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    Historia de amistad, amor y muerte

    Con Louis Désiré, director de escena de “La Bohème”

    La búsqueda de Louis Désiré para la entrevista previamente acordada comienza con un toque de humor absurdo. Varios funcionarios del Auditorio Adela Reta lo rastrean, los internos no paran de sonar. Louis no está en ninguna de las oficinas en que lo buscan; tampoco está en el hotel; en su celular salta el correo de voz. Hay nervios y disculpas pues han pasado casi 25 minutos de la hora acordada y el entrevistado no aparece. De pronto alguien avisa que lo vio hace poco rato por el teatro, de manera que debe estar en algún lugar dentro del edificio. Entonces el amable funcionario del Departamento de Comunicación que me ha acompañado durante la espera y la búsqueda me lleva hasta el interior de la sala Eduardo Fabini y allí, en la platea y en penumbras, está sentado Louis Désiré, supervisando los movimientos de la escenografía previos al ensayo que habrá de comenzar en breve. Cuando nos ve, nos dice sonriendo algo que parece de una lógica indiscutible: “Estuve siempre aquí esperándolos; nunca pensé que me buscarían en otro lado”. Y tiene razón; es el director de escena de “La Bohème”, que se estrena este viernes 16 de mayo a las 20 horas en el Auditorio del Sodre (y se repite el 17, 18, 21, 23 y 24 del mismo mes), y dónde va a estar si no es en la sala, haciendo su trabajo.

    Désiré nació en Marsella hace 58 años. Hizo sus estudios allí y luego en París, para después volver a su ciudad natal, donde a los 19 años cobró su primer sueldo como empleado de la ópera de Marsella. Habla un perfecto castellano además de otros cuatro idiomas y a la claridad del lenguaje agrega conceptos transparentes y sin vacilaciones sobre el trabajo que lo ha traído por primera vez al Uruguay. Este es un resumen de la entrevista que tuvo con Búsqueda.

    —Debutó muy joven trabajando en el ambiente de ópera. ¿Esa elección fue casual o vino determinada por algún antecedente?

    —Vengo de una familia vinculada a la lírica. Mis padres y mi abuela trabajaron en la Ópera de Marsella. Mi familia está muy unida a Georges Prêtre (famoso director de orquesta francés) que es como una especie de tío para mí. Mi casa era el primer lugar adonde llegaba cada grabación que hacía Prêtre, así que yo me crié en ese ambiente, integré el coro de niños de “Carmen” y de “Werther”, canté el niño del 2° acto de “La Bohème” y todo eso me gustaba mucho. Cantar hubiera sido mi sueño pero como no tenía las condiciones necesarias para ello y tenía que ganarme la vida en algo, mi padre dirigió mis pasos hacia el teatro.

    —¿Y cuál era su trabajo en la Opera de Marsella?

    —A los pocos meses de trabajar allí me designaron jefe de Vestuario. Estamos en la Francia fastuosa de fines de los 70, que fue una época en que no faltaba nada para el arte. Todos aquellos personajes que yo escuchaba en disco, como Carreras, Nucci, Pavarotti, Ricciarelli, Domingo y otros, de pronto se aparecían por allí y como yo tenía 21 o 22 años me abrazaban y me tuteaban y yo no lo podía creer. Fue una época inolvidable, pero al poco tiempo me fui a París.

    —¿Y qué lo llevó a abandonar ese mundo soñado en el que estaba?

    —Comenzó a darme miedo la rutina, pese a que todo el tiempo se hacían cosas nuevas. Pero la rutina estaba allí y con ello el terror a convertirme en un funcionario municipal. Entonces tomé la decisión que solo se puede tomar cuando uno es joven y me fui a París a buscar trabajo. A los tres días de estar en París me encontré con un escenógrafo que había estado en la Ópera de Marsella, me ofreció trabajar con él y allí empecé de manera independiente y nunca más paré. Empecé como asistente de gente famosa hasta que un día alguien me encargó un vestuario y por diez años hice vestuario en el mundo entero. Del vestuario solo pasé a encargarme de la escenografía y vestuario durante otros diez años. Y por último, a sugerencia y empuje de Marcelo Lombardero, ex director artístico del Teatro Colón de Buenos Aires, hace ocho años que me dedico a la puesta en escena. Si me piden vestuario y escenografía también lo hago, pero si me dan libertad de elegir, prefiero hacer solo la puesta.

    —¿De quién es el vestuario y la escenografía de la versión que se hará aquí?

    —El diseño de ambas cosas es de Diego Méndez Casariego, vestuarista y escenógrafo argentino, pero la realización de sus diseños es enteramente nacional, hecho todo aquí. Con Diego hemos hecho juntos “Francesca da Rimini” en el Teatro Argentino de La Plata, en coproducción con la Ópera de Montecarlo; “Rigoletto” en el festival de Orange, en el sur de Francia, y “Un ballo in maschera”  en la Ópera de Montecarlo.

    —¿Es su primera “Bohème” o ya hizo otras?

    —No solo es mi primera “Bohème” sino que también es mi primer Puccini. Yo hice puestas de Wagner, Verdi, Massenet, Rossini y Donizetti, pero como régisseur este es mi primer Puccini. Mi segundo Puccini será en mi regreso a Marsella en marzo del 2015, donde me encargaré del vestuario y escenografía de “Tosca”.

    —¿Y qué ideas maneja para la dirección de actores de esta primera puesta?

    —Es una obra que conozco mucho pues la he visto varias veces y tengo claro qué cosas me molestan de las versiones que conozco. Siempre me molestó la acumulación de detalles que muchas veces impiden al público concentrarse en lo que realmente es esta ópera: una historia de amistad, amor y muerte. Para lograr eso hay que despojar al máximo el exceso de utilería, el exceso de detalles de la casa de los protagonistas o de las calles de París. Lo que trato es de mostrar la amistad y el amor entre gente pobre. Tenemos cuatro amigos que simbolizan el arte: un filósofo, un pintor, un músico y un poeta. Y de pronto aparece una chica que no pertenece a ninguno de esos mundos pero que habla de poesía como ninguno de ellos lo había escuchado nunca. Quise entonces focalizarme en eso para dar lugar a que sugieran más limpiamente el amor, la muerte y la fatalidad. Pero además hay que mostrar de alguna manera que esto es un drama personal, y mientras ese drama ocurre, París sigue viviendo como si nada, con sus luces a pleno. Mi propósito es que la gente sienta esa amistad y esa camaradería entre esos cuatro amigos y cómo juntos comparten el amor y la tragedia que se abate sobre uno de ellos. Me sentiría satisfecho si con mi puesta todo el mundo sale llorando del teatro.

    —La música de Puccini es una buena ayuda para esa tarea...

    —La música es maravillosa, tanto que yo he visto muchas Bohèmes mal cantadas o mal dirigidas y la gente se emociona igual (risas). Y eso es porque Puccini con su música es el dueño de la situación y ayuda a crear impactos casi cinematográficos. Yo digo que Puccini hizo cine antes del cine, con un manejo del tiempo real de la acción de un modernismo absoluto.

    —¿Vamos a ver una escenografía y un vestuario tradicional o innovador?

    —No lo calificaría de tradicional ni de innovador sino como atemporal. La gente va vestida según lo que tiene que expresar. Hay una época y un estilo, pero no se puede referir a una época precisa. He visto alguna puesta donde se ubican deliberadamente en la actualidad y Mimí se muere de Sida, pero no me parece algo atinado. Si Mimí se está muriendo de Sida lo primero que tendría que aparecer es una ambulancia, entonces hay transposiciones de tiempo que creo que no funcionan. Aquí tendremos un gran telón con París visto desde el cielo, como elemento unificador de la acción y a veces de las transiciones entre actos. En nuestra versión solo hay intervalo entre el 2º y el 3er acto. Los dos primeros actos y los dos últimos se hacen sin interrupción.

    —¿Y qué puestas tiene entre este primer Puccini y el segundo, que hará con “Tosca” en Marsella en marzo de 2015?

    —Primero me voy al Teatro de Drottningholm en Suecia, una sala construida en 1740, donde voy a hacer “Mitridate”, de Mozart. Después a Bilbao a hacer “Werther”, de Massenet. Luego haré “Alcina”, de Häendel, en Copenhague, que en realidad es una reposición de la versión que ya hice en Oslo. Y finalmente vuelvo a mi pueblo Marsella para hacer “Tosca”.

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