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Los dos nacieron en los años 80 en Montevideo. Los dos emigraron al hemisferio Norte muy jóvenes. Los dos pueden ser considerados virtuosos en su instrumento, han crecido sin pausa como intérpretes y compositores y forman parte de la élite de la música europea. Los dos ganaron premios importantes y vuelven cada tanto a mostrar en qué andan. Uno se formó en el Berklee de Boston, el otro da clases en el Berklee de Valencia. El violinista Federico Nathan juega en el campo de la fusión y la música de vanguardia y el baterista Diego Piñera, por el contrario, se ha abrazado a la tradición del jazz acústico americano, recostado en la experimentación que predomina en el jazz europeo. Los dos se presentan esta semana: Nathan hoy jueves 7 en La Trastienda y Piñera el domingo 10 en la Zavala Muniz.
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Federico Nathan nació en 1986 en una familia de músicos. A los 16 años debutó como solista con la Filarmónica de Montevideo y antes de cumplir 20 ya era un veterano de los conciertos sinfónicos. Hijo y nieto de violinistas, se vinculó precozmente a cuartetos de cuerdas y conjuntos de cámara. En 2005 era común verlo en boliches y pequeñas salas. Su sólida formación clásica hacía la diferencia. Demostraba cada noche una variada paleta de ideas y recursos para combinar lo clásico y lo popular, y un innato don para la improvisación, que lo llevó a brillar en festivales como el de Mercedes y a ser sesionista invitado de colegas de todos los palos. Continuó estudiando violín en España y Estados Unidos y a principios de esta década lanzó su carrera solista, con su quinteto, donde alterna el rol solista junto a su hermano menor Maximiliano, un exquisito vibrafonista que ostenta similar exuberancia en varios grupos de jazz uruguayos.
En 2012 estrenó su primer concierto para violín y orquesta con la Filarmónica en el Solís, donde dejó su impronta rockera, desplazándose entre las filas de músicos y contorneando su cuerpo como Angus Young. Su influencia grunge (Nirvana y Soundgarden) pintó una postal extraña en el ambiente clásico. En 2013 grabó su primer disco, FNQ (Perro Andaluz) y ganó el premio Best Band Award en el Festival Internacional de Jazz Europafest. Desde 2011 Federico está radicado en Holanda, donde ocupa el puesto de solista en la Orquesta Metropole, que interpreta jazz y pop en un formato híbrido entre orquesta sinfónica y big band de jazz, que ha ganado varios premios Grammy. En esa formación de 52 músicos compartió escenario con estrellas como Joshua Redman, Esperanza Spalding y Gregory Porter.
Desde los Países Bajos se proyecta a todo el hemisferio Norte, estrenando sus obras en Francia, España, Alemania y Estados Unidos. En 2015 formó el Cuareim Quartet, un cuarteto de cuerdas con músicos europeos y argentinos que, junto con el clarinetista porteño Marcelo Moguilevsky, grabó el disco Cinco. Este año fue nombrado docente de violín en la filial del Berklee College de Valencia. Además grabó el CD Jagüel (Perro Andaluz) en formato trío, lo más volcado al free jazz de su carrera, junto con su hermano Maxi en vibráfono y el baterista Juan Ibarra. En YouTube se aprecia su perfil ecléctico y su enérgico despliegue escénico, en Diálogos con Los Beatles (suite para ensamble de jazz y orquesta), en las sesiones del estudio Sondor y en apuestas muy jugadas como una versión de Smells Like Teen Spirit, de Nirvana, capaz de sedar al propio Kurt Kobain.
Fede Nathan presentará hoy en La Trastienda All One, su espectáculo hombre-orquesta, que recorre su espectro de referencias clásicas, rockeras, jazzísticas y del folclore montevideano, con el trío de murga-jazz La Jarana como invitado, junto a la cantante Julieta Rada (entradas en Red UTS de $ 460 a $ 760). Y el sábado 23 presentará a dúo con Leo Maslíah Concierto de Navidad en la Zitarrosa (Tickantel, $ 500), una suma de talentos con resultado absolutamente impredecible.
Profeta en Berlín.
Como cierre del ciclo Made in Uruguay, de la productora Jazz Tour, el domingo 10 a las 20 en la Zavala Muniz tocará el baterista uruguayo Diego Piñera, radicado en Alemania desde 2009, quien pertenece a la selecta raza de músicos que usa esa constelación de parches y metales como un teclado, explotando al máximo su potencial sonoro. Piñera adelantará su nuevo disco, Despertando, editado a través del prestigioso sello alemán de jazz ACT Music, que será publicado en enero. Se presentará junto con Nacho Labrada (piano) y Nino Restuccia (bajo) en formato trío acústico, el sonido que ha cultivado en sus cinco discos.
Su estilo personalísimo, repleto de sutilezas y detalles que renuevan el interés constantemente, le valió en Alemania el premio Echo Jazz al mejor baterista de ese país, por su disco My Picture (Octason Records, 2016), grabado en Nueva York junto con el saxofonista Mark Turner y el contrabajista Ben Street, dos reconocidas figuras de la meca del jazz.
Piñera tiene un largo y sinuoso periplo como músico. Este montevideano de 36 años pasó de aporrear tambores de plástico a los cuatro años a tocar durante una semana de gira con encumbrados jazzistas como Phil Donkin y Donny McCaslin, el notable saxofonista que tocó en Montevideo con Dave Douglas y grabó en Blackstar, el canto del cisne de David Bowie (ver Búsqueda nº 1.869).
Cuando uno se enfrenta a Piñera se siente el impacto. Tanto por su destreza como por su compleja y constante disección rítmica y su afición a salirse de los patrones establecidos. Tal despliegue de expresividad percusiva configura una matriz sónica propia, única, piñeriana. La primera vez que oyó sus discos, el cronista de la revista Down Beat (referencia mundial en jazz) lo comparó con Elvin Jones, el mítico baterista de Coltrane, y lo definió como “una estrella en ciernes con una rara sensibilidad”.
De niño tomó clases con Pelao Meneses, su descubridor en edad de jardín de infantes. Luego estudió diez años con Osvaldo Fattoruso, quien lo formó en el vasto mundo del jazz fusión. Cursó unos meses en la EUM pero no se halló en el universo clásico y gracias a Sergio Tulbovitz consiguió una beca de percusión en Cuba, donde se sumergió en el océano del jazz latino. Probó suerte en Estados Unidos, hizo migas con Danilo Pérez (pianista de Wayne Shorter) y logró entrar al Berklee College of Music de Boston, donde estudió dos años y se especializó en el jazz americano. Volvió a Montevideo, grabó dos discos (Buscando y Forward) para Perro Andaluz y al poco tiempo voló a Berlín, donde se codeó con figuras clave del jazz europeo y retomó su carrera solista, entre la vieja tradición de Nueva Orleans y la vanguardia europea. “Un sonido de jazz viejo, con mucho platillo ride, y romper los esquemas rítmicos normales”, es la síntesis de sus aspiraciones. Reflexiones (2010) fue su primer disco alemán, seguido de Strange Ways (2014) y My Picture (2016). “Hay cosas que toqué en este disco que no sé cómo las toqué, que me las trato de copiar a mí mismo. Esos músicos me llevaron a mi potencial máximo”, recuerda, y larga su declaración de principios: “El jazz es comunicación, libertad, técnica, sonido, expresión, profundidad. Como decía Miles, es estar en el momento. Podés terminar en el abismo o en el paraíso”.
Luego de Piñera, a las 21.30 actuará el guitarrista uruguayo José Pedro Beledo, uno de los nombres de avanzada en la guitarra eléctrica uruguaya, que tocó en Días de Blues y en Opa, y está radicado desde hace 30 años en Estados Unidos, donde ha formado parte de varios grupos. Beledo no tiene nada que demostrar. Pero no la tendrá fácil, tendrá que tocar después de Piñera.