Me dispongo a confeccionar una lista abierta e incompleta de lugares comunes nacionales, compuesta de clisés que usamos para hablar de nosotros mismos o de la vida.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos uruguayos somos, cada vez más (y esto ya cuenta como lugar común), una especie de rocola de lugares comunes en permanente sistema randómico. Viene alguien y nos dice cualquier cosa —pero cualquier cosa eh—, y es como si nos pusieran una ficha en esa rocola, que se prende, enciende sus luces, elige un lugar común al azar y lo dispara como un hit musical; todo este proceso acompañado por un gesto de “mirá la que te estoy diciendo, no la tenías a esta, ¿eh?”.
“El uruguayo siempre deja todo para último momento”
Nos creemos portadores de una característica única como población, que es estirar las decisiones/acciones/trámites, etc.; como si los mexicanos, sirios o marroquíes no fueran pasibles de ese vicio conductual humano.
“Me hace acordar a los tiempos oscuros”
Algo que hemos escuchado o leído unas mil veces al año desde 1985 a esta parte. Casi todo nos hace acordar a los tiempos oscuros. A mí ya me sucede lo opuesto: ningún hecho me hace acordar a los tiempos oscuros en sí, sino más bien a alguien diciendo que le hacía acordar al los tiempos oscuros.
“¡Parece uruguayo!”
Dirigido, en general, a algún jugador de fúbol a nivel mundial que patea mal una pelota o pierde un pase. Otra vez: suponemos que, incluso en la deficiencia, somos únicos.
“Como decía el prócer: con la verdad no ofendo ni temo”
Lo mejor de ese lugar común es que es mentira, ¡ja! La frase de Artigas es “con libertad no ofendo ni temo”, pero ese detalle no amedrenta a los cultores del clisé patriótico que han sabido modificar la cita a su gusto y conveniencia.
“Maracaná hubo uno solo, ese es el problema”.
De este postulado se infiere que el problema es el devenir del Tiempo.
“La gente en este país, si tiene un pesito lo gasta”.
Ah, sí, consumimos, somos de comprar cosas cuando podemos, casi como cualquier ciudadano del mundo occidental que no deba ir con una libreta a pedir que le den lo que el Estado considere necesario.
“Los uruguayos somos muy críticos, criticamos todo y por eso al final no hacemos nada”.
Uno de mis preferidos. Pensar que nuestro espíritu crítico es el culpable de nuestra inacción es de una autoindulgencia escandalosa. El postulado se refuta a sí mismo: la sola frase deja en evidencia la ausencia de autocrítica, a nadie verdaderamente autocrítico se le ocurriría justificar su falta de acción por exceso de crítica, más bien parece un truco retórico de lo más hipócrita, propio del que no hace nada.
“Es como decía mi padre, gran verdad: no hay mal que por bien no venga”
¿Y los otros 10.000 millones de ciudadanos a lo largo de la historia que lo han dicho, no cuentan? ¿Qué otras verdades únicas y sorprendentes decía su padre, “al mal tiempo buena cara”, “siempre que llovió paró”?