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Esta nueva ficción de Netflix es una creación de Alan Yang y Aziz Ansari, quien además es el protagonista absoluto. Estadounidense de origen indio, Ansari es actor, productor, guionista con aplaudida experiencia en el stand up, un estrellato relativamente moderado a raíz de la comedia televisiva Parks and Recreations y con papeles secundarios en filmes como 30 minutos o menos, con Jesse Einsenberg. Este año publicó el libro Modern romance, que trata sobre el amor verdadero en épocas de redes sociales y smartphones.
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Algo de eso hay en Master of none. Sus 1,68 metros de estatura, su voz de dibujo animado, su obsesión con la comida, su forma de hablar apresurada, y parte de su experiencia vital se condensan en Dev, su personaje. Dev es un sonriente actor de treinta y pico que se gana la vida haciendo comerciales mientras va de casting en casting buscando un lugar en alguna película más o menos decente —en lo posible, por fuera del estereotipado papel de indio— y que vive sin saber muy bien qué hacer con su vida, aunque hay algo que tiene muy claro: quiere pasarlo bien. Y comer pasta.
La primera temporada de Master of none se compone de 10 capítulos. Cada uno es en cierta forma independiente y autoconclusivo, aunque quedan rendijas por las que se cuelan luego personajes que estuvieron en episodios anteriores o situaciones no resueltas del todo —o, en caso de haberse resuelto, Dev se tomará el trabajo de retomarlas para darles una continuidad. Por ahí entran y salen figuras rotativas que complementan a Dev.
Como Rachel, interpretada por una notable actriz y encantadora belleza llamada Noël Wells, con la que comparte grandes escenas, entre ellas, la que abre la historia, una secuencia breve, que incluye la participación, fuera de cuadro, de un condón roto, un rápido googleo postcoital, un embarazoso viaje en Uber y un jugo de manzana que se ve que es muy sano pero que viene en una botellita incomodísima.
Otra figura que anda en la vuelta es Arnold, un gigantón todavía más inmaduro que Dev —emocionalmente hablando. Un verdadero maestro en proporcionar consejos de una lógica ridícula y estrafalaria, el personaje es interpretado por la bestia cómica Eric Wareheim, actor, músico, guionista y director, que además se encargó de dirigir los últimos tres episodios.
Arnold, junto con Brian (Kelvin Yu) y Denise (Lena Waithe) son los amigos con los que Dev se reúne para comer y beber en algún lugar elegante de Nueva York. Y charlan mucho. Los temas de las charlas, como los de la serie, son varios. La paternidad, el compromiso, la infidelidad, los hombres, las mujeres, la vocación, el trabajo, el amor, las relaciones entre padres e hijos y la vida adulta del hombre posmoderno; el lugar de las minorías étnicas, el sitio que ocupan las nuevas generaciones y lo que realmente desean para sí, porque mucho de lo que desean en realidad está digitado por otros y cambia constantemente.
Un episodio: Dev se queda al cuidando de los hijos de una amiga. “Tío Dev” es canchero, juguetón, le cae bien a los niños. De todos modos, desde el momento que salen a pasear, se puede intuir que la situación va a empeorar, que los niños van a agotarlo. Lo interesante es que, aunque sucede, también ocurre con algo más. En el episodio Parents, Dev y Brian intentan acercarse a sus padres, inmigrantes de India y Japón respectivamente (Ansani logró que sus propios padres actúen en la ficción), y ese encuentro será una lección de lo que es la vida adulta sin que lo parezca, aunque ni Dev ni Brian lo noten —para empezar, porque a sus treinta y pico todavía viven como adolescentes que solo quieren pasarlo bien. Otro capítulo, Hot Ticket, además de ser deliciosamente cómico, de giros sorpresivos, contiene toques infernalmente amargos, y muestra la zona más egoísta y miserable de Dev. Y también algo de luz. Cada entrega es así. Aunque puedan ser desparejas, unas mejores que otras, todas se balancean entre lo dulce y lo amargo. Pequeños dramas de la vida ordinaria que se vieron un millón y medio de veces, en un arco que va de Friends hasta Louie, se presentan de nuevo en esta serie. Se despliegan otra vez cuando ya se ha conocido lo suficiente a los personajes como para querer verlos así.
Master of nonemuestra la dependencia de Dev a los rankings y las apps para decidir cada paso en su rutina. El hombre condiciona a veces demasiado su existencia a la búsqueda de la originalidad, las experiencias más estimulantes y más agradables en cada actividad que lleva a cabo. En su tiempo libre está detrás del café más copado, del taco mejor rankeado (hay un capítulo muy ilustrativo sobre eso), del restaurante que sirve la mejor pasta según tal o cual guía, según tal o cual aplicación o página web. Lo que le interesa es tener una vivencia re top, re cool, ser original, ocurrente, dispensar el comentario gracioso, todo el tiempo. Y entonces habla y habla y habla. Habla demasiado, siente un impulso irrefrenable por hacer comentarios supuestamente chispeantes sobre casi todo lo que ve, escucha o piensa. Tan posmo. Puede volverse insoportable.
Sin embargo, Ansani lo corta en el punto justo, no se queda en la exhibición de chistes ingeniosos. Como lo hace en The Other Man, el episodio cinco, que cuenta con la actuación de Claire Danes, que va sobre la infidelidad y que muestra que entre la superficialidad y el terror a la vida adulta en el fondo, Dev busca vivir una vida auténtica. Y por eso lo seguimos hasta el último capítulo.