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Podría ser la letra de una canción, la génesis de una novela o el cuadro inicial de una película. Dos jovencitos bahianos nacidos en 1942 caminan por la calle Chile, en el centro de Salvador de Bahía, a mediados de los años 60. Un amigo en común los presenta y nace una amistad. El resto es historia conocida: la canción, la novela o la película contarían una de las historias más bellas de la cultura latinoamericana, una sociedad creativa que influenció a miles y miles de músicos, incluso más allá de este continente. Desde aquella tarde, Gilberto Gil y Caetano Veloso crearon cientos de bellas canciones, juntos y por separado, cautivaron a millones de personas en escenarios de todo el planeta. Juntos —y con otros artistas de su generación— protagonizaron un movimiento cultural que sintetizó la bossa nova, citadina, bohemia y cool, la de Joao Gilberto, Tom Jobim y Vinicius de Moraes, con los innumerables folclores que pueblan ese inmenso continente musical llamado Brasil, incluso aquellos más despreciados por las élites de Río y San Pablo. El Tropicalismo ayudó a la cultura brasileña a dejar atrás preconceptos clasistas y evolucionar a un concepto integrador, sobre la base teórica de la antropofagiacultural, idea desarrollada en la primera mitad del siglo XX por el poeta modernista de Minas Gerais Carlos Drummond de Andrade. El realizador brasileño Marcelo Machado cuenta esta historia fascinante en el notable documental Tropicalia, exhibido este año por Cinemateca y disponible en Internet. Un proceso intelectual vanguardista y revolucionario por donde se lo mire que, curiosamente, tuvo lugar durante una dictadura.
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Uno, desde el inicio revolucionó la forma de tocar la guitarra en la música brasileña, y deslumbró a puro ritmo y swing. La fuerza ancestral de la raza negra que se hizo carne y voz en África y de allí a las tres Américas. Ese es Gilberto, O Gil, para sus compatriotas. El otro, cautivó con un timbre de voz hipnótico, refinado, casi angelical, y plasmó en versos maravillosos un ideario signado por la libertad, la diversidad y la constante demolición de los viejos esquemas tradicionales. Cantó en portugués, en inglés, en francés y en español, e hizo resonar en su garganta los textos más inspirados de sus colegas favoritos. Ese es Caetano Veloso. Este año, los dos músicos brasileños más importantes de las últimas décadas volvieron a reunirse para celebrar medio siglo de carrera. Estos dos jóvenes de 73 años cantaron todo este año en las principales ciudades de Europa y su país, esta semana lo hacen en Argentina y el sábado 12 a las 21 h recibirán, solos con sus guitarras, a varios miles de uruguayos en el Velódromo, en Caetano & Gil - Dos Amigos - Un siglo de música (entradas en Red UTS, de $ 990 a $ 3.890).
Los puntos de contacto entre estos dos íconos de la MPB se han repetido cíclicamente durante sus vidas, producto de su amistad. El disco Tropicália ou Panis et Circensis, del que también participaron Gal Costa, Os Mutantes, Tom Zé, Nara Leão y varios poetas contemporáneos, es la piedra fundamental del concepto tropicalista que, paradójicamente no aportó grandes canciones a sus repertorios, sino demostró que se podía incorporar al Brasil profundo a la cultura de masas de las grandes urbes. Después vinieron los problemas con el régimen que los encerró en prisión y los forzó al exilio, su etapa londinense, donde Caetano escribe páginas memorables como Transa, mientras Gilberto entra en contacto con el reggae, y ambos sucumben ante el poder expresivo del rock.
Luego vino la celebración de los 25 años del Tropicalismo en el formidable Tropicalia 2 y la gira conjunta internacional de 1994, varios recitales especiales a dúo y un show televisivo junto a la cantante Ivete Sangalo en 2012 —el viejo y querido hábito tropicalista de integrar la supuesta cultura evolucionada con los referentes comerciales populares, sin pruritos ni prejuicios—, con una orquesta de 12 músicos, que sentó las bases de esta reunión.
En los últimos años, Caetano y Gilberto han visitado con frecuencia Montevideo. Gil presentó en 2008 Banda Larga Cordel en un show de antología que agotó el Teatro de Verano. Tres años después cantó ante más de 50 mil personas en el Centro de la ciudad, en los festejos del Bicentenario. Caetano regresó en 2010 luego de una larga ausencia y congregó a diez mil espectadores en el estadio Charrúa, en un show netamente rockero que marcó su trilogía con Banda Cê, que defraudó a buena parte de su público uruguayo, que esperaba el sonido melódico orquestal de Circuladô. La consecuencia fue un Teatro de Verano semi vacío en 2013 —no más de 1.500 personas— cuando Veloso vino a presentar Abraçaço, su último disco de estudio, que cerró esa etapa de sonido crudo y austero, que nunca dejó de ser auténticamente velosiana.
El del sábado tiene todo para ser un concierto que quedará en el mejor recuerdo. En la extensa gira europea que los llevó a Portugal, España, Francia, Holanda e Italia, y en el último tramo brasileño de la gira, a fines de agosto en San Pablo y Curitiba, Gil y Caetano cantaron unas 30 canciones. La primera —Back in Bahía— y la última —Three Little Birds, de Bob Marley— son del repertorio de Gil y se han mantenido invariablemente en los extremos de la lista. Entre los más de 40 temas que han tocado en la gira están casi todos los clásicos. El sitio colaborativo setlist.fm, en el que cualquiera puede registrar, como en Wikipedia, las listas de cualquier concierto celebrado en cualquier parte del planeta, dice que Drão, de Gil y Esotérico, de Caetano son las más interpretadas de la gira.
De Caetano están Coração vagabundo,Super homem, Sampa, Tropicália, Desde que o samba é o samba, Terra y su hermosa versión de Tonada de luna llena, del venezolano Simón Díaz. De Gilberto, además de su consagratorio Expresso 2222 no faltarán exitazos comoToda menina bahiana, Domingo no parque, Filhos de Gandhi, la más reciente Não tenho medo da morte y una de las mejores huellas de identidad de la trova tropicalista: Eu Vim da Bahia, de Joao Gilberto, de quien también versionan É luxo só.
La película sigue, y quedan varias escenas por escribir. Aquellos muchachitos que se cruzaron en la calle Chile se tiran flores en un texto promocional divulgado para esta gira: Gil es para Veloso “un gran inventor que no registra sus patentes. Su inmensa vanidad ejercida con demasiada modestia y su desprecio inocente por la propia grandeza son las dos caras de esta luna medio oscura, medio escondida que es la música de su persona. Ser músico para él siempre fue una banalidad, e inherente a él, no le da trabajo”. Dice Gilberto: “Con Caetano siempre ha sido la reiteración del acto ritual de la música. Siempre ha sido lo que la vida real nos ofrece: el vivir. Como en el viaje de avión o en la obligación de Candomblé. Por el gesto civilizado y por el pensamiento salvaje. Con Caetano ha sido siempre amor y amistad”.