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    Haciendo boca

    Inauguro en la columna de hoy un nuevo género: ensayo infantil. Son ensayitos de temitas de interés para ellos, los más chiquitos.

    La Historia de Papá Noel

    Papá Noel nace de una mentira de la Iglesia, niños. O, en términos más afectivos: una hermosa historia de la Iglesia, que luego fue adornada como la cabeza de los renos que le fueron poniendo al propio Santa Claus. Siglo III DC, más o menos (no importan las fechas exactas, niños), se llamaba Nicola de Bari y era un loquito que regalaba cosas en nombre de Dios. Había recibido una herencia de los padres, que se le murieron como a Bruno Díaz (nota mental: ahí hay otro posible ensayito infantil: Batman), pero a este Nicola le dio más por el tema de Cristo que por disfrazarse de murciélago. Entró a regalar a lo loco en nombre de Cristo, consiguiendo que muchos se convirtieran al cristianismo, en lo que ahora se conocería como competencia religiosa desleal.

    Habrán notado que Papá Noel desde su versión de San Nicola de Bari ya asomaba con una visión para los negocios importante: atacó el mercado infantil con los regalos para convertirlos desde chiquitos por medio de la memoria emotiva, muy parecido a lo de Ronald McDonald. Así que Papá Noel en sus inicios era como el tipo del cable, o mismo el de la mutualista, que viene a convencer a mamá y papá. Hacía socios para la Iglesia, se dedicaba a eso Papá Noel.

    Después se le escapa a la Iglesia y lo agarran los nórdicos, en el mil y algo. En ese momento se hacía llamar Odin y era más divertido: tenía una lanza para cazar a los niños traviesos a los que metía en su bolsa, jaja, qué gracioso, ¿no, niños? Los nórdicos le armaron una de esas historias tan lindas hechas por los nórdicos: una especie de mitología griega pero con más frío y menos drama latino, más elegante.

    ¿Cuándo Papá Noel pasa a ser Papá Noel como se lo conoce actualmente, con este sistema industrial que tanta felicidad les produce a todos ustedes, niños? ¡Cuando lo agarra la Coca-Cola! Lo ficha por el 1930, y Papá Noel se da cuenta del tema de la expansión del mercado, la importancia de la distribución, y entiende todas las jugarretas de condicionamiento de las conductas masivas en algún curso de la CIA que le habrán dado gratis, probablemente, o en algún experimento con ratas, o con humanos, o quizás con chinos, vaya a saber. Ahí Papá Noel le agrega los renos, empieza a volar en el trineo, y muchas otras cosas que, hay que decirlo: son el perfeccionamiento final de su método, un Papá Noel 2.0. Él estuvo un tiempo buscándole la vuelta para imponer su marca, y una vez que pasa por las manos de esa máquina invencible llamada Coca-Cola, le agarra la onda al mercado, las entiende todas, no se come ninguna, y la rompe.

    Se independiza rápidamente. Antes, le cuenta todos los secretos aprendidos a un amigo bastante vivo, y ese amigo funda la Pepsi, y le va notable también. Pero Papá Noel sigue su camino, por la suya, tocando como solista digamos, y la gente delira y compra sus discos y pasa a ser lo que es hoy: un Papá Noel que hay que salirle al cruce, no hay quién pueda con él, ni la Iglesia, ni el progresismo, ni Messi, ni el espíritu de Batlle y Ordóñez, ni los Back Yardigans con Barney como invitado especial.

    A Papá Noel le corre Coca-Cola por las venas, casi. Y cuando toma Coca queda igual de pasado de rosca que ustedes en los cumpleaños, chiquilines. Por eso la Coca -Cola no es una bebida para niños, es de adultos, y de Papá Noel, que le da como un loco, hasta se la mete por la ñata para poder repartir tantos regalos en tan poco tiempo como un enfermo mental.

    (Al final un poco se me cae el relato, pero creo que está bien).