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Personas que viven en la calle o que hace pocos días salieron de la cárcel y hasta pensionistas que ganan muy poco son algunos de los comensales que todos los días asisten al comedor principal del Instituto Nacional de Alimentación (INDA). El local puede recibir unas 200 personas por día, pero no siempre está lleno. Cuando hay milanesas la capacidad está colmada.
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El INDA es conocido por “alimentar a los pobres”, considera su director Gerardo Lorbeer. Pero ahora ese organismo apunta a trascender esa función y reforzar otras tareas vinculadas a la alimentación. Es que desde el 1o de enero de este año, el INDA pasó del Ministerio de Trabajo al Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Lorbeer dijo a Búsqueda que este cambio permitirá al organismo realizar una mejor coordinación con otras reparticiones del Mides con las que ya estaban trabajando, como por ejemplo, la atención de niños que viven en extrema pobreza.
Por otra parte, el director indicó que se está registrando una “tendencia a la baja en la demanda del consumo en el comedor”. “Es oscilante en el tiempo y no responde a los ciclos de macroeconomía”, afirmó. Indicó que el caso “más notorio” es Montevideo, donde se cerraron tres de ocho comedores porque “bajó la demanda”. Este descenso es “multicausal”: se explica por el aumento del empleo, por las personas que migraron de barrio y hoy no están cerca de un comedor, o porque hay personas que recibieron “otros instrumentos que han sido cómodos y efectivos para la alimentación”, como la tarjeta que permite comprar en comercios.
El Estado tiene hoy dos tipos de tarjetas para atender a la población vulnerable. Por un lado está la Tarjeta Uruguay Social del Mides, que permite al beneficiario comprar alimentos y productos de higiene en los comercios adheridos. Por otro está la tarjeta del INDA para comprar alimentos. En el primer caso son unas 68.000 y en el segundo unas 28.000. Ahora, si bien se mantienen las diferencias, ambas tarjetas funcionan bajo la órbita del Mides. Lorbeer informó que están “cruzando los datos” de las dos modalidades de tarjetas para conocer a qué población llegan y evitar duplicaciones.
“La población para comedores probablemente exista siempre, por más que estén estos instrumentos, porque siempre hay alguien que no tiene condiciones para cocinar o no sabe cocinar, no tiene combustible o utensilios. Lo que pensamos es que tiene que ser un poco más reducido ese número de personas en la medida que los otros programas impacten y no tengan que ir al comedor”, explicó Lorbeer.
En el interior hay comedores en todas las capitales departamentales, salvo en Salto. La población que concurre a cada centro varía según la ciudad. En Artigas, por ejemplo, es más habitual que la capacidad esté colmada, en contraste con Flores.
Durante la crisis económica a comienzos del siglo XXI, las prestaciones del INDA llegaron a aumentar casi un 30%, según datos del gobierno del año 2002.
Trabajo con la infancia.
Además de encargarse de los comedores, el INDA tiene un observatorio alimentario-nutricional y edita materiales sobre el tema para escuelas, liceos y UTU.
El titular del INDA dijo que el organismo tiene contacto con unas 800 organizaciones, entre públicas y privadas. “El trabajo va desde el apoyo al merendero con leche en polvo hasta desembarcar en un lugar para dar asesoramiento y consejos sobre cómo cocinar”, dijo. También está en contacto con el sistema educativo y los 380 CAIF (Centro de Atención a la Infancia y la Familia) que hay en el país. Con esto, el instituto interviene en la alimentación de más de 33.000 niños y transfiere por año a esos centros $ 11,7 millones. El gobierno prevé que hacia el final de la actual administración esa cifra se duplique.
Lorbeer evalúa que el pasaje al Mides permite fortalecer a la institución para estar más cerca de la población objetivo. Como ejemplo señaló la importancia de trabajar con el programa Uruguay Crece Contigo, que funcionaba en Presidencia y desde el 1o de enero pasó también al Mides.
Si bien antes había coordinación entre los organismos, el trabajo dentro de un mismo inciso mejorará la gestión, opinó Lorbeer. “Hay líneas transversales que nos potencian muchísimo, como lo que tiene que ver con la salud y el combate a la anemia infantil”, dijo. Por eso se trabajará en la coordinación de los distintos programas para que haya una alimentación saludable en la que se baje el consumo de sal y de azúcar, y para atender las situaciones de enfermedades crónicas.
Lorbeer dijo que también es beneficioso ser parte del Mides porque es el principal organismo que llevará adelante el Sistema Nacional de Cuidados, que apunta a atender a la primera infancia, ancianos y discapacitados que no pueden valerse por sí mismos.