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    Haciendo boca

    Lista incompleta de expresiones, muletillas, o giros que son mentiras y/o no se justifican en absoluto y deberían desaparecer:

    “A ver…”

    Una de las expresiones más asquerosas que hemos acuñado como civilización hispanoparlante. Una muletilla instalada en nuestro lenguaje cotidiano, atraviesa todas las clases sociales, profesiones, orígenes, razas y/o pigmentación de la piel (la he escuchado en albinos, negros, pelirrojos, y el otro día escuché a un indio de esos de la India que andan siempre cerca del shopping center decir “a ver”). Lo que subyace en el “a ver…” es desagradable: no solo hay una jactancia de quien habla, que anticipa una genialidad, una revelación o una sentencia inapelable; también podría decirse que trae hasta cierta subestimación implícita hacia quien lo escucha. Los puntos suspensivos equivalen al adjetivo calificativo del otro que no entiende y por eso decide bajarlo a su nivel: “A ver… (limitadito)”, o “a ver… (si consigo explicarte mi pensamiento a ti que no alcanzás mis puntos intelectuales, y pareces haber sido engendrado por un asno y una oveja con déficit atencional)”.

    Hace tres años viajé a España y corroboré que también está allá ese virus en el lenguaje. Es mucho peor que la gripe H1N1, el “a ver…” es la pandemia del siglo 21.

    “Y menos con…”

    ¿Cuándo aprenderemos que el “y menos con” no enfatiza sino que deja un manto de dudas con respecto a la afirmación anterior? Ejemplo: “No me dejo extorsionar, y menos con esos métodos”. Entonces con otros métodos estaría un poquito más propenso a dejarse extorsionar. “No me dejo tentar por la promiscuidad, y menos con una mina que vive tan lejos de mi casa”. “No me dejo comprar la opinión, y menos por un whisky escocés mitad de tabla”.

    “El que avisa no es traidor”

    El que avisa es traidor igual, con la salvedad de que es un traidor que avisa. O sea: además de traidor es sádico. Un caso extraño es el de Jesús, que les avisó a quienes lo iban a traicionar que eran traidores antes de que consumaran el hecho. Por lo cual habría que agregarle a esto que al traidor que le avisan que es traidor aunque él no sepa, también es traidor.

    “Ladran sancho…”

    La respuesta a cualquier crítica con la expresión “Ladran Sancho” es más barata que la camiseta del Gremio en una feria de Porto Alegre. La frase completa debería ser “Ladran Sancho, señal de que cabalgamos montados arriba de un lugar común”. Además de que —según quienes leyeron entero el Quijote— ese pasaje no está en el libro, si estuviera no sería válido para inmunizarse ante las críticas. “Se me murieron 4 pacientes la última semana y los familiares me están incinerando en las redes sociales. Ladran Sancho”.

    “Bien Igual”

    Se usa mucho para darle un apoyo aparente a quien perdió un partido: “bien igual”; o un examen: “bien igual”; o cualquiera que haya hecho algo y no le salió del todo bien. Si amerita un “bien igual”, es porque no está bien o falló. Si verdaderamente estuviera bien no habría necesidad de meter el “igual” atrás. Además hay un reproche solapado en el que lo enuncia, es un “valoro tu esfuerzo pero no servís para nada”; y a su vez hay algo de resignación ante lo impreciso, ante la desprolijidad inherente a este pueblo: “no está bien, no funciona, bien igual”.

    Es una marca uruguaya, un sello de nuestra idiosincrasia. Está ligado a la forma de ver el mundo que tiene el uruguayo, y un poco nos define. No conozco otro pueblo en el mundo que use este giro.

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