos” dentro del partido, reconoce que eso lo tiene que “aceptar” y anuncia que “después se verá si fue una decisión correcta o no”. Mientras tanto, aún le pone fichas a una Concertación que se arroga de haber fomentado, pero asegura deberá ser revisada después de mayo.

    Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

    —El Partido de la Concertación fue creado por blancos y colorados para competir con el Frente Amplio en Montevideo. ¿Qué le parece la campaña que está haciendo hasta el momento?

    —El partido como tal no está haciendo una campaña, pero sí hay esfuerzos convergentes y muy coincidentes de parte de los candidatos. El gran desafío es ocupar el lugar del cambio que la gente reclama y allí hay esfuerzos de cada uno de los candidatos. En algunos casos, como es el nuestro, muy respaldados por estructuras partidarias.

    —¿Debería haber una mejor articulación entre los candidatos?

    —Sería deseable, pero a la Concertación le llegó primero el tiempo de las individualidades que el tiempo colectivo. Maduró rápidamente y quizás con ciertos traumatismos en su nacimiento, fue asumiendo cambios de roles dentro del Partido Nacional —que tuvo tiempo para poder hacerlo—, pero tuvo que procesar rápidamente los cambios de candidatura en el Partido Colorado que fueron sobre la hora. Eso no le hizo bien al nacimiento. De algún modo erosionó la ilusión inicial que tuvo la Concertación, pero el tiempo nació primero en las candidaturas que en el partido y es un poco la causa de que tenga poca vivencia como tal. Yo no conozco una sede del Partido de la Concertación, no hay demasiados documentos programáticos elaborados. Ese proceso no tuvo tiempo de madurar.

    Quizás eso se refleje en las encuestas, que por ahora dan una baja votación de sus tres candidatos. También hay quienes dicen que el hecho de que los tres sean outsiders de la política conspira contra la suerte de la Concertación. ¿Usted, que es un dirigente político que trabajó durante tres años una candidatura finalmente frustrada, cómo observa esto?

    —Los outsiders lo son hasta que se meten en política. Ya son políticos, cualquiera de los tres. Lo que les falta es recorrido en el oficio de la política a cualquiera de los tres. Creo en los políticos para los cargos de representación. Lo que hay que hacer es interpretar bien a la gente y poderla representar: eso es un oficio. De todos modos creo que la diferencia no está tanto en que no tengan ese recorrido sino en que por razones, quizás casuales, el Partido de la Concertación ofrece tres candidatos con ciertas similitudes en su origen —no políticos y no conocidos, novedosos— y el Frente Amplio pone por primera vez dos candidatos de origen muy político, políticos de carrera, líderes de sector y con fuertes aparatos partidarios detrás. Esa es una diferencia sustancial. No es necesariamente negativa, porque la gente quizás tenga un gran cansancio de los políticos, pero también hay que tener el talento para poder utilizar adecuadamente esa condición de no políticos.

    —¿Y siente que el Partido Nacional dio ventaja o que desperdició su oficio político al servicio de una candidatura para intendente?

    —Bueno, la mayoría del partido entendió que había candidatos mejores que yo. Siempre digo que las mayorías no se equivocan, pero quienes la representan son humanos y no toman decisiones correctas. Sabremos algo más sobre las certezas o no de esas decisiones cuando termine el proceso electoral. No especulo hoy con ese resultado, trabajo para ganar y apoyo a Álvaro Garcé. Si la decisión que se tomó en ese momento fue correcta o no, ya la veremos. Dijo Luis Lacalle Pou que tenía encuestas a su favor, que tenía a un candidato mejor que yo, y que había ganado la interna y por lo tanto tenía el peso en la Convención para poder designar a ese candidato. Frente a esa realidad uno debe ser humilde. Si hay alguien mejor que yo, y esto lo dice quien tiene las mayorías, uno tiene que dar un paso al costado. Después se verá si esa fue una buena decisión o no.

    —¿Cuándo fue esa reunión con Lacalle Pou en la que le dijo que no lo apoyaba como candidato?

    —Fueron varias. La primera me acuerdo que fue 15 o 20 días antes de la convención en la que proclamamos su candidatura y elegimos a Jorge Larrañaga como su candidato a vicepresidente, a fines de junio. Me vino a visitar, termo y mate y sin pedir entrevista, como hace siempre que pasa por aquí. Me dijo: “Te vengo a traer una mala noticia, vos no sos mi candidato”. Y así empezó. Con filtraciones posteriores a la prensa, que no fueron de mi parte, y el nombre de Sebastián Bauzá, que Lacalle no me manifestó personalmente pero que todos sabíamos que era Bauzá porque luego él mismo lo confirmó. Y luego otras reuniones que llegaron hasta setiembre, cuando se cumplió el plazo para que yo tomara una decisión. Cumplido ese plazo, tomo una decisión y la escribo en una carta reservada. Puse que entendía que mi caso era inconveniente para el proceso electoral que estábamos transitando, con evidentes expectativas de poder ganar la elección, y no era un tema que ayudara a ello. Y como primero está el partido, mi aporte fue el silencio. Pero documenté mi decisión con fecha —el 14 de setiembre— para que no se pudiera sospechar después que tuviera algo que ver con un posible resultado electoral negativo.—¿Cree que dio la pelea suficiente para no bajarse de su candidatura o no tuvo mucha opción?

    —Hice lo que tenía que hacer. Uno no puede anteponer las aspiraciones personales a las decisiones de un colectivo. El partido para jugar era ganar las elecciones nacionales, ese era el primer deber que teníamos y no estaba dispuesto a hacer nada que pudiera afectar ese objetivo.

    —¿En qué podría haber afectado al resultado electoral nacional que se discutiera una candidatura para elecciones en Montevideo en mayo?

    —Podría haber afectado si yo hubiese dado una pelea pública. Uno tiene que ser humilde. Yo cuando arranqué, tres años antes, dije que empezaba una carrera que era larga, una maratón, sin que nadie me hubiera proclamado. Y que a lo mejor al final del camino me decían que no era una maratón, que era una posta y se la tenía que entregar a alguien que no era yo. Eso fue lo que hice. Pero estoy conforme de haber puesto el tema de Montevideo sobre la mesa y haber hecho que se discutiera Montevideo antes que lo nacional, que se generara una expectativa, que el Partido Colorado tuviera que adelantar su definición, y generar un espacio, una ilusión que llevó a que la gente empujara un acuerdo político innovador que dio nacimiento a la Concertación. Todo eso se creó porque empezamos tres años antes. Si hubiéramos hecho lo de siempre, no pasaba nada, no hubiera nacido la Concertación, ni había candidaturas previas. Hubiéramos hecho lo de siempre: después de conocer el resultado nacional, hubiéramos buscado a alguien que se animara a cargar la cruz de una derrota conocida para cumplir con un saludo a la bandera. Eso fue lo que hicimos en las campañas anteriores. Ahora empezamos un proceso diferente, aunque terminó más o menos parecido, resolviendo las candidaturas nuevas sobre el proceso electoral departamental. Pero tuvo una etapa muy fermental. Y me quedo contento de haber logrado eso. Después las decisiones superaron mi poder dentro del partido. Se dice que voté mal en la interna y esa fue la razón fundamental para que se eligiera a otro. Primero, yo no fui candidato. La gente votó entre candidatos a presidentes, no entre candidatos a intendentes. Pero además no pusieron a alguien que votó mejor que yo. La prueba de que no era un tema de votos es esa. Quien me iba a sustituir era Bauzá, quien luego no compitió. No pongo en esto a Álvaro Garcé, que puso su nombre al servicio del partido para enfrentar una situación no conocida, no tiene nada que ver con este proceso, pero si se tratara de votar, tampoco votó. No fue un tema de cómo voté, fue un tema de decisiones, de liderazgos, que entendieron que había candidatos mejores que yo. Creo que eso es correcto. Si la mayoría del partido entendió que no era el mejor, lo tengo que aceptar. Luego, quienes toman esas decisiones se hacen responsables de ellas.

    —¿Se sintió respaldado por su sector? Hablo concretamente de Larrañaga.

    —Nunca quise poner a Larrañaga en medio de esto. Porque además, justo coincidió con todo un proceso que nosotros estábamos empujando, para que asumiera la candidatura a la vicepresidencia y el liderazgo del sector después de haber perdido las internas. No quise que agregara a esa etapa un problema más.

    —¿Sigue creyendo en la Concertación como instrumento para la próxima elección?

    —Se pondrá en análisis a partir de los resultados. Habrá que tener madurez para analizar si es una herramienta viable si votamos bien, pero sobre todo si votamos mal.

    —¿Cómo es su relación con Garcé?

    —Bien, perfecta.

    —¿Le ofreció su programa de gobierno?

    —Yo tenía un programa muy a medida. Y siempre le dije a Álvaro: si el candidato no sirve, sus ideas tampoco. Estoy a la orden, el programa quedó en la biblioteca, porque es un programa que elaboré durante cinco años a mi medida. Pero todas las ideas que se me pidieron, las aporté. Él tiene su propia impronta, su propio equipo, sus propias ideas, no todas coinciden con las mías y nada reclamo. Las mías, de todos modos, no fueron las aceptadas y no peleo por ellas.

    —¿Cree que en esta última etapa de campaña se puede revertir esa sensación de que la competencia es solo entre dos candidatos del Frente Amplio?

    —Creo que sí, estamos en manos de nuestros candidatos y su talento para imponer una visión que creo es la que tiene razón. Nuestros candidatos tienen razón. El asunto es que a eso lo podamos comunicar. Creo que todavía se puede revertir un proceso que tiene como favorito al Frente Amplio. Pero son muchos más los que quieren un cambio en Montevideo. Son muchos más que los que votan al Frente Amplio los que quieren un cambio. O sea que ahí hay un lugar vacío para ocupar.

    —Los números de las encuestas no están diciendo eso.

    —Bueno… si les creemos a las encuestas hoy no dicen eso. También creemos que hay respuestas prendidas con alfileres, que la gente va a tomar su última decisión en la última quincena. Muchos votaron al Frente y dicen que van a votar al Frente, pero cuando uno rasca, esos mismos no están conformes con los servicios que reciben, con los impuestos que pagan, con la realidad que se vive en Montevideo. Creo que todavía hay una oportunidad.

    “La oposición tiene que encontrar su lugar”

    “Todavía tenemos que definir bien cuál va a ser nuestro lugar. Este tercer gobierno del Frente Amplio no es parecido a ninguno de los dos anteriores. Es otro Tabaré Vázquez, está José Mujica en la cancha. Los tres líderes veteranos ya no van a ocupar lugares en el futuro, el Frente se enfrenta a su propia renovación. Hay otro país, se acabó el viento de cola”, dijo el diputado Jorge Gandini sobre sus expectativas al comienzo de una nueva legislatura.

    Hasta ahora ha demostrado inquietud en los temas económicos. “El gobierno va a tener que asumir que por primera vez es gobierno en tiempos difíciles. ¿El Frente nos va a pedir ayuda? ¿Vázquez va a buscar quien lo ayude a gobernar sensatamente, va a imponer su peso dentro del Frente Amplio aunque un sector importante, con 30 legisladores, no lo comparta? ¿O va a quedar rehén de esos legisladores? Yo creo que en algún tiempo, más cerca que lejos, el presidente va a tener que hacer su opción. Cuando la haga el Partido Nacional tendrá que ver dónde se para”.

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