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    Gobierno busca que algún país árabe reciba al ex preso de Guantánamo

    El ex preso de Guantánamo, el sirio Jihad Diyab, tiene un sentimiento ambiguo por Uruguay. Está agradecido por recibirlo tras 12 años en la mítica prisión, pero al mismo tiempo quiere abandonar el país lo antes que pueda. Su intención es reunirse con su familia, actualmente refugiada en Turquía, y comenzar su nueva vida. Desde fines de 2014 esperó que el gobierno uruguayo la traiga a Montevideo, hasta que se cansó y quiso hacer algo imposible: ir él a Turquía. Llegó a Venezuela y, luego de estar varios días detenido, terminó deportado otra vez a Montevideo.

    Para la Cancillería uruguaya, Diyab ha sido “un dolor de cabeza” por sus constantes reclamos y manifestaciones frente a la Embajada de Estados Unidos. Durante las administraciones de José Mujica y Tabaré Vázquez se realizaron gestiones para traer a su familia a Montevideo e instalarlos en una casa más cómoda; sin embargo, nada de eso se concretó.

    La huida de Diyab culminó con los intentos para lograr que se adapte al país y la prioridad para el gobierno ahora está en encontrar un país árabe que acepte recibir al ex preso. El problema es que hasta el momento ningún país le permitió el ingreso.

    En diálogo con Búsqueda, la ex vicecanciller Belela Herrera, que ha acompañado a los ex reclusos desde su llegada en diciembre de 2014, reconoció que “a esta altura es muy difícil que Diyab se adapte al país”. El gobierno está “tratando de sensibilizar” a algún país para que lo reciba porque “esa va a ser la mejor solución”, dijo.

    Agregó que “él no desea vivir aquí” sino en un país de la región de donde proviene, pero resaltó que el ex prisionero está “agradecido” con lo que hizo el gobierno por él y que se sintió muy apenado por las expresiones del canciller Rodolfo Nin Novoa, quien dijo que era un “malagradecido”.

    Este miércoles el canciller dijo a Teledoce que “es muy difícil” que lo acepten en otro país y que ya lo han intentado.

    Deportado.

    El 6 de junio comenzó el Ramadán y Diyab lo inició en Rivera. Había dicho que se iría durante la celebración musulmana y que después volvería a Montevideo. Pasó el mes y nadie sabía dónde estaba. Unas semanas más tarde, el 27 de julio, apareció en el Consulado uruguayo de Caracas. Llegó con el pelo corto, estrategia que usó para que no lo reconocieran durante el viaje, y con un mensaje claro: quería seguir camino a Turquía para encontrarse con su familia. Esa misma tarde quedó detenido e incomunicado por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) venezolano.

    Pese a estar sin comunicación, Diyab tuvo acceso a un celular estando en prisión y se contactó a través de Facebook con conocidos de Uruguay y otros países. Uno de ellos habló con Búsqueda y relató que en los breves mensajes que recibió, Diyab le confirmó que había comenzado una huelga de hambre y que no deseaba retornar a Montevideo. “No quiero volver a Uruguay, quiero estar con mi familia”, le escribió.

    Luego de semanas de hermetismo en el gobierno venezolano, se decidió deportarlo a Uruguay. Sobre las 2:00 de la mañana del martes 30 arribó a Montevideo el avión con Diyab y la ex vicecanciller lo recibió. Lo encontró mejor físicamente de lo que esperaba, aunque lo vio muy flaco, comentó a Búsqueda.

    Lúcido y estable.

    Tras algunas idas y venidas, la dirección de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE) determinó que el ex preso llegara directamente al Hospital Maciel para que fuera sometido a un control médico. La propia presidenta de ASSE, Susana Muñiz, llamó a Christian Mirza, interlocutor entre el gobierno y los ex presos de Guantánamo, para decirle que a su arribo al Uruguay tenía que ir derecho al Maciel. En un principio se había pensado en el Saint-Bois, porque es un lugar más “hermético” y “aislado”, pero se descartó la idea ante la posibilidad de que el sirio estuviera descompensado y requiriera una cama de CTI.

    Diyab llegó al Maciel aproximadamente a la dos de la madrugada. Lo llevaron directo a la sala de Emergencia y fue atendido en un box común. Fuentes del hospital dijeron a Búsqueda que esta fue una decisión expresa de la dirección del centro de salud. Se buscó que no exista ningún trato preferencial. El protocolo de atención que se siguió fue el mismo que se aplica cuando, por ejemplo, la Policía lleva hasta la puerta de Emergencia a una persona de la calle, de la cual no se conocen los antecedentes. La primera valoración fue normal.

    Luego fue visto por un equipo de psiquiatría con la doctora Natalia Díaz al frente. Según los informantes, la especialista no encontró ningún elemento a destacar. “Estaba lúcido, con un relato coherente y emocionalmente estable”, dijo una fuente del Maciel. Durante el resto de la estadía, de apenas unas horas, no hubo problemas. “Tuvo un comportamiento correcto. Lo que sí nos dijo es que quería irse lo antes posible, que no quería quedarse internado más allá de lo necesario”, agregó la fuente. El alta médica le llegó pocas horas después del mediodía del martes y lo llevaron al mismo apartamento donde vivía antes de irse del país.

    El futuro.

    Desde ese momento, Diyab ha permanecido en su hogar. El “acoso” de los periodistas, como lo describió Mirza, esperando en la puerta de su casa, sumado al cansancio y estrés de las últimas horas, hizo que Diyab no quisiera moverse. Recibió visitas, entre ellas la de Mirza, que fue en la tarde del martes y el miércoles para saber cómo se encontraba.

    El nexo entre el gobierno y los refugiados dijo que Diyab vive un “proceso complicado” y que “no se encuentra cómodo” en Uruguay. “Por eso estamos haciendo todo lo posible para que encuentre su lugar”, agregó. Al igual que Herrera, Mirza asegura que el ex recluso “se quiere ir a los países árabes”, pero aún “su futuro está abierto”.

    Herrera sostuvo que “si no tiene éxito conseguirle un mejor destino” la segunda opción del gobierno es traer a su familia.

    Mientras tanto, Diyab intenta retomar su vida en Uruguay contra su voluntad y con el único objetivo de encontrarse con su familia. La misma meta que tiene desde que fue liberado hace más de un año y medio.

    “Él está bien, pero su preocupación no la puede dejar en el avión”, dijo Mirza.

    Información Nacional
    2016-09-01T00:00:00