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Cada Major contribuye con sus resultados, anécdotas y registros a forjar la mejor historia de los campeonatos más importantes del golf mundial. Estos certámenes van más allá del aspecto económico, con bolsas siderales, donde por ejemplo la última edición del Abierto de Estados Unidos que finalizó el domingo 14 repartió 9 millones de dólares en premios, con 1,6 para el ganador.
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Luego de cada edición de estos cuatro campeonatos que conforman el Grand Slam de Golf, se pueden perfilar o consolidar los antecedentes de quienes son las más destacadas figuras de este deporte. En la mayoría de los casos, los registros muestran que una victoria, una gran actuación o un sonado fracaso, marcan a sus protagonistas por el resto de sus carreras.
Detrás del brillante triunfo logrado por el alemán Martin Kaymer en el último Abierto de los Estados Unidos, en lo que significó el segundo Major de su carrera, quedaron también diferentes historias que merecen ser conocidas.
Erik Compton
El norteamericano Erik Compton cumplió una actuación consagratoria al finalizar en el segundo lugar compartido con su compatriota Rickie Fowler, en el US Open disputado en la espectacular cancha del Pinehurst Country Club. Los 279 golpes con los que finalizó Compton perfectamente le hubieran permitido lograr el título o por lo menos ir a un playoff con Fowler, pero tuvieron la mala fortuna de encontrarse con un Kaymer excepcional que jugó “a otra cosa” y les ganó por ocho golpes.
Hasta ahí lo ocurrido en el plano deportivo, pero el caso de Compton va más allá de una destacada actuación. A la edad de 12 años le hicieron el primer trasplante de corazón por una afección que fue descubierta cuando tenía 9 años. Como parte de su rehabilitación los médicos le recomendaron que comenzara a practicar golf. A los 12 años tuvo que recibir un segundo trasplante. Se hizo profesional en el año 2001 jugando en giras satélites, siendo su victoria más trascendente el Abierto de México, logrado en el 2011. Hasta el momento ha conquistado siete victorias en diferentes circuitos, pero ningún triunfo en el PGA Tour.
Durante la disputa del Masters de Augusta del 2009, Crompton recibió el Ben Hogan Award, trofeo que anualmente se entrega a todo golfista que sigue compitiendo a pesar de sufrir alguna discapacidad física o alguna seria enfermedad. Además en el 2012, el norteamericano recibió el Babe Zaharías Courage Award, entregado por la United States Sports Academy. Hoy Crompton, luego de su excepcional actuación en el US Open, ascendió al puesto 73º del ranking mundial.
Jason Millard
Su nombre no dice mucho en el mundo del golf. Por cierto no se trata de una gran figura, pero su historia es realmente increíble. A mediados de mayo pasado, Millard, de 25 años, jugó una de las tantas clasificaciones regionales para participar en el Abierto de los Estados Unidos. Vale destacar que estos clasificatorios reunieron en la oportunidad a más de siete mil golfistas a lo largo y ancho del país del norte. La cancha del Colonial Country Club de Memphis fue la sede que eligió el joven golfista. Con dos excelentes tarjetas de 68 golpes, finalmente Millard se ganó el derecho de jugar en el torneo más importante de su país, cumpliendo con una de las metas que tenía como golfista. Sin embargo, el aparente quebramiento de una regla lo llevó días después de su gran logro, a una autodescalificación que ha impactado en el mundo del golf.
Los hechos ocurrieron en el hoyo 18 del Colonial, cuando jugando en la segunda jornada, Millard fue con su segundo tiro a un bunker. “Todo pasó muy rápido, no lo puedo asegurar pero me dio la sensación que el palo podría haber tocado la arena en el backswing”, afirmó Millard. Inmediatamente llamó a su compañero de juego, quien aseguró no haber visto nada. Pidió entonces la asistencia de un árbitro y éste le hizo saber que el único que podía determinar si había tocado la arena o no, era él. Vale recordar que la penalidad en caso de que sí lo hubiera hecho es de dos golpes. Finalmente, Millard decidió continuar con el juego (aún le quedaban nueve hoyos por jugar porque había salido del hoyo 10), terminó haciendo 68 para clasificar y poder jugar el abierto estadounidense.
Fue así que el sábado 7, el jugador emprendió en auto junto a su caddie el viaje a Carolina del Norte para llegar al Pinehurst Country Club, sede del US Open. Sin embargo, en un momento del trayecto, Millard decidió llamar a la USGA (entidad organizadora del campeonato) y autodescalificarse. Más tarde, cuando el caso tomó trascendencia, el director del torneo, Daniel Burton, comentó: “no teníamos otra opción ya que él mismo se autoexcluyó”.
El propio Millard explicó: “literalmente he estado pensando en esta incidencia en cada minuto, en cada segundo desde que ocurrió”.
“Todo pasó muy rápido, por lo cual no estoy 100% que haya tocado la arena, pero no quiero vivir con esa duda. Siento que tomé la decisión correcta y estoy convencido de ello”, afirmó Millard.
La historia de Millard es aún más impactante si se conocen algunos detalles de su vida privada. Un año atrás falleció su padre de leucemia y su madre sufre de esclerosis múltiple, enfermedad que le impide movilizarse. Como profesional ha intentado ingresar al Web.Com Tour, la gira satélite de los Estados Unidos. Hasta el momento no lo ha logrado, dedicándose a jugar las clasificaciones de los lunes previas a los torneos, buscando de esa manera ingresar en el circuito.
Historias como la de Compton y Millard permiten afirmar una vez más: bendito sea el golf.