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    Gran música de nuestro tiempo

    Con Mahler finalizó el ciclo sinfónico de la Ossodre

    Cuando uno vuelve a escuchar la Sinfonía Nº2 Resurrección de Gustav Mahler (1860-1911) en una interpretación tan brillante como la dirigida por Stefan Lano el sábado 22 en la sala Eduardo Fabini, resulta inevitable recordar que su autor se propuso con ella emular de algún modo la grandeza de la Novena Sinfonía Coral” de Beethoven, compuesta 70 años antes.

    Al igual que a Beethoven, a Mahler la composición le insumió seis años. Empezó a escribirla en 1888. En 1893, en la cúspide de su carrera como director titular de la Ópera de Hamburgo, tiene el apoyo y admiración de Hans Von Bülow (1830-1894), director de la Filarmónica de Hamburgo. Von Bülow es su mentor, su amigo, lo admira como director, pero tiene un problema: no entiende su música. Además es un hombre de opiniones terminantes y Mahler es un hombre inseguro, dubitativo. Cuando le muestra a Von Bülow lo que lleva escrito de su Segunda Sinfonía, la crítica de este es lapidaria. Emocionalmente afectado, Mahler continuará escribiendo la obra en medio de repetidas crisis de angustia. La catarsis que lo inspirará a abordar el movimiento final con la intervención del coro será en 1894, con la muerte de Von Bülow, como el propio Mahler lo confesaría luego. El estreno europeo de la versión completa fue en diciembre de 1895.

    Quizás no haya una definición más exacta de la música de Mahler que la de Leonard Bernstein: “La música de Mahler es sobre Mahler, lo que simplemente significa que es sobre el conflicto. Piensen en esto: Mahler el creador vs. el intérprete; el Judío vs. el Cristiano; el creyente vs. el que duda; el ingenuo vs. el sofisticado; el provinciano Bohemio vs. el hombre de mundo vienés; el filósofo fáustico vs. el místico oriental; el sinfonista operático que sin embargo nunca escribió una ópera”. Y este conflicto permanente es el que escuchamos en su música. Quizás sea por eso que recién en la segunda mitad del convulsionado siglo XX se empieza a entender y a valorar su obra, cada vez con más intensidad y fervor hasta el presente.

    Todo eso está en general en la obra de Mahler, pero no es exagerado decir que está más nítido, más brillante y con un empuje más arrollador en esta sublime sinfonía en do menor, donde hay cabida para todos los estados del espíritu hasta esa exaltación final de la vida sobre la muerte en la que el coro, las solistas y la orquesta calan tan hondo —aunque en una cuerda más dramática— como el genio de Bönn con su Oda a la alegría.

    La versión de la Ossodre con la soprano uruguaya Sandra Silvera, la mezzo argentina Eugenia Fuente y el Coro del Sodre, todos bajo la dirección de Stefan Lano, quedará en las retinas y los tímpanos de quienes allí estuvimos, como una excelente culminación del ciclo sinfónico. Las dos solistas impecables, Silvera con una línea de canto afilada y agudos quirúrgicos; Fuente con un timbre sedoso y una zona grave privilegiada, ambas con buen caudal de emisión. El Coro del Sodre preparado por Esteban Louise con un desempeño sin fallas, impactante en los minutos finales a partir de ese grito: “Cesa de temblar, prepárate a vivir”, del poema de Klopstock. Se notó el trabajo de Lano en todos los sectores y fue palpable que hubo ensayos suficientes para una obra de esta complejidad. Maderas, cuerdas, bronces y percusión sonaron como pocas veces. Quizás habría que hacer algunas consideraciones respecto a la acústica de la sala pero eso será motivo de alguna nota futura.

    Dando de barato lo discutible y sutil que es la elección del tempo en música, quizás en los veinte minutos finales habríamos preferido un enfoque levemente más lento, que rescatara mejor la solemnidad del discurso musical y vocal. Sabemos que Lano trata de evitar estiramientos de frase y su marcación siempre a tempo aleja esas alteraciones circunstanciales de medida. De todas formas, el tema es más que opinable y resulta evidente que él está muy cómodo con Mahler, lo que no es extraño si tenemos en cuenta que el núcleo duro de su formación musical se dio en los años de Berlín, Graz y Viena.

    No sabemos si este fue el concierto de despedida de Lano, ya que hay un signo de interrogación sobre la renovación de su contrato. La visible empatía entre él y sus músicos, la calidad de su trabajo y la inusual prolongación del aplauso final del público pueden ser buenas pistas sobre la mejor decisión a tomar.

    Vida Cultural
    2014-11-27T00:00:00