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En Derry, un pequeño (y ficticio) pueblo del estado de Maine, una entidad maligna asume la forma de Pennywise, un payaso de ojos biliosos y sonrisa grotesca, que cada cierto tiempo emerge de las alcantarillas para mutilar y matar niños. Esta misteriosa y prácticamente lovecraftiana entidad proviene de tiempos y lugares más antiguos que la civilización. Se alimenta del miedo que produce en sus víctimas. Y prefiere a los niños porque son las criaturas más sencillas de atemorizar.
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Publicada originalmente en 1986, It suele ser considerada una de las mejores novelas de Stephen King. También es una de las más ambiciosas. La adaptación que en 2017 realizó el cineasta argentino afincado en Hollywood Andy Muschetti, 27 años después de la miniserie de dos episodios dirigida por Tommy Lee Wallace (con Tim Curry como el bufón asesino), está entre las mejores y más fieles adaptaciones que se hayan hecho de la obra de King (con ligeras modificaciones, en especial en cuanto a las fechas en las que se despliega la acción, dividida en dos partes). Y sí: también está entre las más ambiciosas.
It, la película, fue un éxito económico (recaudó 700 millones de dólares, lo que, para un filme de terror, es algo excepcional) y no le fue nada mal en cuanto a la recepción crítica. Ahora tenemos It: Capítulo 2, que adapta precisamente el segundo tramo del libro, que desarrolla la historia de los protagonistas casi 30 años después de lo acontecido en la primera mitad.
Los niños que lograron derrotar a Pennywise (Bill Skarsgård) ahora son adultos. Cada uno ha seguido con su vida como ha podido. Solo uno de ellos, Mike, permaneció en Derry. Y es el encargado de volver a juntar a la banda. Es que un nuevo ciclo de asesinatos está iniciándose, y los integrantes del Club de los Perdedores, como se hacen llamar, deben cumplir con la promesa que hicieron años atrás: si Pennywise vuelve, entonces ellos le van a dar pelea.
La producción incluye nombres como Bill Hader (Barry), Jessica Chastain (Interstellar) y James McAvoy (Glass) y algunos cameos de lujo, como los de Peter Bogdanovich, Xavier Dolan (a quien le encantó la primera y le pidió a Muschetti, el director para actuar en la segunda entrega) y el mismísimo King, que aparece con un mate decorado con el escudo del Club Atlético Independiente.
La película se prolonga a lo largo de dos horas y 49 minutos, media hora más que la primera entrega, lo que suma un total de cinco horas y cuatro minutos. Una buena parte de este excesivamente extenso metraje está dedicada a las llamadas telefónicas que hace uno de ellos, Mike, para reunir al grupo. Otra buena parte se construye a partir de un torpe ensamblado de efectistas secuencias “de miedo”, con giros y gritos mil veces vistos y oídos. Hay una sobreabundancia de flashbacks y momentos supuestamente chistosos. Y varias escenas en las que los protagonistas dicen que se marchan de Derry y después se arrepienten. La música es un subrayado prácticamente omnipresente. La anterior, una ambiciosa historia de iniciación con atendibles observaciones sobre el miedo, no estaba exenta de recursos un poco berretas y trucos conocidos, aunque aparecían bien dosificados e integrados. Acá la acumulación de efectismos, los desvíos de la trama y los monstruos “retro” (por decirlo de algún modo), más que impactar, aburren, liquidan la paciencia. Si no es lo peor del año, anda cerca.