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    Hay empresas de servicios que se están yendo del país y otras “ni siquiera vienen” por los elevados costos y ruidos políticos

    Con el TISA “o estás sentado comiendo o, si no estás, vos sos la comida. ¿Qué lo volteó a Tabaré Vázquez? En ese momento pensabas que no tenías gobierno”, dijo el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios

    Para el sector del comercio y los servicios la situación no es de alarma aunque sí “compleja”. Las ventas ya no crecen tanto o incluso bajan en varios giros, en un contexto de costos crecientes en parte por los últimos ajustes de las tarifas públicas. “Y el problema es que empezó a afectar también en algunos servicios. Algunos call centers se han ido a Colombia, a Perú, se están armando allá. Hay negocios en los que no teníamos competencia y hoy sí”, advirtió el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios (CNCS), Carlos Perera.

    “Acá se instalaron industrias a las que les prometieron un marco regulatorio. Si te dan un panorama de costos está bien, pero si después te lo cambian, como ha sucedido, hay empresas que ni siquiera vienen acá. Algunas se han ido a Paraguay y otras se quieren ir a Brasil”, agregó. En eso también inciden “temas políticos”, porque el gobierno muestra tener “rumbo” pero carece de la “aceptación general” dentro del Frente Amplio, sostuvo el empresario, quien está al frente del escritorio de corredores de Bolsa Durán & Perera. Con el TISA “o estás sentado comiendo o, si no estás, vos sos la comida”, opinó, y dijo que cuando el presidente Tabaré Vázquez anunció la decisión de salirse de las negociaciones de ese tratado para liberalizar el comercio de servicios pensó que Uruguay no tenía gobierno.

    Reconoció, no obstante, que el empresariado tiene mejor diálogo con la actual administración que con la anterior. “Hablamos dos o tres veces por día con el ministro” de Trabajo, Ernesto Murro.

    A continuación un resumen de la entrevista que el titular de la CNCS mantuvo con Búsqueda.

    —¿Cómo fue el 2015 para los sectores de comercio y servicios?

    —Hubo desaceleración. El comercio y los servicios hasta no hace mucho todavía generaban puestos de trabajo, ahora eso ya está en el debe. Tuvimos un cierre de año muy bueno por la temporada y la venta en supermercados; pero un mes no cubre las dificultades de todo un año. El comercio de frontera fue totalmente castigado, la temporada en el interior fue pésima porque pasamos inundados, y los restaurantes y la hotelería tuvieron una desaceleración importante, al igual que las importaciones.

    El consumo ha caído y eso llama la atención. También llaman la atención los pronósticos confirmados de lo que ha sido la desocupación: más de 60.000 personas que perdieron su trabajo, son muchos puestos.

    —¿Qué expectativas se tienen para este año?

    —Los pronósticos de nuestra cámara son que el ajuste va a seguir profundizándose, no vamos a tener un año fácil. Todavía no sabemos qué va a pasar con Brasil, que nos pega más que Argentina. Lo que cayeron las exportaciones, eso tiene que ver con la competitividad que se trata de arreglar por todos lados… Y desde el gobierno no se ven acciones de acompañamiento, cuando hubo un ajuste de tarifas como el que tuvimos. Ese ajuste va a precios e impactó en la inflación de enero. Lo que pasa en el sector lechero con los precios internacionales, la soja otro tanto, el trigo. La cotización del petróleo se ha venido abajo, y con el cambio en la matriz energética que Uruguay realizó es para que la tarifa de los combustibles bajara 20% o 30%, por lo menos.

    No vemos el hombro de todos acompañando esta situación, que no es alarmista pero sí compleja.

    —¿Cómo incide el aumento del precio del dólar en el nivel de actividad y rentabilidad?

    —Como corredor de bolsa siempre señalé que tenemos atraso cambiario, lo seguimos teniendo y tenemos que corregir más (el nivel del tipo de cambio). Como presidente de la CNCS debo decir que a algunos de nuestros socios les podrá venir bien y a otros no.

    En cualquier caso, la devaluación es inflación, es pérdida de poder adquisitivo. Hay veces que la necesitás; al país le viene bien porque mueve el aparato productivo y se generan negocios.

    Vuelvo a repetir: ajustamos el valor del dólar y por otro lado aumenta la inflación. ¿De qué sirvió el acuerdo de (congelamiento de) precios? Piden un esfuerzo y después lo borran mal. Nunca estuve de acuerdo, pero sectores de la Cámara sí lo apoyaron.

    Esto, en el comercio, está afectando, y el problema es que empezó a afectar también en algunos servicios. Algunos call centers se han ido a Colombia, a Perú, se están armando allá. Hay negocios en los que no teníamos competencia y hoy sí. Tenemos dificultades de competitividad.

    —¿Por qué está pasando eso?

    —Por temas políticos y costos. Por cómo se discuten los temas de zonas francas, el régimen de los trabajadores extranjeros allí. Hay cosas que a veces dificultan la instalación de negocios.

    Acá se instalaron industrias a las que les prometieron un marco regulatorio. Si te dan un panorama de costos está bien, pero si después te lo cambian, como ha sucedido, hay empresas que ni siquiera vienen acá. Algunas se han ido a Paraguay y otras se quieren ir a Brasil.

    —¿A qué tipo de cambios se refiere? ¿Al decreto que a fin de año modificó al cálculo del Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas? Semanas después el Poder Ejecutivo tuvo alguna contemplación frente al problema que generaba esa modificación.

    —Nosotros pronosticamos que este Presupuesto iba a implicar más carga impositiva porque si no, no se financiaba. Dijeron “no vamos a poner más impuestos”, pero subieron los que ya tenemos. Y para los ruralistas, con el Impuesto de Primaria, la contribución…

    —¿Se sienten engañados los empresarios?

    —Tengo buen diálogo con el gobierno, lo que no pasó con el anterior. Todavía tengo alguna expectativa de poder llegar a mejores entendimientos.

    —En una anterior entrevista con Búsqueda advirtió que el gobierno no hiciera enojar al empresariado porque se iba a movilizar. ¿Cómo seguirán los reclamos?

    —Ya se vio una reacción en el campo. El tema es a qué nivel hacés enojar a la gente.

    De la sequía no tiene culpa el gobierno, pero si a la sequía se le suma que no se están pagando los negocios (con Venezuela) y que sube todo lo que consumís, te van haciendo enojar.

    El sector empresarial es muy difícil de organizar porque todos tenemos distintos intereses. Pero pueden empezar a protestar por algunas cosas. Hay que bajar los costos de la energía y atacar el déficit fiscal. Cuando dicen: “no bajamos la nafta, le ponemos plata a Ancap, subimos las tarifas”, a mí se me entreveran los cables, porque por un lado sé que tienen que tapar agujeros, pero después digo: “¿y esto quién lo paga?” La crisis del 2002 fue un ejemplo: ¿dónde estuvo el 20% de desocupación?. En el sector privado.

    —Dijo que también hay temas políticos que están llevando a los empresarios a repensar sus decisiones de inversión en Uruguay. ¿Ve a la administración de Vázquez con un rumbo claro?

    —Lo veo con rumbo pero sin la aceptación general del partido.

    Uruguay es un país de servicios. El canciller está bien enfocado promoviendo acuerdos, pero por otro lado se los bochan. Tiene que haber algunas definiciones de parte del Poder Ejecutivo, de mayor firmeza.

    El TISA (sigla en inglés de tratado sobre comercio de servicios) era estar sentado en una mesa de negociación. O estás sentado comiendo o, si no estás, vos sos la comida. ¿Qué lo volteó a Tabaré Vázquez? En ese momento pensabas que no tenías gobierno.

    —¿Cómo ve las relaciones laborales? ¿Mejor o peor que en el anterior gobierno?

    —Con el Frente Amplio cambiaron los equilibrios en la balanza, eso es notorio y no hay vuelta de hoja. La prueba está en las leyes que se votaron, y sin duda los trabajadores tienen mucho más fuerza que los empresarios. Ellos van a defender lo que les dejaron obtener.

    Cuando hablamos de las ocupaciones de los puestos de trabajo, nunca vamos a estar de acuerdo. Tenemos dos países: el público lo ocupan y van para afuera al toque, el privado no. El caso del hotel Horacio Quiroga de Salto, que fue ocupado por dos empleados en un total de 148 trabajadores, mostró una situación absolutamente desmedida en una empresa que se comporta de manera ejemplar.

    —¿Hubo avances en el diálogo sobre la ley de negociación colectiva?

    —El ministro de Trabajo nos entregó tres o cuatro puntos muy técnicos el 29 de diciembre y la Cámara estuvo en receso y sin asesores, por lo que aún no hemos dado respuesta. Ahora se están evaluando, pero en las primeras reuniones informales se analizaba que quizás esos puntos sean un avance. La ocupación, la huelga, significan un 70% de los problemas, y capaz que estas cosas que se solucionan significan 5%, pero es un avance porque serían cuatro temas menos (de discrepancia). Hay un camino para que algo se pueda acordar, y seguiremos peleando sobre lo demás. La queja de la ocupación ante la OIT es innegociable para nosotros.

    —“Este Ministerio es también de los empresarios”, les dijo al asumir el titular de Trabajo. ¿Siente que es así?

    —Sí, absolutamente, más allá de las diferencias ideológicas que tenemos. Hablamos dos o tres veces por día con el ministro. Hemos logrado cosas que a veces no se ven: se firmó la ley de empleo juvenil, el acuerdo de empleo decente, hemos arreglado temas del Inefop. Antes ni siquiera nos recibían.

    —¿La última ronda de Consejos de Salarios fue mejor a las anteriores? ¿Qué dice ante la posibilidad de que se flexibilicen las pautas para este año como sugirió en Búsqueda la semana pasada el director de Trabajo, Juan Castillo?

    —El cierre de la ronda de 2015 fue acorde a las circunstancias, hubo prudencia. La Cámara tiene 72 mesas (de negociación) este año y la esperanza es que se comporte de la misma manera. Espero que el gobierno siga interviniendo de la misma forma, por lo menos con las pautas.

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