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Su primer contacto con periodistas como futuro ministro de Hacienda del gobierno de Jair Bolsonaro lo pintó tal cual es. Con ideas claras, pragmático, organizado y frontal al extremo. “Tengo un estilo que combina con el del presidente; hablamos verdades. No estamos preocupados por agradar”, disparó Paulo Guedes el domingo 28, después de que la corresponsal de un diario argentino le insistiera con preguntas sobre la importancia que le asigna al Mercosur. “Brasil quedó prisionero de alianzas ideológicas”, por lo que ese bloque “no es prioridad. (...) ¿Quería oír eso?”.
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Y, fastidiado, terminó parándose y reclamando orden, porque “no da para hablar con 30 personas” lanzando preguntas “desconectadas”. Antes de irse ratificó que el nuevo gobierno va a “cambiar el programa económico”, para lo cual van a anunciar “bloques de medidas” orientadas a la apertura de la economía y el “ataque al déficit fiscal”.
Con un desequilibrio en las cuentas públicas que ronda el 7% del Producto Bruto Interno (cerca del doble que Uruguay), la cuestión fiscal estará entre las prioridades de Paulo Roberto Nunes Guedes, su nombre completo. “Si el principal problema era el descontrol del gasto, que corrompió la política y trabó el crecimiento económico, vamos a controlar los gastos. El foco del programa económico va a ser el control del gasto. Ahí vemos los grandes hitos de control del gasto. Precisamos una reforma previsional. Un segundo hito: el gasto en intereses. Vamos a acelerar las privatizaciones porque no es razonable que Brasil gaste US$ 100.000 millones por año en intereses. (...) El tercero es una reforma del Estado; (...) vamos a reducir privilegios”.
Guedes, de 69 años, es un empresario y economista doctorado en la Universidad de Chicago a quien Bolsonaro se acercó para consolidar un discurso liberal en su campaña ya en 2017. Según la revista Piauí, fueron las columnas de opinión que publicaba en el influyente diario O Globo que llevaron al diputado de ultraderecha a pedirle asesoramiento. Parece que lo conquistaron frases como: “Solo un reboot (reinicio) mental podrá salvarnos”, y la aclaración de que debía ser un “reboot liberal demócrata”.
Hasta entonces Guedes era más conocido en los ámbitos financieros que en los políticos; entre otras actividades empresariales, fue uno de los fundadores del banco de inversión brasileño BTG Pactual y del Instituto Millenium, un centro de análisis de corriente conservadora. Todavía figura como socio y miembro del Comité Ejecutivo de Bozano Investimentos, una firma con oficinas en San Pablo y Río de Janeiro dedicada a la inversión en activos financieros y gestión de patrimonios. También es presidente y accionista principal de la escuela de negocios brasileña Ibmec.
Algunos de los negocios del futuro ministro han sido cuestionados: el mes pasado, en las puertas de la primera vuelta electoral, el Ministerio Público Federal le abrió una investigación sobre inversiones hechas por fondos de pensión de los estados federales en la empresa BR Educacional, de la que Guedes es socio. Su defensa rechazó cualquier ilícito.
Guedes nació en un hogar de clase media carioca sostenido por una empleada pública y un pequeño comerciante. Se graduó como economista en la Universidad Federal de Minas Gerais, hizo un posgrado en la Fundación Getulio Vargas (FGV) y a mediados de los años setenta estudió en la Universidad de Chicago gracias al subsidio de un centro estatal de apoyo a la investigación. Fue docente en la Pontificia Universidad Católica de Río y en la FGV, y en los años ochenta dio clases en la Universidad de Chile, cuando estaba intervenida por la dictadura de Augusto Pinochet. “Lo recuerdo como un capo (igual Bolsonaro es terrorífico)”, dijo al diario La Tercera uno de sus alumnos, el economista Ricardo Paredes, hoy rector de un área de posgrados de la Universidad Católica chilena.
Sintoniza con algunas políticas aplicadas por economistas liberales chilenos durante el régimen de Pinochet. Entrevistado en agosto por El País de Madrid, Guedes contó que hablando con un jerarca del área económica de Brasil intentó venderle “el pez de la alianza de centroderecha en torno a un programa liberal demócrata en la economía. Es lo que los Chicago boys hicieron allá en Chile”.
Liberal pero no ciego.
Con Bolsonaro tuvo algunos cortocircuitos y contradicciones durante la campaña electoral respecto a algunas propuestas económicas, pero pudo más el deseo de un cambio abrupto de la mayoría de los brasileños.
En agosto pasado el ahora presidente electo aseguró que estaba “enamorado” del economista y, con frecuencia, cuando la pregunta lo desbordaba respondía: “Voy a preguntarle a Paulo Guedes”. Por eso el futuro ministro se ganó el mote de “posto Ipiranga”, los autoservicios que están junto a las estaciones de nafta donde hay de todo. A medida que los sondeos de intención de voto iban insinuando que la candidatura del líder del Partido Social Liberal podía terminar en cosas serias, los medios de comunicación brasileños e internacionales empezaron a hablar de Guedes, a quien presentaban como el “gurú” o el “sabio” de Bolsonaro.
El 22 de julio, cuando la convención partidaria proclamó la candidatura presidencial del diputado ultraderechista, el economista tuvo una breve intervención en la que reafirmó su pensamiento liberal. “Los gobiernos existen para preservar las vidas y las propiedades, para mantener el orden. Y evidentemente una economía de mercado ayuda a eso”, señaló.
Agregó que, en el mundo, las “víctimas del socialismo están yendo en dirección del progreso, y el progreso es traído exactamente por las ideas y las democracias liberales occidentales”. En algunas economías de mercado, “como son hijos de la prosperidad, se dan el lujo de hacer excesos; cada americano que nace ya quiere una acción en la bolsa” y los “europeos ya nacen queriendo recibir una jubilación. Son excesos también”, sostuvo. Mientras tanto, los europeos del Este, los indonesios, los indios, los chinos, “todos vienen en dirección del mercado” buscando el progreso, añadió.
Guedes colaboró en la elaboración del programa de gobierno de Bolsonaro, que, entre otras cosas, plantea un plan de privatizaciones para cancelar deuda pública, reducir de 15 a 10 los ministerios y reformar el sistema previsional.
“Soy liberal, pero no soy ciego”, acotó en la entrevista con El País madrileño. “El Estado máquina tiene que comenzar a transformarse en un Estado voluntad, del pueblo. No sirve mantener una estructura enorme, centralizada. Nuestro programa es eso: más Brasil, menos Brasilia. Descentralizar poderes, recursos y atribuciones. La sociedad saludable, liberal demócrata, es construida de abajo para arriba. El dinero queda allá abajo”.