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    Haciendo boca

    El mejor regalo para mamá en su día: un revólver. Si no le regalaron eso, entran del segundo puesto para abajo.

    En este momento de apertura mental de la sociedad y aprovechando la igualdad de género, las madres también deberían tener la posibilidad de tirar unos tiros cuando el contexto así lo amerite; para defenderse, para festejar, por deporte y, por qué no, también para corregir a los hijos descarriados.

    Convengamos que es muy difícil para la madre, como están las cosas, decirle al botija: andá al liceo, no te drogues, no le vendas pasta base a tu hermano chico, etcétera. Se le ríen en la cara esos muchachones indómitos. La madre como institución ya no genera respeto en la botijada; cariño sí —a veces—, y vergüenza también —siempre—, pero respeto tangible, del de verdad (no del “a mi madre la respetás” y esas bravuconadas vacías ante terceros), ese respeto que está bien cerquita del miedo y genera las buenas acciones bajo la amenaza latente, el respeto funcional, digamos, ese se perdió. Pero si a esa institución madre le agregamos un revólver, ahí cambia la cosa.

    Ya probamos con las madres permisivas y vimos que no funciona, ¿qué tipo de juventud crearon las madres del Mayo Francés? Una porquería de juventud que no le aporta nada a este mundo, vejigas de 18 a 40 años que todavía viven con sus progenitores, tienen bandas de rock, venden hipotecas subprime en el mercado financiero y destruyen el capitalismo, salen en murga joven, o se pasan el día meta Facebook. No queremos más eso, hay que probar algo distinto, aprovechemos para instalar una nueva forma de educación: la madre con fierro. Piensen en la escena: “Ordená tu cuarto, Bautista, ¿o querés que mamá se ponga el sombrero de cobóy y juguemos a que soy John Wayne y vos sos un cherokee díscolo que no entendió a favor de quién está el guionista de la película, eh?”. Se acaban las pavadas, sale derechita la próxima generación.

    Además, nada mantiene más unida a la familia que un revólver, eso lo sabe cualquiera. Es un elemento de cohesión familiar, mucho más que el televisor y que el abuelo. No crean en eso del peligro de los niños y un revólver en la casa, todo es peligroso cerca de los niños; tener agua jane es peligroso, tener plancha es peligroso, el insecticida, los enchufes, las estufas, el alambre de púa, los pitbulls, el vidrio molido, el polonio 210, etc. Queda más que claro que el factor común del peligro es el niño, y no las cosas del mundo que lo rodean, ¡basta de hipocresía, señores! Estamos apuntando mal con nuestro dedo acusador, no le echemos culpas al revólver que no le corresponden. Uno podría tener el revólver y los enchufes a mano y dejar el niño bien guardado en el estante más alto de la alacena, y así solucionaría toda la problemática del peligro en el hogar.

    La única contraindicación que le veo a esto de darle un revólver a la madre es la inestabilidad emocional. Ese problemita hormonal al que está sometida la mujer, algo que todos conocemos en primera persona: de repente está todo bien, y al minuto viene y te pega dos tiros en el pecho. Si mi mujer tuviera un fierro a mano, yo ostentaría no menos de nueve o diez heridas de bala en el cuerpo, se los firmo. No lo hacen de malas, es que son víctimas hormonales, están manejadas por una coctelera de hormonas con barman incluido sacudiéndola al ritmo de la música.

    Como toda idea, es perfectible.

    ¡Feliz día mamá! Acá tenés: un revólver y un poster de Charles Bronson, ¿cuándo te vas a dejar el bigote, mamá? El bigote también impone respeto, pero sin revólver no es nada.