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¿Qué es la realidad? La realidad es eso de donde todos vamos recortando las partes que nos sirven para confirmar nuestras verdades precocidas, a las que prefiero no llamar prejuicios porque tienen muy mala prensa (he dedicado columnas enteras a favor de los prejuicios, que en definitiva es nuestro principal método de pensamiento). No hay nada que nos guste más en el mundo que tener razón. Ojalá me equivoque, pero creo que cualquier individuo que use esa expresión se está mintiendo a sí mismo y en última instancia lo que quiere es preparar al auditorio para unas palabras que no serán bienvenidas, y lo hace tratando de separar explícitamente sus pensamientos de sus deseos con el giro “ojalá me equivoque”, pero no quiere equivocarse. Es que solemos confundir los unos y los otros —deseos y pensamientos—, justamente por el fervoroso deseo de tener razón que nos acompaña durante nuestra vida entera. Hasta el último segundo, hasta el mismísimo lecho de muerte, estoy seguro de que uno de nuestros últimos pensamientos estará ocupado en tener razón: “les dije que me iba a morir hoy, y no me creyeron, les avisé que prepararan todo y se pelotudearon, estos inútiles no van a poder sobrevivir sin mí, mirá qué angustiados que se los ve, el del medio no sirve para nada, siempre fue un lastre…”. La verdad es que nos gusta más tener razón que chequear el celular en el ómnibus. Quizás nos haga sentir menos frágiles ante el caos (las dos cosas: tener razón y chequear el celular), ante el desorden cósmico, la incertidumbre universal y las intermitencias del wifi que a veces anda y a veces no.
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¿A qué vengo con este mamotreto? A que en estos días cierra el trabajo de la investigadora de Ancap y cada uno de nosotros podrá hacer el recorte de la realidad que más le convenza y afirme sus certezas. ¡Y eso es lo lindo! Hay para elegir la versión de los hechos que a uno más le convenga. Eso es la democracia. ¿O no?
El Frente Amplio B (bonachón, bienpensante, benefactor) insistirá en atenuar y responsabilizar del pequeño desajuste financiero-económico al Ministerio de Economía (cualquier cosa que ande mal tratan de ponérsela a Astori de sombrero, es una práctica habitual en el FA B), sin reparar en la paradoja de que un monopolio estatal se funda y le eche la culpa al propio Estado. En el Frente Amplio A (austero, avaro, antipopular) tratarán de que no le pongan de sombrero Ancap a Astori, que se le pegue algo de esta desgracia a Sendic, y aprovechar para marcar la cancha y ganar terreno ante los talibanes del Frente Amplio B. Desde la oposición se escuchará hablar de inmoralidad y el resto será casi inaudible porque a la oposición casi no se le escucha na…
El sector de Sendic confirmará que fue una operación de prensa para perjudicar la imagen de su líder, como si la prensa tuviera alguna posibilidad de operar vendiendo 250 diarios por día. También habrá gente que pondrá la mirada más allá, esos que están un paso adelante, y verán en esta polémica el enfrentamiento de dos visiones sobre las empresas públicas (¡vienen por las empresas de todos!). Hay una visión de gente que piensa que las empresas públicas está bueno que tengan una deuda de 1.800 millones de dólares para arriba, y después está esa otra visión de las empresas públicas: mezquina en contra del trabajador y del pueblo y a favor del eficientismo empresarial del capitalismo salvaje, como caracteriza a los neoliberales que canalizan su fuerzas mediante el Frente Amplio A. Y también hay gente que piensa que es importante que las murgas hablen de Ancap, y no van al tablado porque ya saben que las murgas no van a hablar de Ancap porque están bancadas por el Estado. En serio. Existe esa gente, no la estoy inventando, y se quejan: “eh, ¿por qué las murgas no hablan de Ancap? Qué vergüenza”.