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Hace apenas un minuto que comenzó el recital con Back in Bahía, un blusecito simpático escrito por Gilberto Gil apenas regresó del exilio en Londres. Mientras la gente termina de acomodarse, una gaviota cruza la cancha del Velódromo y, en un preciso contrapunto, lanza un graznido que se cuela perfecto en el tema. Un arreglo impecable entre el punteo de guitarras y el canto los dos íconos de la MPB. Un solo vocal bien definido, obra de la naturaleza, augurio de una noche feliz.
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Durante dos horas, Gil y Caetano Veloso ofrecieron un concierto íntimo para 8.000 personas. Fue un muy agradable paseo por 30 de sus mejores canciones, casi todas compuestas en el siglo XX, vestidas como vinieron al mundo: a guitarra y voz.
La noche gélida y el contraste entre formato y escenario hacían desconfiar. Pero a estos genios bahianos les bastaron las añejas Coração vagabundo,Tropocália y Marginália II para instalar un clima de placentera complicidad. Por la platea circulaban abundantes petacas con grappamiel y otros beberajes; entre selfies por whatsapp y abundante humo de tabaco y cannabis, iban y venían chocolates, almendras, castañas y pasas de uva. Ya cuando los viejitos divinos cantaban É luxo so (de Joao Gilberto), aquello parecía un fogón nocturno en el Polonio, con ocho mil montevideanos disfrutando en atento silencio.
Caetano presentó É de manha como “la canción más vieja que creamos juntos, allá por el 63”, e introdujo la más nueva, “de hace dos semanas”: As camelias do quilombo do Leblon, sobre la lucha por la abolición de la esclavitud en Brasil, e inspirada en la polémica visita de la dupla a Israel, donde criticaron la ocupación de territorios palestinos.
“No tengo miedo a la muerte, pero sí miedo de morir”, cantó Gil a capela, con voz grave y oscura, y manos percutiendo la guitarra, antes de Drão. Después sonaron Sampa, Terra y Nine Out Of Ten, tripleta magistral de Caetano, que alcanzó el cenit en Tonada de Luna llena, su hermoso tributo a Simón Díaz.
Con Expresso 2222 comenzó la fiesta de Gil, y siguió a todo ritmo (y palmas del público) con Toda menina bahiana, Nossa gente (Avisa lá), Andar con fé y Filhos de Gandhi.
La platea agradecida acompañó coreando los bises, Desde que o samba é o samba, Domingo no parque y A luz de Tieta, y los hizo volver dos veces, hasta la despedida con Leaozinho yThree Little Birds, el clásico de Marley en versión de Gil que anuncia “todo va a estar bien”. El cierre ideal para una velada en la que todo estuvo bien.