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Cada major contribuye con sus antecedentes, sus registros y sus anécdotas a forjar la mejor historia de los cuatro campeonatos más importantes del golf mundial. En los últimos tiempos es tal la trascendencia que han logrado los torneos que conforman el Grand Slam que permiten perfilar o consolidar el potencial de quienes forman parte de la élite golfística mundial. Incluso, observando los últimos antecedentes se puede llegar a la conclusión de que una victoria, una gran actuación o un rotundo fracaso pueden marcar a sus protagonistas por el resto de sus carreras.
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El triunfo en el PGA Championship de Kiawah Island de Phil Mickelson se suma a esa historia con mayúsculas del golf, ya que a sus 50 años se convirtió en el golfista de mayor edad en ganar un major. Las repercusiones de su triunfo incluso han superado las fronteras del golf, motivando a deportistas de diversas disciplinas que encuentran en Mickelson un ejemplo a seguir.
La génesis de este triunfo se remonta tres años atrás cuando Mickelson, junto con su equipo de trabajo, decidió darle un vuelco a su carrera teniendo en cuenta los años que le quedaban para competir en el primer nivel. Así fue que el zurdo golfista comenzó con una estricta dieta, rutinas en gimnasios, ejercicios de meditación, además de algunos cambios específicos en el swing. De acuerdo a relatos del propio golfista, fue luego de jugar algunas rondas de práctica con Rory McIlroy, Rickie Fowler y Xander Schauffele que notó la imperiosa necesidad de llevar a cabo esas transformaciones con el objetivo de continuar siendo competitivo. “Un día, luego de una de esas vueltas de práctica, llegué a mi casa y le dije a mi esposa Amy: ‘Sinceramente no sé cómo podré ganarles algún día a estos chicos, pero voy a intentarlo’”. Tres años después, con el trofeo Wanamaker en sus manos, símbolo de victoria en el PGA Championship, Mickelson vivió ese momento sublime de su carrera de una manera especial.
Una mente privilegiada
“La temporada no venía siendo para nada buena, había jugado 14 torneos y no había conseguido ningún top 10”, afirmó Mickelson. “Sin embargo, en Charlotte abrí el torneo con un 64 y, aunque luego vinieron tres vueltas desastrosas, le dije a mi hermano Tim que sentía que estaba pronto para volver a ganar”.
“Dentro de los cambios puedo asegurar que la dieta fue de lo más complicado, pero hoy lo siento como una bendición, a partir de comer menos sentí una gran transformación en mi cuerpo. Trabajé muy duro también en lo físico con el fin de poder practicar más horas, además de buscar mejorar la concentración, el punto más complicado cuando uno llega a cierta edad”, añadió. “Confieso que amo el golf, además tengo un afán competitivo muy grande, lo cual creo que también ayudó en todo esto. El hecho de creer que todavía podía alcanzar cierto nivel sirvió de inspiración para trabajar con mayor intensidad”.
“Hoy después de haber ganado el PGA Championship digo que no hay razón alguna para que un deportista, sin importar la edad, no pueda rendir a su máximo. Es cierto, lleva más tiempo. En mi caso no estaba consiguiendo resultados, pero a pesar de la frustración seguía creyendo en mi preparación, además de tener un grupo de personas fabulosas que siempre creyeron en mí”.
Mickelson destacó también el nerviosismo que sintió en la definición del major, sobre todo después de hacer tres putts en el hoyo 1. “En el tee del hoyo 7 mi hermano me dijo: ‘Hasta ahora has hecho una serie de swings sin convicción, si quieres ganar este campeonato vas a tener que cambiar tu actitud y jugar con mayor determinación’. Eso fue una verdadera cachetada, solamente un hermano puede decir algo así”, relató.
“Las causas externas, para bien o para mal, nunca me afectaron a lo largo de mi carrera. Tengo una gran motivación porque amo competir, me fascina jugar al golf y me encanta darme oportunidades de jugar contra los mejores golfistas del mundo a un cierto nivel”, contó el golfista. “El próximo US Open en Pebble Beach es una gran motivación, esta victoria me demostró que todavía puedo jugar a un cierto nivel, algo que no había pasado hasta el momento”.
Para los registros quedaban sus seis majors (12º en el historial de los “grandes”), sus 45 victorias en el PGA Tour con una diferencia de 30 años entre la primera lograda en octubre de 1991 y la del domingo 23 de mayo pasado. Se trata de una figura preponderante en el mundo del golf con una vigencia en el primer nivel por más de tres décadas.
Con su victoria a los 50 años, Mickelson quebró además un récord que llevaba más de cinco décadas cuando Julius Boros a los 48 años ganó en 1968 el PGA Championship.
Una cancha espectacular
Una mención aparte merece el Ocean Course de Kiawah Island en Carolina del Sur, uno de los mejores campos para recibir a un major, el cual puso de rodillas a los mejores golfistas del mundo, donde solo 16 jugadores bajaron el par tras los 72 hoyos.
En la ronda final, de los últimos cuatro grupos que estaban en la definición, ningún golfista pudo bajar el par de la cancha. El greenkeeper del campo, Jeff Stone, declaró que “la cancha estuvo presentada en los más altos niveles que se podía alcanzar”. “Finalizado el certamen, sentimos que el Ocean Course fue un verdadero test para los participantes”, afirmó.
En cuanto a la invasión del público en la ronda final, la PGA of America, organizadora del PGA Championship, a través de su director ejecutivo, Seth Waugh, pidió disculpas a los jugadores Mickelson y Brooks Koepka por lo ocurrido. “Celebramos la vuelta del público a los campeonatos de golf, pero la situación vivida en el hoyo 18 de Kiawah Island sobrepasó la seguridad prevista, haciendo que los dos jugadores y sus caddies aparecieran totalmente vulnerables ante los desmanes”, dijo Waugh. Por su parte, ante la situación vivida en el último PGA Championship, el Royal & Ancient aseguró que volverá a estudiar el ingreso previsto de 30.000 personas diarias al próximo British Open a disputarse en el Royal St. George’s de Inglaterra a mediados de julio.