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    Hubo “resiliencia” en la cadena forestal-celulosa y de los servicios globales ante la pandemia; mantuvieron mejora económica y social

    A escala global, la disrupción causada por la pandemia en el funcionamiento de las cadenas de suministro afectó la oferta, debido al cierre parcial de las unidades productivas, y por el lado de la demanda, a causa de la contracción económica y la caída del consumo. En Uruguay, algunos sectores sintieron esos impactos, pero lograron adaptarse e incluso, ciertos eslabones, salieron mejor integrados.

    Eso plantea una reciente investigación de dos especialistas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que, para el caso uruguayo, analiza los sectores de forestal-celulosa y de servicios globales.

    Como descripción general, la consultora María Elena Valenzuela y Gerhard Reinecke, especialista en políticas de empleo de la OIT en Santiago de Chile, señalan que las medidas de distanciamiento físico provocaron la interrupción temporal o el funcionamiento parcial de gran parte de las actividades productivas y se restringió el movimiento entre países de personas y mercancías, a lo que se sumó la caída de los precios de los principales productos exportados. En América Latina el valor de las exportaciones totales en 2020 cayó 13% en comparación con el año anterior. “Los efectos de la pandemia han sido desestabilizantes a lo largo de todos los encadenamientos productivos, pero en particular para las pequeñas y medianas empresas, que se ubican en los eslabones más precarios y han enfrentado pérdidas de ingresos sin que dispongan de reservas ni un acceso expedito al sistema financiero”, contextualizan.

    Para analizar el impacto en los dos sectores elegidos en Uruguay, se apoyaron en estudios previos de la OIT referidos a nueve cadenas mundiales de suministro y en entrevistas a jerarcas, dirigentes empresariales y sindicales.

    Forestal-celulosa

    Este sector se instaló en el país en el marco de una política de promoción de atracción de capitales extranjeros “que lleva a cabo Uruguay a partir de la década del 2000 para compensar los bajos niveles de inversión e insuficiente ahorro interno”, aseguran. Y agregan que el territorio forestado y las inversiones “permiten proyectar un aumento importante en la producción de madera y su transformación en celulosa en el mediano plazo, lo cual debería llevar a un aumento del empleo” en la cadena, que actualmente ronda los 25.000 puestos.

    Pero la pandemia de Covid-19 impactó en el sector. El 2020 “empezó de manera promisoria y, a pesar de la pandemia, se mantuvieron los planes de inversión y se inició la construcción de la segunda planta de UPM, que estaría operativa a fines de 2022, lo que aumentaría el volumen las exportaciones del sector a partir de 2023 y consolidaría a la celulosa como el principal producto de exportación. Montes del Plata, por su parte, había anunciado en octubre de 2019 su meta de elevar en un 10% la producción de celulosa”. Sin embargo —agrega el estudio—, las exportaciones de celulosa, cuyo destino se concentra en la Unión Europea (44%) y China (41%) tuvieron una “importante caída” de 28% en valor debido a una menor demanda a causa de la pandemia y a un menor precio del producto (del orden de 30% frente a 2019) ante los elevados niveles de stocks mundiales.

    El primer eslabón de la cadena, constituido por los viveros y bosques de eucaliptus (y pino para otros tipos de procesamiento), fue el “menos afectado” por la pandemia, según el análisis. Las tareas no se suspendieron y se aplicaron protocolos sanitarios, al tiempo que se adoptó el teletrabajo para las labores administrativas. Tampoco hubo problemas para el traslado de madera a las plantas de celulosa. Los niveles de ocupación no se vieron impactados, asegura, y agrega que la “creciente mecanización del proceso forestal en los últimos años ha producido una caída del empleo, pero también mayor formalidad. La construcción y puesta en marcha de la segunda planta UPM generará empleo directo e indirecto que compensará con creces la pérdida del sector forestal”.

    Los eslabones de producción de madera y aserraderos tienen menor importancia dentro de la cadena, que está orientada una parte para la industria nacional y otra para la exportación. “A pesar de la crisis del sector de la construcción a escala mundial, las exportaciones de madera se mantuvieron prácticamente estables, con una disminución de 3% en comparación a 2019”, pondera el análisis. Y amplía señalando que “aun cuando algunos mercados como la Unión Europea tuvieron un comportamiento muy negativo (las exportaciones de madera y productos de la madera disminuyeron 67%)”, los envíos de madera a Estados Unidos —principal destino de este rubro— se incrementaron 31%, y surgieron además oportunidades de negocio en China, aprovechando que se cerró temporalmente el mercado de Nueva Zelandia.

    La actividad en las plantas de celulosa “no sufrió mayores cambios a causa de la pandemia” al establecerse protocolos sanitarios “tempranamente y un sistema de testeos masivos al detectar un bajo número de casos positivos, que no llegaron a producir una paralización”.

    Varias de las máximas autoridades de la finlandesa UPM visitaron el país el mes pasado y elogiaron la gestión de la epidemia de coronavirus, en una reunión con el presidente Luis Lacalle Pou en la que conversaron sobre la marcha del proyecto de la segunda planta de la compañía. “Las obras vienen avanzando de acuerdo con el plan y estamos orgullosos de ser parte de la reactivación económica del Uruguay, generando empleo y oportunidades para las empresas en esta etapa de construcción, así como en el futuro, una vez que la fábrica esté operativa. Aún quedan muchas tareas por hacer y nuestro equipo está trabajando intensamente para iniciar las operaciones durante el segundo semestre de 2022”, dijo Jussi Pesonen, presidente y CEO de UPM, en una declaración posterior al encuentro con el mandatario difundida el 20 de agosto.

    El saldo general, según el informe de la OIT, es positivo. “La cadena de suministros de la industria forestal de Uruguay muestra indicadores de mejoramiento económico y social que no se han visto mayormente afectados durante la pandemia, a pesar de la caída en el precio de la celulosa y el acuerdo tripartito nacional de congelación de salarios. Este se caracteriza como un caso de mejora integrada, en el cual se ha producido un círculo virtuoso entre mecanización, aumento de productividad y mejoras salariales”.

    Servicios globales

    Si bien Uruguay inició su inserción en las cadenas mundiales de servicios globales a partir de la década de 1980, el impulso al sector se desarrolló desde los años 2000. Las exportaciones del sector tuvieron un “fuerte” crecimiento en los últimos años, por un valor de US$ 1.870 millones en 2019. El crecimiento del rubro en términos cuantitativos se produjo al mismo tiempo que se incorporaban tareas de mayor valor agregado y se complejizaban los servicios exportados, describen los autores.

    En el contexto del Covid-19, los servicios globales fueron de los sectores “con mayor resiliencia”. Las empresas mostraron “gran capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias y mantener la continuidad de las operaciones de forma remota”, en el caso de las que operan en zonas francas, gracias a que, “muy tempranamente”, el 16 de marzo del 2020, el gobierno resolvió permitir el teletrabajo en forma transitoria. “La inversión que había hecho Uruguay en infraestructura tecnológica fue un factor determinante para la adecuada prestación de este tipo de servicios y facilitó la labor de las empresas para trasladar sus operaciones a los domicilios de los trabajadores”, resaltan los especialistas de la OIT. En términos de logística, describen, algunas compañías permitieron el retiro de mesas de trabajo y sillas, y en ciertos casos subsidiaron la compra de mobiliario a sus empleados que pasaron al régimen de homeoffice. También se establecieron mecanismos de supervisión y coordinación de tareas, y se diseñaron protocolos para mantener la seguridad de la información en el trabajo remoto.

    Según el informe, la llegada del Covid no alteró el volumen de trabajo de las empresas, excepto aquellas ligadas al turismo y transporte, cuya demanda de operaciones disminuyó. En casos aislados se produjo una suspensión temporal de trabajadores, que fueron cubiertos por el seguro de desempleo. La mayor parte del personal calificado fue reincorporado al poco tiempo y algunas firmas reubicaron a los empleados más especializados para asignarles tareas de mayor complejidad en áreas de big data y analítica, a fin de desarrollar productos para ampliar su oferta en el futuro. Así, señala, “la pandemia entregó la oportunidad de introducir un cambio tecnológico al interior de la cadena y un proceso de mejoramiento funcional. Las empresas y proveedores internacionales que se habían instalado en Uruguay con el objetivo de desarrollar tareas del segmento low-end BPS (por ejemplo, call-center o back-office) habían empezado a automatizar las tareas de menor complejidad y a ampliar y sofisticar sus tareas incorporando nuevas áreas. Con la llegada de la pandemia este proceso se aceleró, eliminando personal en tareas automatizables, de menor complejidad y mayor interactividad con clientes, reemplazándolo por sistemas inteligentes a través del uso de algoritmos y sistemas de respuesta automatizada”. A futuro, se podría esperar que el peso de los servicios low-end BPS, que requieren trabajadores con menor calificación (educación secundaria y conocimiento de idiomas) y alcanzaron el 46% de las exportaciones del sector en 2017, disminuya de manera “importante” en favor del segmento de mayor complejidad, en referencia al llamado high-end Business Process Service, que demanda personal con formación terciaria para tareas más sofisticadas, principalmente de apoyo al comercio exterior, finanzas, contabilidad y gestión de recursos humanos.

    Por otro lado, la “explosión” del comercio electrónico durante la pandemia generó aún más demanda por personal especializado en tecnologías digitales y puso en el debate la capacidad para enfrentar el crecimiento del sector de servicios globales con la oferta de mano de obra especializada que existe en el país. La Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información “está consciente de este problema” y lleva adelante un plan de formación como parte de su estrategia empresarial, acotan los especialistas de la OIT.

    Como síntesis, plantean que la cadena de servicios globales de Uruguay no solo mostró “gran resiliencia” para enfrentar los efectos de la pandemia, sino que experimentó “cambios de carácter estructural en el componente tecnológico y de organización del trabajo”. En materia de teletrabajo, por ejemplo, “es probable que con el fin de las restricciones para evitar los contagios no haya una vuelta atrás y se establezca un sistema híbrido que reemplace la rígida separación del espacio laboral y el hogar. Esta cadena, que ha sido caracterizada como un caso de mejora integrada, ha logrado generar durante la pandemia un proceso de mejora económica y social, aun cuando al mismo tiempo se han cerrado fuentes laborales para mujeres en tareas menos especializadas”.

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