—El trabajo por el Presupuesto corre en paralelo entre lo que se hace en la comisión y la negociación entre la coalición y la oposición, lo que pasa dentro de la coalición y las negociaciones con el Ejecutivo por algún cambio que se quiere, y en particular con el equipo económico por algún cambio que tiene costo. Todo esto requiere saber si el Ejecutivo lo lleva y, en particular, encontrar la fuente de financiamiento.
—Pero la plata sigue siendo la misma.
—Puede haber cosas por fuera, estamos trabajando en eso. Acá hay voluntad de, por ejemplo, definir un apoyo a la universidad, en Bienestar Estudiantil por becas; también de apoyar a la Utec, que tiene un gran respaldo a la gestión que hace con un presupuesto corto, para su expansión hacia el noreste del país; también hay algunos institutos pequeños que queremos ayudar. Hay otras cosas que se discuten, como la propuesta del senador Manini Ríos sobre un componente de aumento salarial para algunos sectores de las Fuerzas Armadas, pero cuyo financiamiento propuesto no es consistente, porque es a partir de los recursos que se podrían ahorrar por una sola vez contra un gasto corriente. Por tanto, de encontrar una solución hay que obtener recursos. Hay algún planteo del Partido Colorado, incluso de algunas oficinas de Presidencia, hay cosas que necesitan ser financiadas y no podemos andar al boleo tirando de dónde sacamos. También hay artículos que no están cerrados, como el de la licencia médica para los funcionarios públicos, ni el capítulo de viáticos; tampoco está cerrado el artículo cuarto, que es muy relevante para el salario de los funcionarios públicos de la administración central, pero que son las bases para los salarios de los entes autónomos. Este artículo tiene otro factor y es el de aumentos nulos para los que ganen más que un ministro y eso puede generar algún problema del mismo tipo, pero a la inversa, del que generó la ley de 2010 con Mujica y (Diego) Cánepa llevando el sueldo de los ministros hacia arriba, lo que enganchó a todos los ministros y funcionarios del Poder Judicial. En este caso puede enganchar para bajo.
Lo más importante, a mi juicio, es que tenemos que seguir trabajando y buscando un convenio salarial con los funcionarios públicos, reactivar sobre la base de un artículo acordado la negociación colectiva y el convenio salarial con Cofe (Confederación de Funcionarios del Estado) por cinco años. Y ese es un valor importante, primero porque puede enganchar otros sectores de actividad detrás de este convenio y, segundo, porque fija reglas de juego claras y levanta problemas que de lo contrario vamos a tener cada año.
—Quiere tener paz con Cofe.
—Sí. La verdad que han tenido una actitud muy madura, reconocen que por ser funcionarios públicos tienen certezas y seguridades que no tienen los trabajadores de la actividad privada, aceptan por tanto renunciar a un 5% que venía postergado. Aceptan que el aumento salarial se haga en relación con la inflación futura y no la pasada, lo cual es muy importante para el plan económico, porque el salario, que pesa mucho en el gasto público, termina indexando la economía cuando se le carga a la inflación pasada. En cambio, aquí es respecto a la futura. Estoy trabajando en eso con Cofe, con delegados del Ministerio de Economía, pero ese tema no lo hemos podido alcanzar.

Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda
—¿Cómo ha sido la negociación con los socios de la coalición?
—Por ahora muy amigable, muy amable, muy comprensible de todas las partes, somos todos flexibles. Cuando llegamos a la necesidad de financiar cambios es donde encontramos más dificultades porque todo tiene un límite.
—Este proyecto de Presupuesto llegó en el medio de la pandemia, pero no se observan grandes reformas estructurales.
—Faltan.
—El Partido Nacional intentó hacer algo con Ancap y no prosperó. ¿Qué le deja a usted este Presupuesto?
—Es un Presupuesto serio, responsable, en un escenario de incertidumbre para poder prever o construir supuestos. Es un Presupuesto corto porque se toma una economía ya con un déficit importante, una economía en recesión y un déficit fiscal acumulado que hay que corregir porque, de lo contrario, no resistimos el mantenimiento del grado inversor. Se cumple con el compromiso de no poner impuestos; por el contrario, hay rebaja de muchas pequeñas tasas y cosas que le complican al que quiere salir y producir. Se complementa bien con la LUC y, de alguna manera, encara otros temas, algunos no tan conocidos. A lo largo del Presupuesto se encuentran una serie de normas sobre las personas de derecho público no estatal y las sociedades anónimas que, como dice la doctrina, son parte de la huida del derecho público, pero la huida ha sido a tal punto que ya ni los vemos. Acá hay toda una reforma sobre la manera en la que tienen que ser autorizados sus presupuestos, sus gastos, sus estados contables, los salarios de los jerarcas, la forma interna de estructurarse, las reglas de servicio civil; es decir, los volvemos a poner bajo el control del gobierno central, porque al final funcionan con fondos públicos o tienen tributos afectados a su recaudación, pero que operan sobre los contribuyentes. También hay una reforma de la estructura y la movilidad de los funcionarios públicos que creo que, de todas las que se han intentado, es la mejor, porque recoge una cantidad de experiencias y trata de aprovechar los recursos que el Estado tiene. A la educación le cambiamos la gobernanza, lo otro es autonomía del organismo y gestión.
—Decía que la discusión con los socios de la coalición ha sido franca, se llegó a acuerdos. El senador blanco Sergio Botana dice que no vota alguna cosa del proyecto como los artículos referidos al gobierno de la Unidad Alimentaria Metropolitana (UAM).¿Qué pasa con los propios dirigentes del Partido Nacional?
—Hay un diálogo muy fluido, hay bancadas muy seguidas, todo el mundo va y expresa sus diferencias. Hay algunas diferencias que se atienden y se transforman en una posición colectiva y hay diferencias que todavía no se han podido corregir. Son legítimas, lo importante es que en este período —pasó en la LUC y pasa ahora— no venimos con mano de yeso, de que lo que mandó el Ejecutivo está cerrado y no se toca. Si hay aportes para hacerle, se hacen. Hay muchísimos cambios que le vamos a hacer. Además de los que hizo Diputados —la premisa es no tocar lo que acordaron—, vamos a agregar otros que me parece que mejoran. ¿Todos estamos de acuerdo? Y no, yo quizás haya alguna cosa que no acompañe; si eso lesiona a la coalición, buscaré la manera de que eso no suceda.
—¿A qué se refiere?
—Tengo dos o tres temas. El propio artículo cuarto me cuesta votarlo así como está. Me resisto a que no encontremos un acuerdo. Es el que más ruido me hace. Tengo una propuesta que tiende a establecer cuáles son las potestades que tiene alguna organización que ha llegado al país no hace mucho tiempo y se tomó el derecho de cobrar un impuesto y que es Egeda (Entidad de Gestión Colectiva de Derechos de los Productores Audiovisuales), que cobra impuestos al televisor. No tienen derechos de gestión colectiva como tiene Agadu, tienen derechos exclusivos de quienes les han dado la representación, que son las grandes empresas productoras americanas. Acá recorren casas de salud, hoteles, hasta en sus habitaciones, sanatorios, bares, gimnasios, y todo lugar donde hay un televisor debe pagar un impuesto, según entienden, aun estando apagado y desenchufado. A mí me parece que nosotros tenemos que aclarar que esa entidad puede existir como sociedad civil, pero no puede cobrar un impuesto.
Botana dijo que no votaba desde el minuto uno la UAM. Y no es porque esté de acuerdo con la UAM vigente, ni con la UAM del Frente Amplio, ni con la UAM que acordamos. Él tiene otras diferencias con este tema y no lo conforma, ni lo que venía ni el acuerdo. Respetamos que no lo vote. Yo siempre comuniqué un acuerdo ampliamente mayoritario con votos suficientes para ser aprobado, pero eso no lesiona la convivencia para nada.

Foto: Nicolás Der Agopián / Búsqueda
—¿Qué cree que el oficialismo debería trabajar después del Presupuesto? ¿O lo condiciona administrar la crisis por la pandemia?
—La pandemia nos condiciona mucho. Hay ideas que tenés hoy que no las podés plantear. No estábamos preparados para esto, teníamos una visión de transformación de cosas que hoy han pasado a segundo lugar, que no tienen contexto político y que hasta podrían parecer desubicadas plantearlas hoy.
—¿Un ejemplo de eso?
—He escuchado propuestas de compañeros que ahora hay que dejarlas pasar, no me puedo meter en eso ahora. También es verdad que, a partir de diciembre, de terminado el año, el Parlamento se va a aliviar la presión que tenemos por haber aprobado dos grandes leyes que tenían plazo constitucional. Creo que el año que viene va a tener mucha dedicación política de muchos de nosotros al debate sobre la LUC, si es que hay recolección de firmas. Yo soy de los que creen que hay que dar batalla, que no hay que defender la ley solo por sus virtudes, hay que entrar en el debate político del Frente Amplio, porque se revelan dos modelos de país y a nosotros nos votaron y nos eligieron para que empezáramos a hacer cambios y la LUC los contiene.
—¿Cómo dará batalla?
—Dar batalla en el debate, y si pudiera juntar firmas, lo hacía. Habría que formar una Comisión Nacional por la Libertad y juntar firmas por la libertad, que es la esencia de la LUC. La libertad como concepto es transversal a casi toda la ley. Y me parece que hay que dar esa batalla, nos alimenta ideológicamente.
—¿Pero no queda muy polarizado el país con esto?
—Sí, pero tampoco los voy a dejar que junten firmas diciendo lo que quieran y cargándole a la LUC lo que le quieran cargar.
—Dice de salir detrás del Frente Amplio y del PIT-CNT. ¿Si hay un acto en tal lugar del interior, allá irán ustedes?
—Quiero hacer un acto, si la pandemia nos deja. ¿Por qué no? Al gobierno hay que defenderlo, los cambios hay que defenderlos, hay que trabajarlos, hay que explicarlos, hay que salir barrio por barrio, hay que salir y decirle a la gente: ¿A usted qué le dijeron? Bueno, no es así, es así de esta otra manera. Tienen el derecho de juntar las firmas y yo tengo el derecho de explicarle a la gente que firmar implica una adhesión a algo que a lo mejor esas personas no son conscientes o no adhieren. Por lo menos que escuchen la otra campana. Esta es una opinión personal y no la podemos desarrollar, porque no sabemos lo que va a hacer el Frente Amplio, no sabemos qué va a cuestionar.
O sea, hay que dar esas batallas abajo, en el territorio, de a pie, con la infantería, ir casa por casa. No podemos esperar a la próxima elección. Si el Frente Amplio sale al territorio, tiene que encontrarse con el Partido Nacional en el territorio. Tenemos que convocar a otra parte de la sociedad organizada a que defienda lo que entiende que está bueno. Seguramente hay trabajadores que están de acuerdo, habrá comerciantes que defiendan la derogación de la inclusión financiera, habrá productores agropecuarios organizados de distinto modo, los de Un Solo Uruguay o los del sector granjero, que opinen que hay cosas que están bien. Yo quiero ver qué es lo que quiere derogar el Frente y dar una batalla democrática.
—¿Qué opinión tiene sobre las auditorías? Desde la oposición se dijo que eran “puro humo”.
—Estas son las auditorías que hace el Estado con su Auditoría Interna de la Nación y se rige con un protocolo muy estricto. Dentro de eso se han encontrado desvíos. Hay otras auditorías que están en marcha, algunas hechas por empresas privadas que se han contratado, todo suma para que la gente se haga una buena idea de cómo se ha administrado. El déficit es eso: es gastar sin ton ni son más de lo que se debió gastar para hacer cosas. En algunos casos con abuso. Enterarse que el secretario de la Presidencia Miguel Toma tiene tres sueldos y un cargo reservado es escandaloso. El tipo ganaba el sueldo en la Presidencia, ganaba un sueldo en la Corporación para el Desarrollo y ahora nos enteramos que además tenía un sueldo en la Comisión de Lucha contra el Cáncer. Tres sueldos, y tenía un cargo reservado y alguna actividad privada. O el tipo era un superñoqui y cobraba por todos lados, con sus jerarcas mirando para el costado, o era un fenómeno que no dormía para poder hacer su trabajo. Cuando pasan esas cosas arriba de todo el sistema, derraman hacia abajo el que se puede hacer cualquier cosa. Porque vos no podés criticar lo que vos mismo hacés. Eso es lo que pasó. Si el presidente le compra un avión a un amigo por una fortuna de plata y después casi no lo usa y después tiene que gastar casi tanto para justificar que era también multipropósito y para traer una camilla hubo que gastar otra fortuna y luego se vende por menos de lo que salió la camilla, vemos un abuso de posición dominante del presidente de la República. Eso se fue desparramando hacia otros lado. Vemos a ese presidente ausente de un montón de decisiones y a un país que se fue de las manos en muchos aspectos. Ese es un tema que está dentro de la auditoría pública y de gestión que los ciudadanos tienen que hacer. Lo otro es información, y si de eso salen además responsabilidades, bien, pero también lo dijo el presidente: no hacemos las auditorías para salir a cazar.
- Recuadro de la entrevista
“Quizás Larrañaga tenga más cargos de los que debería tener y nosotros ninguno”