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Aquella noche de noviembre de 1995 fue recibido en la trastienda del Parque Central por un flaco desgarbado llamado Uruguay Catalogne, que tuvo sus quince minutos de fama respondiendo en “Martini Pregunta” sobre la vida y obra de Reginald Kenneth Dwight, el cantante británico nacido en Middlesex, Londres, en 1947, famoso además de por su nítida voz de barítono, por sus variopintos anteojos, sombreros y peluquines, conocido en el planeta pop como Elton John. Aquella noche, el compositor, pianista e intérprete que se hizo conocer en el mundo con la balada “Your Song”, venía en la cresta de la ola, gozando de las mieles de dos décadas sucesivas de éxito arrollador: la de los 70 con una decena de álbumes que combinaron la canción romántica con el glam rock recostado a nombres estelares como David Bowie y Queen, y la de los 80 con una sucesión de hits hiperirradiados en todo el planeta, omnipresentes desde el ranking semanal de la revista “Bilboard” hasta en “Aquí está su disco”. A esa altura de su carrera ya acumulaba más de 300 millones de placas vendidas y decenas de números uno en las listas, emulando hazañas discográficas de bestsellers como los Beatles, Bee Gees, Michael Jackson, Pink Floyd o ACDC (su álbum “Goodbye Yellow Brick Road”, de 1973, ya había alcanzado 20 de los 31 millones de discos que ostenta hoy).
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Cuatro años antes, en 1991, había vuelto a grabar “Don’t Let the Sun Go Down on Me”, uno de sus tantos éxitos de los 70, con George Michael, la estrella pop del momento. Venía de cerrar, en 1992, el histórico tributo a Freddy Mercury en Wembley, con una apoteósica versión de “Bohemian Rapsody” (con Axl Rose, los tres miembros restantes de Queen y 80.000 personas coreando la letra entera). Dos años después de actuar en el estadio de Nacional ante 12.000 espectadores, teloneado por una bella jovencita llamada Sheryl Crow, era convocado como homenajeante protagónico en el funeral de la princesa Diana, con una versión en vivo de “Candle in the Wind” en la Abadía de Westminster, reescrita para la ocasión por el letrista Bernie Taupin —su histórico socio artístico y ocasional pareja afectiva—, luego editada y vendida a granel en todo el planeta.
A 21 días de cumplir 66 años, el excéntrico hombrecito de voz iluminada y admirable talento para crear melodías que se adhieren al oído desde la primera escucha y allí se instalan, fuertes y claras, volverá al histórico estadio mundialista para presentar “Elton John Rocket Man-Greatest hits lives”, el próximo lunes 4 a las 21 horas, un show que, como su nombre indica, repasará una veintena de melodías inoxidables, de esas que envejecen con dignidad y elegancia, y que siempre resulta placentero volver a escuchar.
El británico llega a Montevideo en el marco de un itinerario que también incluye San Pablo, Asunción (para una reducida y muy adinerada audiencia de solo cinco mil espectadores), Viña del Mar (cobra un histórico cachet de 830.000 dólares), Buenos Aires (estadio de Vélez). Ahora está más en el tapete por haber blanqueado formalmente su homosexualidad, haberse casado con su novio norteamericano y haber adoptado dos hijos, el segundo el mes pasado. Ahora es una deidad apoltronada que porta el título de Comendador del Imperio Británico, asume cada tanto la conducción del Watford, el club de fútbol de sus amores, y se da el lujo de vivir de un pasado musical prodigioso. Aunque su producción nueva no resulte significativa respecto a una obra de tal envergadura, cada tres o cuatro años se da una vuelta por el estudio de grabación y presenta sus nuevas (viejas) creaciones.
Es que si uno se pone a repasar la catarata de grandes canciones que ha creado este señor, se rinde ante la evidencia de que Elton John es un compositor del carajo, que mantiene en buenas condiciones sus cuerdas vocales gracias a una conducta no tan tóxica como la de algunos de sus colegas generacionales, por lo que también podremos apreciar al tremendo intérprete que siempre ha sido, tanto para susurrar una balada frente a su piano, como para enronquecer su garganta y poner en ebullición a un estadio entero y erizar a 80.000 personas, como aquella noche de abril en la despedida de su amigo Freddy.
“Your Song”, “Rocket Man”, “Goodbye Yellow Brick Road”, “Sorry Seems To Be the Hardest Word”, “Can You Feel The Love Tonight”, “Daniel”, “Nikita”, “I Don’t Wanna Go On With You Like That”, “Candle in the Wind”, “The One”, “Don’t Let the Sun Go Down On Me”, “Bennie and Jets”, “The Last Song”, “I’m Still Standing”, “Sacrifice”, “Whispers”, “Sad Songs”, “Little Jeannie”, son las principales canciones distribuidas en más de 50 discos en los últimos 45 años. Elton John lleva vendidas la friolera de 550 millones de placas.
Con solo la tercera parte de este fenomenal cancionero, los montevideanos saldremos satisfechos y felices del estadio. A la lista de clásicos que el señor John decida interpretar esa noche, se añadirán algunos adelantos de su próximo disco, a editarse en setiembre, que se titulará “The Diving Board” y que estará integrado por trece nuevas canciones en clave de gospel, blues y jazz, compuestas junto a Taupin, su eterno parceiro.
Las entradas para los sectores centrales se agotaron hace varios días, pero la producción del concierto puso a la venta nuevas localidades para los diversos sectores preferenciales en Red Pagos y por el nuevo sistema electrónico TickAntel. Asimismo, quedan varios miles de entradas disponibles a $ 830 en los sectores populares (campo y tribuna Abdón Porte). El resto, para plateas y sectores vip, cuesta entre $ 1.140 y $ 6.300, de acuerdo con lo que el bolsillo del fan permita.